La conservación como arma para evitar la extinción de ballenas, águilas y flora endémica

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Madrid, 22 may (EFE).- Tras el éxito del lince ibérico, especialistas destacan en el Día Internacional de la Diversidad Biológica cómo la restricción de la caza, la lucha contra el veneno o las microrreservas han conseguido evitar la extinción de especies como la ballena azul, el águila imperial o el árbol de Franklin.

"La velocidad de recuperación sigue siendo más lenta que la velocidad de desaparición", advierte Miguel Ángel Hernández, portavoz del Área de Naturaleza de Ecologistas en Acción, "pero, si hacemos lo suficiente y lo hacemos bien, podemos revertir la pérdida generalizada de biodiversidad".

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Más allá del lince ibérico -la única especie que ha conseguido bajar dos categorías de peligro en apenas 20 años-, para este biólogo el águila imperial es un claro ejemplo de conservación en España.

La población de estas aves pasó de entre 50 y 70 parejas en los años 60 y 70, a superar las 1.000 en la actualidad, "simplemente aplicando programas de conservación en el hábitat" y limitando amenazas como venenos y tendidos eléctricos.

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A nivel internacional, Hernández destaca que grandes cetáceos como la ballena azul -el mayor animal del planeta- han recuperado su población "gracias a una medida tan sencilla como limitar la caza"; tras alcanzar su punto más crítico, estos animales superan ya los 10.000 ejemplares "y algunas estimaciones hablan de 20.000".

Otro "clásico" son las tortugas de Galápagos, cuya población cayó con fuerza "debido a las especies invasoras", pero que se recuperaron con la implantación de "programas de control y de restauración ecológica", cuenta a EFE Catherine Numa Valdez, coordinadora del Programa de Estándares e Indicadores de Biodiversidad del Centro de Cooperación del Mediterráneo UICN-Med.

En materia de flora, España es muy rica en endemismos como la margarita de Sierra Nevada, el drago de Gran Canaria o la flor de Gibraltar, que se han ido recuperando en los últimos tiempos.

Esto es posible gracias a la creación de microrreservas y a la reducción de amenazas como el pisoteo del ganado o de los turistas, explica Hernández.

Añade que los bancos de semillas también son una estrategia clave para rescatar estas especies "si aún fuéramos tan torpes de echarlas a perder".

En este sentido, Numa Valdez destaca el caso del árbol de Franklin, que se recuperó en Estados Unidos gracias a que se habían recolectado sus semillas antes de que desapareciera; ahora "todos los ejemplares que existen de esa especie vienen de las semillas".

Además de la intervención humana, el cambio climático es otro de los factores que impulsa la pérdida de biodiversidad; ante esta situación, Silvia Díaz Lora, técnica del Departamento de Especies de WWF, sostiene que la fauna y la flora tienen dos alternativas a la extinción: migrar o adaptarse.

Para que se dé esa migración climática, es necesario que existan "corredores ecológicos" que conecten distintas zonas para que las especies puedan ir de un hábitat a otro más favorable; por eso es importante restaurar "no sólo las áreas protegidas, sino otras cercanas".

En cuanto a la adaptación, Díaz Lora confirma que ya hay ejemplos de ello: el carbonero está adelantando su puesta para que coincida con la presencia de las orugas, que están saliendo antes por el aumento de las temperaturas y son el alimento preferido de sus polluelos.

"Pero no todas las especies pueden adaptarse", advierte esta doctora en Biología.

Algunas plantas están floreciendo antes por los cambios en el clima; esto "tiene un efecto negativo", porque se produce un desajuste entre especies, ya que "sale la flor, pero los polinizadores todavía no están ahí para coger el polen".

En un contexto de clima cambiante y de pérdida de biodiversidad, Numa Valez aboga por que la Lista Roja de Especies Amenazadas no sea solo un "listado de especies condenadas a desaparecer", sino una herramienta que también permita "identificar esas historias de recuperación y demostrar que la conservación sí funciona".