
La población de Etiopía está llamada este lunes a las urnas para unas elecciones generales en las que el partido del primer ministro, Abiy Ahmed, aspira a hacerse con una nueva victoria en las urnas, unos comicios que llegan en medio del repunte de las tensiones en las regiones de Tigray y Amhara (norte) y ante la intensificación de los conflictos y las luchas por el poder en torno al Cuerno de África.
El gubernamental Partido de la Prosperidad (PP) de Abiy es considerado como el virtual ganador de las elecciones, entre denuncias por parte de la oposición sobre el aumento de la represión contra el espacio cívico y la falta de verdaderas oportunidades para competir en las urnas y lograr un cambio del ciclo político abierto tras la llegada del jefe del Ejecutivo al cargo en abril de 2018.
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La presidenta de la Oficina Nacional de Elecciones de Etiopía (NEBE, según sus siglas en inglés), Melatwork Hailu, explicó el viernes que el organismo ha llevado a cabo "un trabajo robusto" para garantizar la representatividad, con 47 partidos y cerca de 11.000 candidatos en liza para las generales, antes de defender que trabajará para garantizar un proceso "libre, justo, creíble e independiente", según la cadena de televisión Fana.
Abiy, un destacado político oromo de 49 años, llegó al puesto de primer ministro en febrero de 2018 tras la renuncia en febrero de ese año de Hailemariam Desalegn, momento en el que puso en marcha reformas y cerró un acuerdo de paz con la vecina Eritrea, lo que le valió el aplauso de la comunidad internacional y ser galardonado con el premio Nobel de la Paz en 2019.
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Sin embargo, las esperanzas de cambio se vieron rápidamente opacadas por las denuncias sobre un retorno a la represión y el estallido de la guerra con el Frente para la Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) --que lideraba la coalición gubernamental hasta la llegada al poder de Abiy-- entre 2020 y 2022, un conflicto en el que las tropas Adís Abeba contaron con apoyo de Eritrea.
De hecho, a pesar de la relativa estabilidad lograda en noviembre de 2022 con la firma de un acuerdo de paz y la creación de una autoridad interina en Tigray, las tensiones han resurgido durante los últimos meses, marcados por la exclusión del grupo tigriña de las elecciones y sus movimientos para recuperar el control del gobierno regional, lo que ha elevado los temores de una renovación del conflicto.
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El jefe del TPLF, Debretsion Gebremichael, se hizo el control de las autoridades regionales a principios de mayo, apartando a Tadesse Werede, respaldado desde Adís Abeba, tras meses de acusaciones sobre violaciones del acuerdo de paz, con Etiopía acusando incluso a Eritrea de estar apoyando al grupo tigriña, algo desmentido desde Asmara.
EL CONFLICTO INTERNO
Por ello, las elecciones tendrán de nuevo lugar en un contexto de crisis superpuestas, especialmente por las citadas tensiones en Tigray y Ahmara --también afectada por el conflicto entre las tropas gubernamentales y las milicias Fano, anteriormente aliadas de Adís Abeba--, a lo que se suma la situación en Oromía, donde las fuerzas gubernamentales han protagonizado combates esporádicos con los rebeldes del Ejército de Liberación Oromo (OLA).
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Estas hostilidades han provocado el desplazamiento de decenas de miles de personas y han supuesto grandes obstáculos a los esfuerzos de Abiy para cumplir sus promesas de estabilizar y pacificar el país, ante las críticas internas y las dudas internacionales por algunas acciones de las autoridades, que esperan que las elecciones supongan una renovación de su legitimidad.
Así, la comisión electoral ha anunciado que la votación no tendrá lugar en más de 45 circunscripciones en Tigray y Amhara citando motivos de seguridad y las tensiones políticas, lo que amenaza con socavar la representatividad de los resultados.
Los comicios serán los primeros que se celebran desde 2021, cuando Abiy logró renovar su mandato, por lo que el Gobierno considera que una nueva victoria electoral, que se da por sentada, serviría para cimentar la posición del PP, creado en diciembre de 2019 por el propio Abiy como sucesor del histórico Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), del que se salió precisamente el TPLF, lo que desató meses después el citado conflicto en Tigray.
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Al margen de los episodios de conflicto interno, Amnistía Internacional ha puesto el foco en la "intensificación de la represión" de las autoridades contra la libertad de prensa, en lo que describe como "un intento cínico de silenciar las críticas" de cara a las generales, incluidas detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas y vigilancia ilegal a periodistas.
"Las autoridades etíopes deben revertir estas tendencias cada vez más autoritarias y poner fin de inmediato a esta campaña de represión contra los medios de comunicación", dijo esta semana el director de la ONG para África oriental y Meridional, Tigere Chagutah, quien pidió a la comunidad internacional "pronunciarse contra del desmantelamiento sistemático de los medios de comunicación independientes del país, mientras los ciudadanos se preparan para votar".
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CONFLICTO REGIONAL
Por otra parte, Etiopía se ha visto afectada por los conflictos y crisis políticas en el Cuerno de África, marcado por una lucha entre dos bloques diferenciados y respaldados por países externos, encabezados por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU), reflejo de sus propias diferencias en Oriente Próximo.
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Así, las tensiones de los últimos años con Sudán y Egipto por el proyecto hidroeléctrico de Etiopía en el río Nilo Azul se han materializado también en el posicionamiento de Adís Abeba respecto a la guerra civil desatada en abril de 2023 entre el Ejército sudanés y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).
Sudán ha acusado en numerosas ocasiones a Etiopía de posicionarse del lado de las RSF --que tienen en EAU a su principal aliado--, incluidas denuncias en las últimas semanas sobre ataques con drones desde territorio etíope, mientras que Adís Abeba ha asegurado que el TPLF se ha puesto del lado de las tropas gubernamentales sudanesas, apoyadas por Arabia Saudí, Egipto y Turquía.
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A ello se suma la reunión celebrada recientemente en la ciudad sudanesa de Puerto Sudán --sede gubernamental durante varios años a causa de la guerra con las RSF-- por grupos opositores etíopes y representantes eritreos y sudaneses, bajo el paraguas de la iniciativa 'Tsimdo', que Adís Abeba ve con suspicacia y considera una posible amenaza para su seguridad.
Etiopía ha estrechado además sus lazos con la región separatista somalí de Somalilandia, con la que llegó a firmar en 2024 un memorando de entendimiento que causó una profunda crisis política con Somalia, en el marco de sus intentos de recuperar su salida al mar Rojo, que considera clave para el futuro económico del país africano, el más poblado de esta zona del continente.
A la ecuación se suma el hecho de que Israel se convirtiera en diciembre de 2025 en el primer país del mundo en reconocer la independencia de Somalilandia --un paso criticado en bloque por Somalia, la Unión Africana y la Liga Árabe-- y las crecientes relaciones entre Hargeisa y EAU --también firme aliado de Etiopía--, que en 2020 dio el paso de normalizar relaciones con Israel, lo que ha abierto un nuevo frente geoestratégico en el continente.
Por todo ello, las elecciones llegan en un momento clave para el futuro próximo de Etiopía, si bien existen pocas expectativas de un cambio real a nivel de gobierno que pueda traducirse en un giro en las políticas de Adís Abeba, que probablemente contará con un nuevo mandato de Abiy a la hora de dirigir los designios del país y capear las múltiples crisis internas y externas que acechan al país africano.
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