Carlos Seijas Meneses
Caraballeda (Venezuela), 30 jul (EFE).- En un campamento improvisado y precario, entre moscas y el intenso calor del estado venezolano de La Guaira, familiares de víctimas del doble terremoto de hace más de un mes mantienen la esperanza de encontrar sus cuerpos, una prolongada espera que, según expertos, aplaza el proceso de recuperación psicológica.
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Juan Sánchez, de 42 años, recuperó el cuerpo de su madre el domingo y espera junto a la familia que se consiga el del sobrino entre los escombros de un edificio del programa gubernamental Misión Vivienda en Caraballeda, una de las zonas de La Guaira más devastadas por los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio.
"Estamos enfocados en el objetivo de conseguir a nuestros familiares para darles cristiana sepultura y que descansen en un sitio digno y no en una parte que uno desconozca", dice a EFE.
Para Sánchez es difícil asimilar la tragedia mientras sigue ahí, cerca de edificios derrumbados o con graves daños, montañas de escombros, máquinas y otras familias.
"Para poder procesarlo tenemos que enfrentar esta realidad primero y para enfrentarla hay que salir de ella, mientras estemos acá no podemos", señala.
Como "todo ser humano", afirma ser consciente de que un familiar puede morir "en cualquier momento", pero no de que lo tendrían que "buscar entre tantos escombros como una aguja en un pajar".
Según dijo a EFE la presidenta de la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), Clara Astorga, la sepultura "es sumamente importante para hacer el duelo", por lo que el esfuerzo de estas personas, que "están sometidas a una situación psicológica muy demandante", forma parte "del proceso de despedida".
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Hasta encontrarlo
Cerca de Sánchez está Alejandra Padrón, de 39 años, sentada en un colchón y con vista directa a las ruinas donde tiene la certeza de que está su tío, quien acababa de cumplir 50 y cuya voz había escuchado "en los dos primeros días".
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En un pequeño espacio apenas cubierto por sábanas y cobijas que colgaban a los lados, observa el trabajo de unas máquinas que llegaron tres semanas tarde, según su cuenta.
"Yo no estaba preparada para esto y no es fácil, no es fácil pararte y ver este panorama, acostarte y escuchar el ruido de las máquinas, que caiga la noche y todo esto quede a oscuras", señala.
Sin embargo, no se va a ir hasta que consigan a su tío.
"Él sabe que yo no lo he dejado solo, que yo estoy aquí, y que no voy a regresar a mi casa sin llevármelo", insiste, con la voz quebrada.
En eso, Padrón recibe la visita de un equipo de la organización humanitaria israelí NATAN, que se encuentra en el país desde finales de junio con médicos, profesionales de la salud mental y trabajadores sociales.
Comparten unos minutos con ella con la ayuda de una intérprete local, como parte del apoyo psicosocial que han brindado en el país.
Tras un recorrido por la zona, el jefe del equipo de NATAN, Guy Shrayer, dice a EFE que, tras más de un mes de los sismos, las personas que aún esperan encontrar cuerpos "no han podido empezar el proceso de sanación porque todavía siguen en ese momento traumático", a lo que se le suman las "condiciones muy duras" en las que se encuentran.
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"No hay mucho para hacer, estas personas vivieron quizás la tragedia más grande de sus vidas, pero lo que sí podemos hacer es acompañarlos, hablar un poco con ellos, intentar estar presentes", explica Shrayer, de 39 años, quien estuvo en el terremoto de Nepal en 2015 y en el de Myanmar en 2025.
El doble terremoto dejó más de 5.500 muertos, al menos 16.740 heridos y cerca de 18.000 personas sin vivienda, según cifras oficiales.
Para Alejandro González, de 32 años, quien se encuentra en otro edificio de Caraballeda que colapsó, ninguna familia, principalmente de La Guaira, "ha tenido la oportunidad de llorar" a los suyos.
"No ha habido chance de procesar porque hay que sacar los cuerpos, luego el trámite, vamos a sacar a otro familiar, vamos a buscar comida porque los niños no tienen comida, o sea, un movimiento rutinario", dice a EFE.
El jefe del equipo de NATAN estima que el impacto tarde "posiblemente años en repararse", pero confía en que el trabajo que han hecho numerosas organizaciones sirva para que la gente esté mejor preparada. EFE
(foto)(vídeo)