Mario Baos
Cali (Colombia), 13 ago (EFE).- El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado lunes dejó su rastro de destrucción en el Hospital Universitario del Valle (HUV), uno de los principales de Cali, donde se mezclan historias de heroísmo y de tragedia.
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Cuando la tierra empezó a temblar, el lunes por la mañana, médicos, enfermeras y trabajadores del hospital se convirtieron en protagonistas de una evacuación contrarreloj para poner a salvo a pacientes ingresados, pero tres familias permanecen a la espera de noticias de cinco personas que quedaron atrapadas en una torre colapsada del centro asistencial.
En la torre de seis pisos había pabellones de hospitalización, entre ellos uno de pediatría y un espacio destinado a mujeres embarazadas.
"Cuando comenzó el terremoto pusimos en práctica lo que hemos aprendido: salvar vidas. Cada uno cogió pacientes y salimos, sin importar que estuviésemos en riesgo", señaló a EFE una de las trabajadoras del hospital que, al igual que sus compañeros, habló con la condición de omitir su nombre.
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La respuesta de los trabajadores de la salud permitió evacuar rápidamente a unas 800 personas, que fueron trasladadas inicialmente a los jardines del hospital para continuar allí su atención mientras se verificaban las condiciones de seguridad de la edificación, y luego fueron reubicadas en otros espacios habilitados para garantizar la continuidad de los servicios.
La evacuación, sin embargo, no pudo evitar todas las tragedias. Entre las víctimas está un adolescente de 14 años que se encontraba hospitalizado y lo acompañaba su madre. Ambos quedaron atrapados bajo los escombros.
En otro de los pisos estaba una mujer hospitalizada, acompañada por su esposo, mientras que en otro lugar de la misma ala derruida se encontraba un hombre que acababa de salir de una cirugía y tenía una traqueostomía. Recibía atención médica cuando ocurrió el colapso.
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Los desplomes comprometieron diferentes niveles de la torre, especialmente de los pisos tres al seis, mientras que el uno y el dos soportaron el peso evitando una tragedia mayor.
"Aquí siguen las familias de ellos, vienen todos los días, están esperando, pero el tiempo apremia. El edificio quedó muy aplastado, quizá no haya vida", declaró otro trabajador a EFE.
Desde el día del terremoto no hay señales de vida entre esos escombros, pero los familiares mantienen la esperanza de que los equipos de rescate encuentren a sus seres queridos.
El terremoto también dejó dos heridos, una mujer que tuvo que ser operada de la cadera y un joven de 20 años que intentaba salir del edificio cuando parte de la mampostería cayó sobre él. Ahora permanece bajo atención médica en el mismo centro asistencial.
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La tragedia ha obligado al personal sanitario a trabajar en condiciones excepcionales. Enfermeras, médicos, auxiliares y camilleros participaron en la evacuación de los pacientes y posteriormente continuaron con la atención médica en espacios improvisados.
"Lo primero fue sacar a los pacientes. No había tiempo para pensar en otra cosa. Había que evacuar y atender a quienes lo necesitaban", señaló otro de los profesionales de la salud.
El Hospital Universitario del Valle mantiene parte de sus servicios mientras ingenieros evalúan las condiciones de la estructura afectada y las áreas evacuadas han sido reorganizadas para seguir dando a los pacientes la atención necesaria.
Tres días después de la tragedia causada por el sismo, que deja al menos 273 fallecidos y 377 desaparecidos en todo el país, el Hospital Universitario del Valle no ha detenido su marcha y sigue salvando vidas a pesar de la furia de la naturaleza. EFE
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