Roma, 17 may (EFE).- Jannik Sinner se reafirmó en Roma como el rompe récords que es: el más joven en ganar los nueve Masters 1000, el primero en lograr seis seguidos, el único junto a Rafael Nadal en conquistar los tres de tierra en una misma temporada, y el encargado de poner fin a la racha de victorias más larga del circuito.
El tenista de San Cándido parece no tener techo, y está imparable. Confirmó su condición de favorito, no defraudó a su gente, brilló y dejó claras sus intenciones de cara a París. Aunque se mostró en ciertos momentos fatigado, y así lo hizo saber, ninguno pudo arrebatarle el trofeo al que estaba destinado.
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En las gradas del Foro Itálico, todas las miradas estaban puestas en él. Tenía en sus manos la oportunidad de alcanzar la gloria para Italia, algo que ningún compatriota lograba en Roma desde que Adriano Panatta lo hiciera por última vez hace cincuenta años. "Obviamente no te vi ganar, a lo mejor ni mis padres estaban juntos todavía", dijo el italiano sobre la pista a la leyenda del tenis transalpino.
Su camino hacia la historia en Roma pasó, de principio a fin, por Sebastian Ofner, Alexei Popyrin, Andrea Pellegrino, Andrei Rublev, Daniil Medvedev y Casper Ruud. Pero estas dos semanas, según valoró, fueron "verdaderamente largas", y estuvieron envueltas también en especulaciones sobre su estado físico.
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Sinner brilló en la capital, pero también dejó señales de preocupación de cara a Roland Garros. Es posible que la presión de sentirse obligado a seguir rompiendo récords haya terminado pasándole factura. Y las teorías no tardaron en llegar: ataques de pánico, presión, simulación...
En la semifinal quedaron en evidencia varios problemas físicos. Mostró claros signos de fatiga, respiró con dificultad en distintos momentos del partido, se apoyó repetidamente sobre las rodillas y hasta le temblaba la mano intensamente al beber agua. Incluso, en un momento, se ocultó detrás del marcador, aparentemente con intención de vomitar.
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Pero venció sus fantasmas y el tenista que pudo frenarle durante estos últimos años, Carlos Alcaraz, estaba ausente por lesión. Sinner coronó así su sexto Masters 1.000 consecutivo, después de París (2025), Indian Wells (2026), Miami (2026), Montecarlo (2026), Madrid (2026). Nadie antes lo hizo.
Consiguió el 'Career Golden Masters', un logro reservado a quienes ganan los nueve torneos Masters 1.000, algo que hasta entonces solo había alcanzado Novak Djokovic, y además lo hizo con siete años más que él.
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Parece ser su año. A sus 24 años, encarna esa nueva generación, junto al murciano, de tenistas que tomaron el relevo tras el 'Big Three'. Volvió a enganchar a todo un país al tenis, atrayendo además a una nueva generación. Este año recuperó el número uno del mundo y encadena ya 34 victorias consecutivas en esta categoría, una hazaña inédita.
Tuvo altibajos en años anteriores. En febrero de 2025 aceptó una suspensión de tres meses por positivo por clostebol. Pero regresó de nuevo a la competición en mayo por todo lo alto y volvió a situarse entre los mejores.
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En 2025 ganó el Abierto de Australia y Wimbledon, convirtiéndose en el primer italiano en triunfar en el torneo londinense, fue finalista en Roland Garros y en el Abierto de Estados Unidos -que conquistó en 2024-, y volvió a imponerse en las Finales ATP.
Quiere romper todos los récords que encuentra en su camino, aunque algunos, como el de ser el más joven en conquistar los cuatro Grand Slams, se los haya arrebatado su gran rival, Alcaraz. Ahora tiene la mira en Roland Garros. Levantar el título en París le permitiría completar su colección de Grand Slams y seguir rompiendo barreras.
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Carlos Expósito
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