El alergólogo David González de Olano, miembro de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), ha aconsejado acudir siempre a un especialista ante picaduras de avispa que produzcan signos de reacción generalizada, como náuseas, vómitos, mareo, fatiga o manifestaciones en distintas partes del cuerpo.
El experto ha señalado que la aparición de dolor, enrojecimiento, picor o inflamación en la zona afectada es "inevitable" y "normal", de forma que "no hay que preocuparse por eso". En cambio, cuando se producen síntomas alejados del lugar en el que se ha producido la picadura, esta sí debe ser estudiada por un alergólogo.
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Según ha detallado, el estudio alergológico permite determinar si la reacción ha sido provocada por una alergia al veneno, tratar de identificar el insecto responsable y valorar la indicación de un tratamiento específico. Haber sufrido con anterioridad una reacción generalizada es el principal factor de riesgo para volver a presentar una respuesta de estas características.
González de Olano ha aseverado que el cambio climático, con temperaturas más altas durante períodos cada vez más prolongados e inviernos más suaves, está ampliando la temporada en la que avispas y abejas permanecen activas. "A la pregunta de si el cambio climático está alargando la temporada y el riesgo de picaduras en España, la contestación es sí", ha referido.
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Aun así, ha precisado que su presencia más prolongada no significa necesariamente que los insectos sean más peligrosos o que el veneno haya cambiado, sino que el principal impacto es que aumenta el tiempo durante el que pueden producirse encuentros y picaduras, lo que obliga a mantener las precauciones más allá de los meses centrales del verano.
AVISPA ASIÁTICA
La expansión de la avispa asiática o 'Vespa velutina' añade nuevos retos para los especialistas. "La avispa velutina es agresiva y, si se siente amenazada, va a picar", ha advertido el alergólogo, quien ha indicado que recibir varias picaduras puede incrementar de forma considerable la gravedad del cuadro, tanto en personas alérgicas como por la propia cantidad de veneno inoculada, por lo que desde la SEAIC han recomendado no acercarse ni tratar de retirar los nidos sin la intervención de profesionales.
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La llegada de esta especie también dificulta el diagnóstico, puesto que a las véspulas y los polistes, los dos grandes tipos de avispas de interés alergológico que predominaban en la Península Ibérica, se ha sumado esta. "Ahora tenemos un tercero, con lo cual, salvo que el paciente identifique, reconozca y sepa identificar cuál ha sido, nos dificulta un poco más el diagnóstico", ha apuntado González de Olano.
En caso de alergia al veneno de una abeja o una avispa, la inmunoterapia con veneno de himenópteros está indicada en determinados pacientes, con el objetivo de conseguir que el sistema inmunitario desarrolle tolerancia al veneno y que, ante una futura picadura, una reacción que anteriormente habría sido generalizada se limite al lugar de la inoculación.
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"De forma genérica, la inmunoterapia consiste en administrar de forma controlada dosis progresivamente crecientes del veneno para conseguir una tolerancia inmunológica de nuestro sistema inmune y que esas reacciones, generalizadas o sistémicas, acaben siendo locales", ha explicado el doctor.
A diferencia de la medicación empleada para aliviar los síntomas después de una picadura, la inmunoterapia, que se administra habitualmente durante cinco años, actúa sobre la causa y modifica la evolución de la alergia, siendo "el único tratamiento" que consigue esto.
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