Rabat, 23 sep (EFE).- Marruecos vive este miércoles una jornada electoral que transcurre con plena normalidad y con la atención puesta en la frontera con Ceuta, vigilada por un fuerte dispositivo de seguridad para evitar nuevos intentos de cruces masivos irregulares a la ciudad española como el ocurrido a finales de julio.
Pese a ser jornada electoral, es día laborable y el país mantiene su rutina habitual, con comercios, bancos y escuelas abiertas.
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Un gran despliegue de seguridad que comienza en las carreteras que conducen a Fnideq (Castillejos) desde Tánger y Tetuán (norte) vela por la normalidad en la frontera con Ceuta, en alerta tras los llamamientos a nuevos cruces irregulares, como el ocurrido el pasado 30 de julio, cuando unas 70.000 personas entraron en la ciudad española provocando la mayor crisis migratoria entre Marruecos y España.
Cuatro horas después de la apertura de los colegios electorales, el nivel de participación alcanzaba el 11,34 %, según el ministerio del Interior, una cifra similar a la registrada en los últimos comicios, que concluyeron con una abstención del 50 % sobre el censo.
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Para votar es necesario inscribirse en el censo electoral, que este año cuenta con 15,8 millones de personas sobre una población de unos 38 millones. Los jóvenes de entre 18 y 24 años representan apenas el 4 % del registro. Las estimaciones sitúan, sin embargo, en cerca de 28 millones el número de marroquíes con derecho a voto. Para los expertos, esta diferencia prueba el desinterés electoral.
Tras una campaña de perfil bajo, los marroquíes votan para elegir a los 395 miembros del Parlamento. Además, tras las elecciones se renovará el Gobierno y el rey nombrará al nuevo jefe de Ejecutivo entre los miembros del partido más votado.
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En un colegio del céntrico barrio de Hassan, en Rabat, vota Fatima Mubariki, confiada en un cambio.
"Necesitamos representantes que defiendan nuestros derechos. Esperemos que quienes hemos elegido estén a la altura de la responsabilidad que han asumido. Lo primero que queremos es un cambio que permita mejorar, especialmente, la educación y la sanidad", explica a EFE.
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"Muchos jóvenes no quieren votar porque sienten que no hay quienes defiendan sus derechos y sus intereses. Los jóvenes deben tener presencia en los consejos y en los espacios donde se toman las decisiones", opina Fátima.
También Adam, nombre supuesto de un joven de 18 años, considera que los jóvenes deben animarse a votar "porque ellos saben lo que necesita su generación".
¿Qué necesita esta joven generación? "Trabajo y libertad", responde Adam, un estudiante universitario que no se ha planteado emigrar y cree que, como él, los jóvenes marroquíes no emigrarían si pudieran conseguir empleo.
A sus 52 años Amina tiene claro que no va a votar porque "nada va a cambiar". Para esta vecina de Rabat, madre de familia, "todos son lo mismo, no hay diferencias" entre los partidos.
"Nadie mira por la gente", lamenta. "Nadie me va a asegurar que llegue a final de mes".
Zaida sí votará, pero será un voto nulo. "Iré a votar para que nadie pueda votar en mi lugar, pero marco con cruces a todos para hacer un voto nulo", dice desconfiada.
En Marruecos, los votos en blanco o nulos se consideran inválidos, es decir no se contabilizan como votos emitidos.
Tampoco Najwa, una vecina de Casablanca citada por el portal Telquel, votará hoy. "Dado el panorama político actual, me digo a mi misma que mi voto no cambiará nada", dice esta mujer, que califica como "ladrones" a la clase política.
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No obstante, no descarta ejercer su derecho algún día "no es una decisión definitiva. Me gustaría votar, pero no he encontrado a la persona adecuada". EFE
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