Jan al Ahmar (Cisjordania), 25 may (EFE).- Tras 15 años de batallas legales, Israel podría destruir en los próximos días la aldea palestina de Jan al Ahmar (al este de Jerusalén) sin que esta vez la comunidad internacional haga nada para evitarlo. Con su traslado forzoso, Israel busca partir Cisjordania en dos y conectar Jerusalén con la colonia ilegal de Maale Adumin.
Como respuesta a una supuesta solicitud de arresto emitida por la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, el ministro supremacista y colono de Finanzas, Bezalel Smotrich, ordenó hace una semana la "evacuación en un plazo breve" de esta aldea; un grupúsculo de chozas de lona y de madera -sin red eléctrica o agua corriente- a las faldas de la autopista 1, donde hay también un colegio, mil cabezas de ganado y un camello.
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Su anunció revivió lo ocurrido el 4 de julio de 2018, cuando palestinos -junto a activistas israelíes y extranjeros- bloquearon con sus cuerpos una excavadora israelí que se disponía a nivelar el terreno y fueron agredidos por policías.
El Tribunal Supremo israelí había dictaminado ese mayo que la demolición de Jan al Ahmar era legal y el 5 de septiembre de 2018 desestimó las apelaciones pendientes.
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Pero durante todos meses, decenas de activistas acamparon en el patio de la escuela, diplomáticos se dejaron ver de forma regular e, incluso, el Parlamento Europeo emitió una resolución, el 13 de septiembre, advirtiendo a Israel de que dicho acto constituiría "una grave violación del derecho internacional".
Sin embargo, en esta ocasión, el anuncio israelí del inminente desplazamiento forzoso de esta población de 300 habitantes -que según el IV Convenio de Ginebra constituye un crimen de guerra- ha pasado de soslayo en el frenesí destructivo del actual Gobierno de coalición israelí.
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"Nos encontramos en un momento muy peligroso", reconoce a EFE Eid Jamís Yahalin, el portavoz de esta y otras 26 aldeas beduinas en riesgo de expulsión en esa zona de Cisjordania, estratégica para Israel.
Jamís, descendiente de refugiados, padre de siete hijos y nacido en Jan al Ahmar en 1966, explica cómo hace ocho años "el mundo entero" presionó para que Israel no actuara, pero dice que ahora son "un problema pequeño" en comparación con las ofensivas en Líbano, Gaza e Irán, y con las demoliciones tanto en Cisjordania como en el Valle del Jordán.
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"(Israel) está matando a 70.000 palestinos en Gaza, ¿qué va a hacer el mundo? Está matando a 3.000 árabes de Líbano, ¿qué crees que va a hacer el mundo? Me temo que en algún momento vendrán las excavadoras y los soldados. Pero no sabemos cuándo", lamenta.
Muchos de los niños de Jan al Ahmar corretean descalzos y, ante la llegada de los periodistas, corean: "¡colonos, colonos!", como si ya se hubieran acostumbrado a la creciente ubicuidad israelí en Cisjordania ocupada.
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Desde octubre de 2023, Israel ha facilitado la creación de 93 asentamientos ilegales y 207 'outposts', según datos de Peace Now. Y al menos 59 comunidades palestinas, hogar de más de 4.000 personas en las Áreas C y B, han sido desplazadas por la fuerza, de acuerdo con documentación de B'Tselem.
"Cada día sucede algo. (Los colonos) lanzan piedras e insultan y golpean a los niños. Se llevan a nuestras ovejas", dice a EFE una mujer beduina, que prefiere permanecer en el anonimato. Jamís asegura que, en ocasiones, entran incluso en el colegio donde estudian 170 alumnos.
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La demolición de Jan al Ahmar forma parte de "una estrategia más amplia y coherente para anexar, 'de facto' o 'de jure', la Zona C entre Jerusalén Este y el valle del río Jordán, en la Cisjordania ocupada", asegura en un análisis el israelí Daniel Seidemann, fundador de la ONG Terrestrial Jerusalem, que monitorea el impacto del conflicto israelí-palestino en esta ciudad.
Este abogado afirma que la limpieza étnica de este corredor, junto a la licitación anunciada en diciembre para la construcción de 3.401 viviendas (el proyecto de asentamiento conocido como E-1), permitirá a Israel fragmentar Cisjordania en un cantón septentrional con Ramala y Nablus, y otro cantón discontinuo de Belén a Hebrón, aislando la urbe que los palestinos anhelan como su capital: Jerusalén Este.
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"La creación de un Estado palestino viable y continuo se volverá prácticamente imposible", admite Seidemann, quien califica la expulsión de Jan al Ahmar y la construcción de E-1 como "dos líneas rojas universalmente reconocidas" que Israel parece dispuesto a cruzar "en un futuro inmediato".
"¿Que qué le diría a Smotrich? ¿Por qué, acaso me escucha?", dice Jamís al ser preguntado. "No, no me escucha. Muchas organizaciones del lado israelí han visitado y apoyado mi aldea. Les dije, hace años, que le dijeran a Smotrich que viniese, viese la aldea y hablase con su gente. No lo hizo".
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"A los israelíes no les gusta ningún palestino desde el río hasta el mar", añade, y critica que la Unión Europea siga comprando productos de los asentamientos israelíes mientras asegura apoyar a los palestinos.
Patricia Martínez y Miguel Flores
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