Le Markstein (Francia), 18 jul (EFE).- Cuando la carrera comenzó en Barcelona, Francia se debatía entre la ilusión que despertaba Paul Seixas y la voluntad de no inflar demasiado las expectativas por miedo a llevarse una enésima decepción.
Dos semanas más tarde, el ciclista del Decathlon ha demostrado consistencia para estar entre los mejores, lejos del esloveno Tadej Pogacar, intocable para todo el mundo, pero al mismo nivel que sus perseguidores.
"Está siendo magníficamente duro", resumió el joven corredor, a quien su sonrisa delataba sobre la satisfacción que siente por su rendimiento en la carrera.
El ciclista más joven en tomar la salida de la carrera desde 1937 no parece sentir la presión popular ni el peso de ser líder de un equipo que ha puesto mucho dinero para acompasar su éxito.
"La dureza empieza a ser rutina, pero nos hemos preparado bien para afrontarla", dijo el corredor, que está demostrando que sus buenas actuaciones en la Vuelta al País Vasco, la Flecha-Valona, la Strade Bianche o la Lieja-Bastona-Lieja no eran flor de un día.
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Por vez primera en su carrera, el francés se vistió con uno de los maillots distintivos del Tour, el blanco que le designa como el mejor joven, que arrebató al español Juan Ayuso, cuatro años mayor, gracias a su tercera posición de la etapa que le propulsó hasta el cuarto puesto de la general.
Más allá del detalle, el ciclista viene demostrando la perfecta combinación de personalidad y fortaleza que le colocan de lleno entre los favoritos al podio final.
"Todo esto me da confianza para afrontar lo que queda. Pero sé bien que el Tour es largo y que lo más duro está por venir", afirmó, prudente, el ciclista.
Seixas disputa su primera carrera de tres semanas y una de las incógnitas que arrastra era conocer cómo va a responder su cuerpo en la tercera. Todavía le resta la jornada de este domingo para afrontar el segundo día de descanso y la recta final, una de las más duras de la historia.
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Por el momento el francés no ha dado ningún signo de que no esté rondando a un gran nivel. Camino de la meta de Le Markstein se permitió incluso lanzar un ataque, antes de dirigir la caza de Jonas Vingegaard, que había partido tras Pogacar. Al final, a su ritmo, logró alcanzar al danés antes de la meta y batirle en el 'sprint' final para firmar el tercer puesto, posición que ya había logrado en Le Lioran en la décima etapa.
Gracias a los cuatro segundos de la bonificación ahora distancia en tres a Ayuso, su principal rival en la lucha por el maillot blanco, al que también opta el mexicano Isaac del Toro, que fue segundo de la etapa y es séptimo de la general a 31 segundos del francés.
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Pero más allá de ese maillot simbólico se esconde la lucha por el tercer puesto, que Seixas tiene ahora a 15 segundos, los que le separan del belga Remco Evenepoel, a quien ya ha demostrado que puede distanciar en la montaña.
Cierto que el belga, tercero en la edición de 2024, tiene por delante una contrarreloj individual, la del próximo martes, donde obtendrá ventaja, pero también lo es que ha cedido margen cada vez que la carretera se ha empinado.
Este domingo volverá a poner a prueba su capacidad de resistencia en una etapa que conoce bien, con final en el Plateau de Solaison, cerca de donde él pasaba los veranos con sus abuelos.
"Conozco bien esa subida y hay pocos lugares más duros para hacer ciclismo. Si acabo como hoy será un éxito", aseguró.
El corredor francés, el más buscado por los aficionados locales que pueblan las cunetas de la carrera, se abrazó a Pogacar al finalizar la etapa, en un gesto que comienza a ser habitual.
"Es un gran campeón y ha demostrado que puede liderar un equipo. Protéjanle y pronto brillará", dijo el esloveno.
Luis Miguel Pascual
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