El Cairo, 14 sep (EFE).- Más de 64.000 refugiados y solicitantes de asilo etíopes permanecen atrapados en Sudán en medio de una doble crisis humanitaria, agravada por la guerra que sufre el país africano y el reciente rebrote de los combates en la vecina región etíope de Tigré.
Según los últimos datos de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la comunidad etíope representa el 7,1 % del total de más de 900.000 refugiados que alberga el territorio sudanés, de los cuales un 71 % vive hacinado en campamentos de refugiados, mientras que el resto reside integrado con las comunidades locales.
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Geográficamente, el éxodo se concentra de forma masiva en el este del país, principalmente en el estado fronterizo de Gedaref (67 %) y en la región del Nilo Azul (15 %).
Los asentamientos de Tenedba, Um Rakuba y Camp 6 son los grandes focos de acogida en la región y albergan por sí solos a más de 43.000 personas.
En cuanto al perfil demográfico, la población refleja un alto grado de vulnerabilidad: los menores de edad suponen al menos un 35 % del total. Además, la ONU contabiliza a 1.160 personas con discapacidad y a 720 menores no acompañados o separados de sus familias.
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La precaria situación de estos refugiados se ha agravado a principios de agosto tras el impacto de varios proyectiles en recintos de acogida en suelo sudanés, ataque que dejó muertos y heridos entre la población desplazada, según denunció la Comisión de Refugiados de Sudán.
El incidente se produjo en el marco de una nueva escalada entre el Ejército de Etiopía y las fuerzas del Frente Popular de Liberación de Tigré (FPLT), la cúpula política que gobernó el país vecino durante casi tres décadas hasta 2018.
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El distanciamiento entre esta facción y el actual primer ministro etíope, Abiy Ahmed, desató en 2020 una sangrienta guerra por el control del territorio y la autonomía regional.
Aunque en noviembre de 2022 ambas partes firmaron la paz en Pretoria, las disputas territoriales pendientes, los retrasos en el desarme y la falta de fondos de reconstrucción han vuelto a encender las hostilidades.
Las autoridades sudanesas y la ONU han mostrado su preocupación por la reanudación de los enfrentamientos en Tigré que, sumada a la inestabilidad en otras regiones como Oromía (centro) y a la extrema sequía del Cuerno de África, amenazan con desencadenar un nuevo éxodo masivo hacia Sudán, donde la primera gran ola de llegadas alcanzó su pico en 2021 con más de 46.000 inscritos
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A este escenario se suma la propia guerra entre el Ejército de Sudán y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) desatada en abril de 2023 y que continúa activa sin una salida política clara.
Con el país dividido entre el centro-este, controlado por el Ejército, y el oeste, en manos de las FAR, el conflicto ha provocado una catástrofe alrededor de 14 millones de desplazados, incluidos unos cuatro millones que han huido a países vecinos como Chad, Sudán del Sur o Egipto. EFE
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