Redacción Deportes, 19 jun (EFE).- Cuando Emmanuel Sanon encaró hacia el arco de Italia en el Mundial de Alemania 1974, iba directo hacia uno de los mejores porteros del mundo, Dino Zoff, decidido a librar un duelo fuera de toda lógica.
Haití debutaba en el Mundial y él era un delantero de 22 años, del desconocido Don Bosco de su país, que enfrentaba a una figura de la Juventus de Turín –uno de los equipos más poderosos de Europa– que acumulaba 1.142 minutos sin recibir un solo gol con la Azzurra.
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Aquel Olympiastadion de Múnich, con 70.000 personas, quedó asombrado al ver la velocidad y astucia de 'Manno' para eludir a Zoff, luego de haber dejado atrás a la defensa italiana tras una pelota larga que le puso Philippe Vorbe, terminando así con 12 partidos de valla invicta.
Esa fulgurante irrupción de Sanon, nacido en Puerto Príncipe en 1951 y fallecido en Orlando en 2008, lo tornó un héroe inesperado.
Su huella en la historia del fútbol llevó a la revista France Football a situarlo en el puesto 54 entre los 100 personajes más emblemáticos de los mundiales.
Su nombre se inscribió en el mapa de los grandes como Pelé, Maradona, Eusebio, Gerd Müller, Zidane, Paolo Rossi o Ronaldo al convertir los únicos dos goles de Haití en el torneo hasta hoy.
La huella caribeña fue imborrable, luego de que también batiera al guardameta argentino Daniel Carnevali con un impresionante remate desde fuera del área que quedó en las retinas de los aficionados.
En Alemania atestiguaron lo que el espigado delantero ya había demostrado durante las eliminatorias, en las que fue la pesadilla de los defensas rivales terminando como máximo anotador con 11 dianas, coronando a Haití como campeón de la Concacaf.
El anonimato de una isla y de un fútbol casi aficionado, bajo la sombra del régimen de Jean-Claude Duvalier les mereció la admiración mundial frente a la irreverencia de una selección que era apenas la segunda de su región en llegar al Mundial, tras Cuba en 1938.
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Haití no ganó ninguno de los partidos de su grupo en el Mundial, en el que incluso fue goleado por Polonia, pero esos dos goles hicieron que no terminaran últimos entre 16 equipos, dejando en ese lugar a Zaire, que también se estrenaba.
Aquel momento estelar llevó a Sanon a Europa para jugar con el Beerschot por seis temporadas y coronarse campeón de la Copa de Bélgica en 1979, y de ahí a Estados Unidos para unirse al Miami Americans y San Diego Sockers donde jugó hasta su retirada en 1983.
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Su aportación, en parte irrecuperable por los terremotos y los conflictos civiles que desvanecieron muchos de los registros del archivo de la federación haitiana, ha sido reconstruido por la RSSSF que logró rastrear su participación en 66 partidos internacionales con 37 goles oficiales.
Aclamado por la prensa de su país como "el mejor atleta haitiano del siglo", Sanon se destacó tanto por su talento como por el respeto, la humildad y el espíritu de equipo que caracterizaron su carrera. Su constante preocupación por el desarrollo deportivo de su nación lo llevó a dirigir la selección en la Copa Oro de 2000.
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Aunque falleció 8 años después, a los 56 años, debido a un cáncer de páncreas, su legado sigue vivo y sigue siendo el gran referente del balompié haitiano, un estatus revalidado por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS), que lo incluye en el 11 ideal de todos los tiempos de Haití.
Su recuerdo emerge ante la segunda participación histórica de la selección caribeña en el Mundial 2026, impulsada por una nueva generación que lidera Duckens Nazon, del Esteghlal iraní, goleador histórico de los Granaderos con 44 dianas.
María José Rey
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