La brecha entre Estados Unidos y Europa en materia de IA, en su punto más crítico

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Madrid, 16 sep (EFE).- La brecha que existe entre Estados Unidos y la UE en el desarrollo de la IA se encuentra en el punto más crítico de los últimos años, y si es abismal la diferencia entre el tamaño de las empresas de uno y otro continente, aún más enorme es la disparidad en materia de regulación, por la que claman ahora algunos gigantes americanos y que es ya muy estricta en Europa.

La velocidad de crucero que habían tomado las grandes empresas estadounidenses durante los últimos años ha experimentado una aceleración exponencial desde la aparición y la proliferación de los 'agentes' de inteligencia artificial, capaces de planificar y ejecutar acciones de una forma completamente autónoma y sin necesidad de la supervisión humana.

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Durante los últimos meses se han sucedido las noticias sobre 'agentes' fuera de control, capaces hasta de coordinar entre ellos sus acciones, y de sistemas que han logrado salirse de los guardarraíles de seguridad definidos por las propias compañías, lo que ha motivado que algunos de los mayores responsables de esas empresas (OpenAI o Antrophic) hayan hecho un llamamiento a 'frenar' algunos de esos desarrollos.

Pero muchos expertos perciben en esos llamamientos solo campañas de publicidad -algunas de esas empresas están incluso preparando su salida a bolsa-, y una intención de interferir en la regulación para que esta se ajuste a sus propios intereses económicos, y contrastan esos llamamientos con la crítica que los gigantes tecnológicos han hecho siempre a Europa por apostar por la 'hiperregulación'.

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De hecho, la UE cuenta ya con un reglamento de IA, el primer marco jurídico integral sobre esta tecnología que existe en el mundo y que en gran parte ya está en vigor, y clasifica esos sistemas en cuatro niveles de riesgo: desde los que están absolutamente prohibidos (como los sistemas de puntuación social o de manipulación cognitiva) hasta los que conllevan un riesgo 'mínimo'.

La norma europea ya establece la obligada supervisión humana para cualquier sistema o modelo de inteligencia artificial, y un severo régimen de sanciones, de hasta 35 millones de euros para quienes utilicen sistemas con un riesgo 'inaceptable' y por lo tanto prohibidos.

Pero si la brecha en materia de regulación entre Estados Unidos y Europa es abismal, lo es aún mayor por el volumen de las empresas y del mercado, y el pasado año Estados Unidos produjo hasta 59 modelos de IA de los catalogados como 'notables', frente a los 35 de China o los 2 de Europa.

Los datos del Banco Central Europeo revelan también esas diferencias, ya que Estados Unidos concentra entre el 75 y el 80 por ciento de la capacidad de cómputo global de la IA, porcentaje que contrasta con el de la UE, con un 5 por ciento; o el capital riesgo acumulado en Estados Unidos para empresas dedicadas a la IA -que ronda los 598.000 millones- en comparación con la UE -unos 72.000-.

Al debate se ha sumado hoy la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuando ha respaldado ralentizar el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial más avanzados, la llamada IA de frontera, por motivos de seguridad, y ha reclamado al mismo tiempo un impulso masivo a la capacidad de computación europea para no perder la carrera tecnológica global.

Esa asimetría tecnológica y carencias en materia de soberanía tecnológica queda patente en numerosos informes de la propia Comisión Europea que cuantifican de una forma muy contundente esa brecha, que señalan que la UE invierte en IA apenas del 4 por ciento de lo que destina Estados Unidos, o que el presupuesto del Consejo Europeo de Innovación para estas tecnologías ronda los 256 millones de euros, en contraste con los más de 6.000 millones de dólares que mueven las agencias federales estadounidenses. EFE