Cómo Daniel Ortega llegó a plantear el fin de las elecciones en Nicaragua

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San José, 22 jul (EFE).- El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, propuso eliminar las elecciones en su país, que gobierna desde 2007 en medio de acusaciones de fraude electoral, eliminando la competencia o declarando "inaplicable" el artículo de la Constitución que impedía la reelección.

Ortega, un exguerrillero de 80 años, aseguró el pasado domingo durante la conmemoración del 47 aniversario de la revolución sandinista que en Nicaragua "no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos (oposición) atrapar el Gobierno, atrapar el poder".

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Desde 2017, tras eliminar al principal partido opositor, Ortega gobierna junto a su esposa, Rosario Murillo, quien fue designada copresidenta desde febrero de 2025 a través de una reforma constitucional.

Estas son las claves para entender el por qué Ortega quiere abolir las elecciones.

El octogenario exguerrillero, que coordinó una Junta de Gobierno de 1979 a 1985 y presidió por primera vez el país de 1985 a 1990, retornó al poder en 2007 gracias a un acuerdo secreto que mantuvo desde 1999 con el exjefe de Estado Arnoldo Alemán (1997-2002), que conllevó a reformar la Constitución y bajar al 35 % el mínimo para ganar unas elecciones presidenciales.

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El líder sandinista ganó los comicios de noviembre de 2006 con un 37,99 % de los votos frente a una derecha que postuló a dos candidatos presidenciales: el excanciller Eduardo Montealegre, por la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), que obtuvo el 28,3 % de los votos, y al fallecido exvicepresidente José Rizo, por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que consiguió el 27,1 %.

En octubre de 2009, magistrados sandinistas de la Sala Constitucional declararon "inaplicable" el artículo de la Carta Magna que impedía la reelección presidencial continua y limitaba a dos el número máximo de mandatos de un presidente, lo cual allanó el camino para que Ortega optara a una nueva reelección en 2011.

Ortega ganó las elecciones en noviembre de 2011 con el 62,46 % de los sufragios, según los datos definitivos. El empresario de la radio Fabio Gadea Mantilla, que fue segundo candidato presidencial más votado con el 31 % de los votos, denunció irregularidades, incluida la ilegalidad de la reelección presidencial.

En enero de 2026, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) condenó al Estado de Nicaragua tras concluir "que la falta de integridad del proceso electoral favoreció la reelección del presidente Daniel Ortega", y afirmó que la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Supremo Electoral mostraron parcialidad y no garantizaron un recurso judicial efectivo para revisar las decisiones que cuestionaban irregularidades en el proceso.

En noviembre de 2016, Ortega se presentó nuevamente como candidato a la reelección y por primera vez junto a su mujer, la influyente Rosario Murillo.

Los comicios se desarrollaron con el veto, por decisión de Ortega, a los observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Europea (UE) y del estadounidense Centro Carter, entes que cuestionaron el proceso electoral de 2011.

Además se celebraron en medio de una gran tensión debido a que los poderes Judicial, Electoral y Legislativo, afines al sandinismo, anularon al principal grupo opositor, lo que despejó el camino a Ortega, ya que el resto de partidos eran minoritarios.

En noviembre de 2021, Ortega, con sus rivales presos, fue reelegido con el 75,87 % de los votos.

En esos comicios, en las que también fue reelegida Murillo como vicepresidenta, estuvieron marcados, entre otros, por la ausencia de siete aspirantes a candidatos a la presidencia por la oposición que fueron encarcelados antes de las votaciones acusados de "traición a la patria".

La 51 Asamblea General de la OEA resolvió por mayoría que esas elecciones, calificadas de "farsa" por la oposición nicaragüense y parte de la comunidad internacional, "no fueron libres, justas ni transparentes" y no tenían "legitimidad democrática".

Ahora Ortega ha propuesto abolir las elecciones, y como lo definió un político opositor exiliado Eliseo Núñez: "es un dictador capaz de cualquier cosa para mantenerse en el poder".

Sus críticos lo acusan de querer amasar, junto con su familia, todo el poder en sus manos, como los hermanos Castro, sus mentores, en Cuba, y citan para ello una frase que en vida dijera el antiguo "comandante de la revolución sandinista" Tomás Borge.

"Todo puede pasar aquí (en Nicaragua), menos que el Frente Sandinista pierda el poder (...). Yo le decía a Daniel Ortega: podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos perder es el poder, y hagamos lo que tengamos que hacer", sentenció Borge. EFE