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Nigel Farage, el político populista que pasó de la obsesión antieuropea a la migratoria

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Javier Otazu

Londres 14 ago (EFE).- El controvertido Nigel Farage, reelegido hoy como parlamentario por el distrito de Clacton (sur de Inglaterra), es un experimentado político de 62 años que ha labrado una carrera primero a lomos del antieuropeísmo y luego como azote contra la inmigración.

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Aunque es miembro del parlamento de Westminter solo desde las elecciones de 2024, Farage pasó 21 años en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, ocupando un escaño que solo abandonó cuando en 2020 se produjo la 'desconexión' efectiva del Reino Unido con la UE.

Sus adversarios han resaltado este detalle: que un político que se presenta como la alternativa al 'establishment' y que siempre ha fustigado a la clase política haya pasado varias décadas de su vida viviendo con los privilegios de un parlamentario.

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Es paradójico también que Farage haya labrado lo más sustantivo de su carrera política en la Eurocámara, precisamente el organismo donde se concentra la soberanía comunitaria europea, uno de sus grandes anatemas.

Nigel Farage nunca ha aceptado la etiqueta de ultraderechista, prefiriendo la de 'patriota' o 'campeón del nacionalismo', pero en esto no es muy distinto a los otros líderes 'ultras' europeos, que rechazan siempre esa denominación.

Por esa razón, muchos medios evitan calificarlo de extremista y prefieren usar términos como 'populista de derechas'.

Y para evitar otra incómoda etiqueta, la de 'racista', Farage ha sabido rodearse de políticos con orígenes extranjeros, como su actual 'número dos' Zia Yusuf (de origen esrilanqués) o Nadhim Zahawi, nacido en Irak y llamado a ser uno de los puntales de su equipo económico.

Sin embargo, las prioridades políticas no dejan ninguna duda sobre sus simpatías y parentescos: un antieuropeísmo a ultranza, la apelación constante a la invasión migratoria, los recelos contra los musulmanes (como cuando dijo que no comparten "los valores británicos") y su defensa de una genérica herencia cristiana en su país.

No parece casual que en su paso por el Parlamento Europeo, Farage asociase su grupo político (entonces el UKIP) al grupo 'Europa de las libertades y la democracia', donde se sentaba Alternativa por Alemania o disidentes del Frente Nacional francés.

Como buen líder populista, Farage comprendió que el filón antieuropeo ya no tenía recorrido una vez consumado el Brexit, y cambió entonces el nombre de su partido por el de Reform UK en 2021. Desde esa fecha, un tema ha ocupado constantemente las obsesiones de Farage y de su partido: la inmigración y sus efectos en los empleos, en el destino de las ayudas públicas y hasta en la identidad británica.

También aquí Farage supo leer la opinión pública: en 2025, un sondeo de Gallup situaba la inmigración como "el principal problema nacional" para uno de cada cinco británicos (21 %), justo por detrás de la economía.

Pese a que la británica es una sociedad cada vez más multiétnica, esta 'mecha' ha prendido rápidamente, contaminando el discurso de los demás partidos, incluido el Partido Laborista -que en los últimos años ha aplicado unas restrictivas políticas migratorias-.

Pero es sobre todo en la extrema derecha donde surgen perfiles cada vez más duros con la cuestión identitaria y migratoria: el incendiario activista Tony Robinson o el disidente del Reform UK Rupert Lowe. Ambos promovidos por prebostes del trumpismo estadounidense como el magnate Elon Musk o el vicepresidente J.D.Vance.

Ante esta profusión de radicalismo por su derecha, el propio Farage se ha visto obligado a endurecer su discurso: sus últimas propuestas, expuestas cada una en una conferencia de prensa 'ad hoc', hablan de recurrir a la Armada (Royal Navy) para devolver a Francia 'manu militari' a todos los inmigrantes irregulares encontrados en aguas del canal de la Mancha.

Y la siguiente, aún más llamativa, consiste en enviar a los presos extranjeros catalogados como peligrosos a las famosas megacárceles de El Salvador construidas por el Gobierno de Nayib Bukele.

A Farage le quedan todavía tres largos años para superarse a sí mismo, hasta la celebración de las próximas legislativas en 2029. EFE

(foto)(vídeo)