
El actor Jaime Lorente debuta como director en la 74 edición del Festival de San Sebastián con 'El mal hijo', película que inaugura la sección New Directors y que aborda, entre otros temas, las consecuencias de la adicción dentro de una familia y la ausencia paterna, un asunto que le ha permitido comprender de otra manera las dificultades de ejercer como padre.
"Cuando uno tiene un hijo, entiende todo lo que han hecho sus padres. Hay algo natural de decir 'guau, qué difícil es'. Es súper complicado. Yo he aprendido que un hijo necesita un límite para definirse y un lugar y espacio donde poder ser", ha explicado el ahora cineasta en una entrevista con Europa Press.
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Lorente llega a San Sebastián "muy nervioso", pero también con muchas ganas de mostrar su ópera prima al público. "Soy cero pretencioso. No quiero que pase algo específico en la película. Quiero que la gente la disfrute, quiero que la gente conecte, quiero que la vea el público", ha señalado el cineasta, que asegura que ha visto la película "cientos de veces", aunque llevaba tres meses sin verla antes de su estreno en el certamen.
"Es la película que más he visto en mi vida", bromea Jaime Lorente. 'El mal hijo' nace de su interés por contar una historia en la que la adicción fuera uno de los motores del relato, aunque no tanto para mostrar el recorrido de quien sufre esta enfermedad como para explorar "las diferentes y miles de erosiones" que provoca en el entorno familiar.
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'El mal hijo' adapta la primera parte de una novela de Salvador Molina, mientras que la segunda mitad de la película es totalmente ficción. "Yo necesitaba ver qué consecuencias tiene en una persona adultas las heridas de un niño", apunta. La película narra la historia de Rubén, interpretado por Hugo Arbués, un niño de once años que ve como su padre desaparece misteriosamente, lo que le obliga a irse a vivir con su abuela, a la que apenas conoce.
Durante su estancia con su abuela, el niño aprenderá cómo las heridas familiares se transmiten de generación en generación, y luchará a medida que crece por intentar sanarlas. En ese recorrido tiene un papel fundamental la abuela de Rubén, interpretada por Susi Sánchez.
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"Era capital", reconoce Lorente, que destaca el trabajo de la actriz y la relación que ambos establecieron durante el rodaje. "Ha puesto el listón humano muy alto. Hemos hecho un 'match' muy fuerte como si nos conociésemos de toda la vida. Ha sido muy fácil trabajar con ella", ha indicado.
En este sentido, el personaje de Susi Sánchez representa una figura femenina que, según el director, le recuerda a la "gran" figura que él tuvo y que le enseñó "a ver el mundo de forma diferente".
En este sentido, Lorente reconoce que hay elementos del personaje de Rubén con los que se siente muy identificado. "Yo me considero una persona muy sensible, me afectan mucho las cosas y muchas veces para gestionar mis grandes hitos emocionales me he machacado. Por lo que me siento muy identificado con Rubén", ha señalado.
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HERIDAS PATERNOFILIALES
Ante las heridas que pueden quedar en un hijo, Lorente evita hablar de soluciones sencillas y apuesta por acompañar y dejar espacio. "Acompañarlos, apoyarlos, estar ahí, pero dejarles vivir su vida", señala. "Hay cosas que tú no puedes solucionar y que de hecho si las solucionas les va a rebotar de una forma más negativa", añade.
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El rodaje de 'El mal hijo' también tuvo momentos emocionalmente duros para el cineasta, ya que, tal y como recuerda, fue especialmente duro el trabajo con Abel, el niño que interpreta a Rubén de pequeño. "Recuerdo que terminó llorando, muy emocionado porque pensaba en que había niños que en realidad vivían lo de su personaje", ha relatado.
"DIRIGIR ES EL CAPITÁN DE UN BARCO"
Su primera experiencia detrás de las cámaras le ha permitido descubrir una faceta profesional en la que se ha sentido especialmente cómodo. "Me he sentido súper libre, súper arropado", explica.
Para Lorente, dirigir tiene mucho que ver con cuidar. "Dirigiendo se puede cuidar mucho, tanto cuidar la historia como cuidar el equipo", sostiene. Y compara al director con "el capitán de un barco" que, una vez sale del puerto, tiene que "poner parches por todos sitios todo el tiempo" con el objetivo de llegar al otro lado con todo el equipo contento y las piezas encajadas.
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"El amor, la ilusión y el cuidado es lo que hace que eso llegue a cabo", resume. El actor y director también reconoce que esta experiencia le ha hecho replantearse su propia manera de trabajar como intérprete. Ahora, desde la dirección, tiene claro que quiere "seguir defendiendo el espacio para fallar" de los actores.
"Cuanto más espacio dejes para que los actores fallen, mejor", dice Lorente, que señala a Rodrigo Sorogoyen como un referente para él y destaca la manera que tiene el cineasta de 'El Ser Querido' de llevar "el significado de lo autoral a otro nivel". "Es un director al que admiro muchísimo. Es autoral en la forma de plantear las interpretaciones, que es la autoría más complicada. Estar de verdad en un punto diferente a lo cotidiano, ahí está lo autoral. Y Sorogoyen consigue crear que todos los actores estén de verdad en su propia forma de ver la vida", sentencia.
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