Lo han comprobado investigadores de Centro Charles Perkins de la Universidad de Sídney (Australia), que han descubierto que los azúcares naturales podrían haber proporcionado la energía necesaria para el desarrollo cerebral antes de que la llegada de la cocina hiciera que los alimentos ricos en almidón, como los tubérculos y los cereales, fueran más fáciles de digerir.
Los científicos, que hoy han publicado las conclusiones de su trabajo en la revista Science, modelaron las necesidades de glucosa de los humanos y sus antepasados desde hace cuatro millones de años hasta hace poco, y sus hallazgos ofrecen una perspectiva diferente sobre la visión científica tradicional que considera el consumo de carne como un factor clave en la evolución humana, además de explicar por qué a menudo a los humanos se les antojan los alimentos dulces.
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Durante un período de cuatro millones de años, el tamaño del cerebro humano aumentó de unos 300 gramos en los primeros homininos a unos 1.500 gramos en los humanos modernos, y a medida que el cerebro crecía, también lo hacía la demanda de glucosa, necesaria para otros tejidos como los glóbulos rojos, los riñones y los órganos reproductores.
El cerebro humano es inusualmente grande en proporción al tamaño de nuestro cuerpo y requiere cantidades sustanciales de energía, han constatado los investigadores, y han señalado que la glucosa, que es la principal fuente de energía del cerebro, habría provenido durante gran parte de la evolución humana de los carbohidratos presentes en alimentos como la fruta o la miel.
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Los investigadores desarrollaron un modelo que abarca aproximadamente cuatro millones de años de evolución humana para examinar si los carbohidratos de la dieta podrían satisfacer las crecientes necesidades de glucosa de un cerebro en desarrollo.
Calcularon lo que denominan 'demanda obligatoria de glucosa' -la glucosa requerida por el cerebro, los glóbulos rojos, los riñones y los tejidos reproductivos, incluidos el feto, la placenta y las glándulas mamarias- y la compararon con las probables fuentes de alimento disponibles para los antepasados en diferentes etapas de la evolución.
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Los investigadores combinaron datos sobre la composición de los alimentos, el metabolismo, la fisiología, los estudios de isótopos fósiles, la morfología dental, la arqueología, las dietas de los primates y la genética para estimar cómo los humanos satisfacían sus necesidades de glucosa a medida que aumentaba el tamaño del cerebro.
Este modelo sugiere que los primeros homininos probablemente dependían en gran medida de alimentos ricos en carbohidratos, especialmente frutas, y posteriormente, a medida que el uso del fuego y la cocina se generalizaron, los almidones de fuentes subterráneas como el ñame -un tubérculo- silvestre, los rizomas de nenúfar y la patata africana contribuyeron a la ingesta de glucosa.
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El estudio destaca también las necesidades nutricionales durante el embarazo y la lactancia, y los investigadores han subrayado que las mujeres en edad reproductiva requieren mucha más glucosa que otros adultos debido a las necesidades del feto, la placenta y la producción de leche.
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