Moscú, 12 jun (EFE).- Rusia celebró este viernes el día nacional bajo una lluvia de drones, que golpearon objetivos situados a más de mil kilómetros de la frontera ucraniana, y en medio de la operación enemiga para bloquear la anexionada península de Crimea.
Por ese motivo, el Ayuntamiento de Moscú, que dijo haber derribado dieciséis aparatos no tripulados, canceló por primera vez desde 2003 el tradicional concierto para conmemorar el Día de Rusia en la plaza Roja.
Según el Ministerio de Defensa, las defensas antiaéreas rusas derribaron esta noche 231 drones en quince regiones del país. En particular, las autoridades de la región de Tatarstán denunciaron un ataque masivo con un saldo de cuatro civiles hospitalizados al ser alcanzado un edificio de viviendas.
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El gobernador, Rustam Minnijánov, informó también de un ataque contra la industria regional, sin precisar, aunque canales de Telegram ucranianos aseguran que se trataría de dos refinerías. Por ese motivo, en la localidad de Nizhnekamsk -más de 200.000 habitantes- también fueron suspendidos todos los actos festivos.
A su vez, fueron atacadas las regiones fronterizas de Bélgorod, Briansk y Kursk; la zona bañada por el mar Caspio y Crimea. El alcalde de Toliatti (Samara), Iliá Sujij, también informó de daños en una fábrica que, según medios ucranianos, sería la planta química Toliattikauchuk, vinculada al sector militar.
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Todos estos ataques tuvieron lugar después de que Kiev lanzara hace una semana ataques masivos contra "la retaguardia profunda" en la segunda ciudad del país, San Petersburgo, donde el presidente, Vladímir Putin, acogía el foro económico más importante del año en este país.
Como es tradición, el líder ruso presidió la tradicional ceremonia de entrega de premios estatales en el Kremlin, en la que apeló a "la unidad y al patriotismo" como "los principales valores" del pueblo ruso.
"Hoy es el día de Rusia y el Todopoderoso, Dios, siempre está con nuestro país. ¡Feliz Día de Rusia!", dijo Putin, quien destacó los mil años de ininterrumpida historia del Estado ruso, que incluiría tanto el reino medieval de la Rus con capital en Kiev como los más de 200 años de invasión mongola.
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Seguidamente, Putin y los invitados levantaron las copas de champán y entonaron tres hurras "por la victoria" en Ucrania.
Según los sondeos, cada vez son más los rusos -dos tercios- que demandan un pronto cese de las hostilidades y el comienzo de negociaciones de paz con Ucrania. Con todo, el ejército ruso dice haber reavivado en los últimos días su ofensiva en el Donbás después de seis meses de guerra de trincheras.
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Ante la imposibilidad de avanzar en el norte hacia los bastiones de Sloviansk y Kramatorsk, las tropas rusas han intensificados sus ataques en Kostiantínivka. Esta localidad tenía unos 70.000 habitantes antes de la guerra y se encuentra a 30 kilómetros al sur de Kramatorsk.
Defensa destacó que en dicha urbe tienen lugar "combates callejeros" y que ya se ha hecho "totalmente" con el control de su parte oriental. Además, las unidades rusas estarían eliminando a los defensores en el suroeste y en el territorio de una estratégica planta metalúrgica.
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Mientras, los militares ucranianos reconocen que están intentando aislar Crimea -cuya anexión en 2014 es el mayor orgullo de Putin- del resto de los territorios ocupados por Rusia. Para ello, la clave es la carretera que une la región rusa de Rostov con la península a través del corredor terrestre en el Donbás.
Los blogueros militares rusos admiten que, a día de hoy, esa carretera es prácticamente intransitable para coches particulares, camiones cisterna o autobuses. De hecho, tanto las autoridades de Crimea como de Donetsk han limitado el tránsito de autobuses.
La industria turística de Crimea ya está sufriendo en sus propias carnes los efectos de la campaña ucraniana. El número de reservas hoteleras cayó un 31 % entre el 24 de mayo y el 6 de junio -hubo un 79 % de cancelaciones-, con lo que ahora no figura ni entre los primeros diez destinos preferidos por los rusos, según los datos de TravelLine.
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El jefe del Parlamento crimeo, Vladímir Konstantínov, había pronosticado que este verano superarían de nuevo las cifras turísticas de cuando el territorio estaba bajo control de Kiev, es decir, los 7 millones de visitantes. Pero, según los expertos, Crimea podría perder este año varios millones de turistas debido a la amenaza de los drones.
Región totalmente dependiente de Rusia para el suministro de agua, gasolina y otros productos básicos, ha tenido que introducir talones en las gasolineras, mientras en las estanterías de las tiendas está desapareciendo el arroz, la pasta, la harina o el azúcar debido al pánico que ha cundido entre la población, según la prensa independiente. EFE
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(foto)(vídeo)
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