Bruselas, 12 jun (EFE).- La Unión Europea (UE) acudirá la próxima semana a la cumbre del G7 en Évian, en el sur de Francia, con una agenda propia centrada en tres frentes: China, Ucrania y el estrecho de Ormuz.
La cumbre, que se celebra entre el lunes y el miércoles en la localidad francesa a orillas del lago Lemán y en la que la UE participa como miembro de facto, coincide con un momento de máxima tensión geopolítica y económica global.
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Las prioridades comunitarias son exigir medidas concretas frente al exceso de capacidad industrial de China, reclamar a Washington que mantenga su apoyo a Ucrania para lograr una paz en la que los intereses europeos estén representados y comprometerse a garantizar la navegación en el estrecho de Ormuz si se llega a un acuerdo con Irán.
En el capítulo chino, el consenso sobre el problema (el gigantesco superávit comercial con Pekín y sus efectos desestabilizadores) ya existe, pero el debate en la cumbre no versará sobre el análisis, sino sobre la respuesta: qué controles a la exportación adoptar y cómo coordinar las políticas comerciales.
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Bruselas insistirá, además, en que este trabajo debe trasladarse al G20, único foro donde China está sentada a la mesa, tras un diálogo inédito el pasado jueves entre el G7, China y países invitados (Brasil, India, Corea del Sur, Kenia y Egipto) sobre la necesidad de reequilibrar la economía mundial.
A esto se suma la cuestión de los minerales críticos: Pekín domina la cadena de valor global y los socios del G7 negocian hasta el último momento el texto de una declaración conjunta sobre cómo reducir esa dependencia, garantizar la trazabilidad y escalar la producción propia.
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El marco financiero vigente es el préstamo de 90.000 millones de euros (dos tercios para apoyo militar, el resto presupuestario), sin nuevos fondos previstos.
La UE valora el esfuerzo estadounidense en el proceso de paz, pero subraya que cualquier negociación debe ser sustancial: Rusia no ha mostrado hasta ahora voluntad real de comprometerse en conversaciones que produzcan resultados concretos, según han recalcado en repetidas ocasiones los presidentes de la Comisión, Ursula von der Leyen, y del Consejo, António Costa.
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En el plano político, Bruselas no aspira a ser mediador neutral, sino parte interesada: la seguridad del continente europeo está en juego y la UE exige que sus intereses estén representados en cualquier acuerdo final, con Kiev con la última palabra.
La crisis afecta de forma desproporcionada a Europa, más dependiente que EE.UU. de las importaciones de combustibles fósiles del golfo Pérsico, con un impacto que se extiende también a varios países asiáticos, entre ellos Japón, que participa en la cumbre.
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Bruselas está dispuesta a participar en la coalición marítima que impulsan Francia y Reino Unido para garantizar el paso por el estrecho, aunque tanto esta iniciativa como el fortalecimiento de la Operación Aspides, ya desplegada por la UE en el mar Rojo, están condicionadas a un acuerdo previo entre Washington y Teherán.
La UE, que ya cuenta con legislación propia en vigor mediante la Ley de Servicios Digitales, respalda la declaración impulsada por París y llega con una posición de autoridad en un debate en el que los socios del G7 comparten el diagnóstico pero difieren en los instrumentos. EFE
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