Beirut, 22 jul (EFE).- El presidente del Líbano, Joseph Aoun, cerró este miércoles su visita a Washington reforzando la apuesta de Beirut por Estados Unidos como único actor con capacidad real para garantizar la retirada israelí, sostener al Estado libanés y blindar, mediante inversiones y apoyo económico, la reconstrucción del país frente a nuevos ataques.
Estas son las principales claves de la reunión entre ambos mandatarios que marcan tanto sus relaciones bilaterales como el desarrollo del acuerdo marco para consolidar la paz en el país mediterráneo.
Aoun insistió ante su homólogo estadounidense en la "necesidad urgente" de una retirada completa de Israel del territorio libanés, para que el Líbano extienda su plena soberanía "únicamente a través de sus propias fuerzas" y avance en la implementación del Marco Tripartito conjunto.
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Este acuerdo mediado por Washington y firmado el pasado 26 de junio regula la retirada gradual y condicionada de Israel del sur del Líbano y el despliegue en su lugar del Ejército libanés, sin presencia del grupo chií Hizbulá, en las denominadas "zonas piloto", según el texto del pacto.
Asimismo, remarcó que el país "no puede ser seguro ni estar unido a menos que sea un solo Estado con un solo Ejército" que proteja a todos los ciudadanos por igual, y dejó claro que el desarme de Hizbulá es viable solo si se cumplen determinadas condiciones políticas y de seguridad.
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En esa línea, enumeró tres requisitos para avanzar en el desarme del grupo chií aliado de Irán: el fin de la ocupación israelí en el sur del país, que las Fuerzas Armadas libanesas asuman el control total del territorio y la puesta en marcha de un programa de reconstrucción gestionado exclusivamente por el Estado.
Y es que la retirada israelí está condicionada al desarme exitoso de los actores armados no estatales y al desmantelamiento de su infraestructura, en referencia directa a Hizbulá.
El presidente libanés recordó a Trump las "catastróficas repercusiones" de la reciente guerra, iniciada el 2 de marzo entre Hizbulá e Israel en el marco de la ofensiva estadounidense-israelí contra Irán del 28 de febrero, que además de los ataques aéreos de Israel, incluyó una invasión terrestre del sur del Líbano.
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Desde entonces han muerto 4.328 personas, mientras que otras 12.232 han resultado heridas, según datos del Ministerio de Salud Pública libanés.
En el plano económico, el Líbano frenó la recuperación con la que había iniciado 2026 tras el estallido del conflicto, que provocó una contracción generalizada de la actividad, mientras la inflación se aceleró hasta el 19 % interanual en mayo por el encarecimiento del petróleo, según un informe de Bank Audi publicado este mes.
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De acuerdo con este informe, la guerra causó pérdidas superiores a los 1.000 millones de dólares en la agricultura y paralizó buena parte de la actividad industrial en las zonas más afectadas, mientras que en el sector exterior, las exportaciones retrocedieron un 21,7 % en los cuatro primeros meses del año y el déficit comercial aumentó un 19,1 %.
Con este escenario, las conversaciones en la Casa Blanca se centraron en apoyar la senda de la recuperación y reconstrucción económica, con especial énfasis en fomentar las inversiones estadounidenses en el Líbano, orientadas especialmente a la reconstrucción de las infraestructuras dañadas como carreteras, puentes y redes básicas.
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La apuesta de Beirut es clara: convertir a Estados Unidos en garante de seguridad y, al mismo tiempo, en socio económico de referencia, de manera que cualquier ataque futuro contra infraestructuras libanesas se perciba también como un desafío directo a los intereses estadounidenses.
Uno de los primeros pasos para consolidar esa relación ha sido la orden de Trump de reanudar los vuelos directos entre EE.UU. y el Líbano por primera vez desde 1985, cuando el secuestro del vuelo TWA 847 llevó a suspender las conexiones con Beirut.
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El respaldo financiero y político de Washington es visto como imprescindible para que el Estado pueda imponer su autoridad en todo el territorio y avanzar en el desarme de Hizbulá sin abrir nuevas brechas internas.
Sobre el grupo, Trump afirmó que está dispuesto a dialogar con él "si el presidente dice que quiere que hable con Hizbulá", y reivindicó su disposición a hablar "con todo el mundo" si puede contribuir a que "las cosas salgan bien".
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Para Aoun, esa puerta abierta en Washington refuerza la idea de que la única vía realista para desactivar la tensión con Israel pasa por una combinación de presión estadounidense, garantías de seguridad sobre el terreno y un proceso de desarme vinculado a la consolidación del Estado y del Ejército como únicos detentadores de la fuerza legítima. EFE
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