Las islas artificiales de Pekín y Hanói y la silenciosa conquista del mar de China

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Uxía Pérez

Bangkok, 25 jun (EFE).- El prolongado pulso por el control de territorios en el mar de China Meridional ha adquirido una nueva dimensión, con Pekín y Hanói avanzando posiciones lejos del ruido diplomático mediante la creación de islas artificiales, en una conquista silenciosa de aguas cruciales para el comercio mundial.

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La disputa territorial gira en torno a dos archipiélagos: las islas Spratly y las Paracel. Pekín reclama la práctica totalidad de este espacio marítimo, en oposición a varios vecinos ribereños -como Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunéi y Taiwán- que reivindican distintas parte de los citados archipiélagos.

De gran valor estratégico, el mar de China Meridional es una de las principales arterias del comercio internacional, por la que transita cerca del 30 % del tráfico marítimo global y que alberga importantes caladeros y potenciales reservas de petróleo y gas.

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En medio de tensiones diplomáticas y en ocasiones episodios de confrontación marítima, destaca la creación de islas artificiales, sobre todo por parte de Pekín y Hanói, para marcar territorio, y el Arrecife de Antelope, dentro de las Paracel -disputadas por China, Vietnam y Taiwán-, es uno de los ejemplos.

La pequeña isla con forma de lágrima, obra de Pekín desde finales del pasado año, se perfila como la mayor construcción de este archipiélago, gracias al trabajo llevado a cabo con la ayuda de barcos que apagan sus transpondedores AIS, encargados de los datos de posición, para ocultar el proyecto, según la iniciativa de transparencia marítima SeaLight.

SeaLight, creada por un grupo de estudiantes de la Universidad estadounidense de Stanford, se apoya en imágenes satelitales que muestran cómo docenas de dragas están abriendo canales a través del arrecife y bombeando arena y coral para remodelar este atolón.

Antelope es "la primera construcción de una isla artificial significativa que Pekín ha emprendido desde 2017", subrayó por su parte la Iniciativa Asiática para la Transparencia Marítima (AMTI) el pasado marzo, asegurando que este territorio insular podría albergar "infraestructura sólida" con pistas de aterrizaje, radares, instalaciones de guerra electrónica y búnkeres de misiles.

Aunque la isla difícilmente podrá alterar por sí sola el equilibrio estratégico de la región, proyecta, según expertos, el mensaje de que China mantiene intacta su capacidad de expansión, el cual parece dirigir especialmente a Hanói, cuyas labores de recuperación y ampliación de terrenos también avanzan.

Hanói ha endurecido su estrategia mediante la creación de islas que, hasta hace poco, eran arrecifes sumergidos sin asentamientos humanos, indica el Instituto Australiano de Asuntos Internacionales y otros organismos.

Según datos de la AMTI del mes pasado, durante el último año Vietnam ha adquirido unas 216 hectáreas adicionales de tierra en las Spratlys -reivindicadas por China, Taiwán, Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunéi- y otras formaciones marinas sumergidas, en una carrera contra Pekín por hacerse con el máximo control posible sobre la zona.

Aunque a principios de 2025 las actividades vietnamitas parecían estar alcanzando a las chinas, las nuevas construcciones impulsadas por el gigante asiático, especialmente en el arrecife Antelope, han ampliado de nuevo la brecha, sostiene la iniciativa marítima en sus últimos informes.

Esta creciente competencia sobre el terreno no se ha traducido necesariamente en un deterioro de las relaciones bilaterales entre ambos países. A pesar de que la disputa territorial sigue abierta y la carrera por consolidar posiciones continúa, Pekín y Hanói han abierto en los últimos años canales de comunicación que han desplazado la tensión regional hacia el este.

Desde la llegada en 2022 al poder del presidente filipino, Ferdinand Marcos Jr., Manila ha intensificado su cooperación en materia de defensa con Estados Unidos, un giro que ha coincidido con un aumento de los choques entre fuerzas chinas y embarcaciones filipinas en las aguas en disputa.

Hace dos semanas, las autoridades filipinas aseguraron que una plataforma flotante dentro del Arrecife Scarborough o Bajo de Masinloc, situado a unos 230 kilómetros de la costa filipina, podría estar llevando a cabo investigaciones científicas no autorizadas, tras denunciar la continua presencia de buques chinos en la zona, según publicó el medio local Inquirer.

En medio de las denuncias, la Embajada de Estados Unidos en Filipinas anunció este martes la entrega de cuatro submarinos al Ejército de Manila, al considerar que el mar de China Meridional "requiere una vigilancia constante y de larga duración".

El principal riesgo es que esta región se convierta en escenario de un potencial conflicto entre Pekín y Washington, pues aunque Estados Unidos no mantiene ninguna disputa directa, mantiene en vigor un pacto de defensa mutua con Filipinas. EFE

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