Madrid, 3 jul (EFE).- La historia de Alfredo Di Stéfano empieza con la inmigración y termina con la globalización. Entre ambos extremos caben el Dorado colombiano, la España de la posguerra, la batalla futbolística entre Europa y Sudamérica y la aparición del Real Madrid moderno. Cien años después de su nacimiento, pocas biografías explican mejor un siglo de fútbol.
En 1926 el fútbol todavía tenía sus grandes centros en las Islas Británicas, el Río de la Plata y Europa Central. No existía el Mundial, la Copa de Europa era inimaginable y el Real Madrid estaba muy lejos de ser el club de referencia que hoy representa.
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Un siglo después, el paisaje ha cambiado por completo. El viaje de Alfredo Di Stéfano atraviesa cuatro estaciones que explican esa transformación. Seguir sus huellas permite comprender cómo el fútbol pasó de ser un deporte de puertos, barrios y emigrantes a convertirse en una industria global.
Di Stéfano nació en la Argentina que inventaron los inmigrantes y en el fútbol que ellos mismos ayudaron a construir. Su padre, Alfredo Di Stéfano Chiozza, era hijo de inmigrantes italianos; su madre, Eulalia Laulhé Gilmont, descendía de una familia francesa.
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En aquel Buenos Aires de patios, potreros, clubes de barrio y apellidos europeos, el fútbol dejó de ser una costumbre británica para convertirse en una pasión popular.
En su casa también se respiraba fútbol. Su padre llegó a jugar en River Plate hasta que una lesión de rodilla le obligó a retirarse con apenas 24 años. Su hijo heredó mucho más que el apellido y aprendió a correr detrás de una pelota en los descampados de Barracas, donde empezó un viaje que acabaría recorriendo el siglo XX.
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Con sus amigos, usaba las vías de tren como líneas y los árboles eran las porterías. Diestro natural, su padre le amenazaba con no dejarle jugar si no aprendía a chutar con la izquierda. Le hizo caso y, en ese ambiente, Di Stéfano forjó los cimientos de una futura leyenda.
A finales de los años cuarenta, el fútbol dejó de ser solo un deporte para convertirse también en una batalla económica. La huelga de futbolistas en Argentina y la liga colombiana al margen de la FIFA alumbraron el llamado Dorado. Los mejores jugadores sudamericanos emigraron atraídos por salarios imposibles en sus países. Entre ellos estaba un joven Alfredo Di Stéfano.
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Después de consolidarse en River Plate (1947-1949, 70 partidos y 53 goles), hizo las maletas rumbo a Millonarios. Bogotá sustituyó a Buenos Aires como el lugar donde estaban los mejores contratos y algunos de los mejores futbolistas del planeta.
Como millones de personas durante el siglo XX, dejó su país en busca de un futuro mejor. El fútbol empezaba a mover personas como antes lo habían hecho los barcos y las fábricas.
La primera vez que Santiago Bernabéu vio jugar a Di Stéfano no llevaba una camiseta blanca, sino azul. Era marzo de 1952 y el Real Madrid celebraba sus Bodas de Oro con un torneo internacional. Millonarios ganó 2-4 y la 'Saeta Rubia' fue el mejor sobre el césped. Aquella tarde el Real Madrid perdió un partido, pero encontró al futbolista que cambiaría para siempre su historia.
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Su fichaje, en 1953, derivó en una de las mayores controversias del fútbol español. Real Madrid y Barcelona reclamaron sus derechos en un conflicto que mezcló contratos, intereses y política en una España todavía marcada por la posguerra. El desenlace llevó a Di Stéfano al club blanco, donde Bernabéu encontró mucho más que un delantero: halló el futbolista alrededor del que construir el Real Madrid moderno.
Sobre el césped también rompió moldes. En una época de posiciones rígidas, defendía, organizaba, atacaba y aparecía en cualquier rincón del campo. Su radio de acción parecía no tener límites. Mucho antes de que el fútbol hablara de presión, polivalencia o ocupación de espacios, Di Stéfano ya practicaba un juego sorprendentemente contemporáneo. Muchos lo consideran el primer futbolista total.
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No era un delantero centro al uso. Bajaba a iniciar el juego, ayudaba en la recuperación, aparecía en las bandas y llegaba al remate. Aquella libertad sobre el césped acabaría influyendo en varias generaciones de futbolistas.
Con él como estandarte, el Real Madrid conquistó cinco Copas de Europa consecutivas y desplazó el centro del fútbol de clubes hacia Europa. Aquellos triunfos convirtieron al Real Madrid en una referencia mundial y coincidieron con una España que buscaba romper su aislamiento internacional y proyectar una imagen distinta al exterior.
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Di Stéfano abandonó el Real Madrid en 1964. Su figura, sin embargo, trascendió el césped. Se hizo entrenador y fue presidente de honor y símbolo del Real Madrid hasta su fallecimiento en 2014. Terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de la historia del club blanco y del fútbol mundial.
Cien años después de su nacimiento, el fútbol es una industria que mueve miles de millones, los grandes clubes son marcas globales y los mejores jugadores cambian de continente con una naturalidad impensable en 1926.
La historia de Di Stéfano empezó entre inmigrantes y terminó en un deporte sin fronteras. Quizá por eso, cien años después de su nacimiento, sigue siendo una de las mejores guías para recorrer el siglo en el que el fútbol cambió para siempre.
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Juan José Lahuerta
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