¿Por qué los tenistas quieren boicotear el circuito?

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 Londres, 8 may (EFE).- La brecha entre ser el número 80 del circuito ATP y el número 100 es más grande de lo que parece. Puede parecer que veinte puestos no son demasiados, pero es la diferencia entre poder vivir cómodamente de este deporte o no. ¿Por qué? Porque ser el número 80 asegura entrar al cuadro final de los cuatro Grand Slams. Es decir, asegurar un ingreso mínimo al año de 250.000 euros. Ahora, los tenistas quieren más.

 Y quieren más porque los números les permiten pedir más. El tenis es uno de los deportes que menor porcentaje de ingresos reparte entre sus mayores protagonistas. El sentir en los vestuarios es general. "Sin nosotros no hay torneos", deslizan, al tiempo que los Grand Slams, los mejores torneos del mundo, dan un 15 % de sus ingresos totales a sus tenistas. Esta cifra está muy lejos del 20/25 % de otros deportes como la NBA y la NFL.

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"En algún momento pensaremos en el boicot", expresó durante la disputa del torneo de Roma Aryna Sabalenka, la mejor tenista del mundo y una de las voces más autorizadas y contundentes del circuito. "Parece que es la única forma que tenemos para luchar por nuestros derechos. Creo que es fácil que nos unamos porque esto es una injusticia", añadió la bielorrusa.

La noticia que ha provocado este terremoto en el tenis ha llegado de Francia, donde la federación de este país anunció una subida de premios del 9,5 % para la edición de Roland Garros 2026. En total, repartirán 61,7 millones, de ellos 2,8 al ganador, tanto masculino como femenino, y cada participante en primera ronda se llevará 87 000 euros.

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Pese a que el bote ha aumentado un 45 % desde 2019, los tenistas sienten que no se está haciendo lo suficiente. La estimación es que Roland Garros genere más de 400 millones en su próxima edición, por lo que los tenistas solo recibirían un 15 % del mismo.

Los tenistas critican la falta de comunicación entre los torneos y los jugadores y la escasa inversión en el bienestar de los tenistas y claman que el sistema no refleja su importancia.

Coco Gauff, la número cuatro del mundo, aseguró que está de acuerdo con la idea del boicot de Sabalenka y cree que otras jugadoras también.

"Esto no va sobre mí. Va sobre el futuro del deporte y sobre los jugadores que no consiguen los mismos beneficios que otros, sobre todo cuando no perciben los mismos ingresos por patrocinios. Cuando ves el top 50, 100 y 200, y ves lo que genera cada Grand Slam... Es triste que muchos de estos jugadores vivan día a día. En cualquier otro deporte esto no sería ni una conversación", apuntó la estadounidense.

Hace un año, el top 20 de la ATP y la WTA mandó una carta a los Grand Slams pidiendo que el reparto del pastel fuera más beneficioso a los jugadores. Calcular una cifra es difícil, pero Casper Ruud, top 10, afirmó que en un mundo ideal, la distribución sería del 50 % para el torneo y el 50 % para los torneos.

"Hemos estado callados durante mucho tiempo y creo que ahora hemos llegado a un punto en el que es justo hablar también de estas cosas. Nosotros no pedimos el 50 %, faltaría más, pero quizás estamos recibiendo un poco demasiado poco", manifestó Jannik Sinner, número uno.

De los cuatro Grand Slams, tres de ellos (Australian Open, US Open y Roland Garros), pertenecen a sus federaciones, mientras que Wimbledon está en manos de un club privado, el All England Club. Para defender el reparto actual, estos se escudan en que no se generan apenas beneficios, sino que todos los ingresos se reinvierten en las instalaciones, en otros torneos que están bajo el paraguas de la federación y en nutrir su propio talento.

En el caso de Wimbledon, de los casi 500 millones de ingresos anuales que generan, apenas se saca un beneficio de alrededor de 50 millones. Por contrato, el 90 % de esta cifra va a parar a las arcas de la federación británica de tenis.

La PTPA, una asociación creada por Novak Djokovic para luchar por los derechos de los tenistas, fracasó y anunció su clausura hace unos meses. La esperanza de la creación de un circuito paralelo como el caso del LIV en el golf también parece lejana porque las inversiones de los saudíes se han reducido.

Ante la falta de otras alternativas, los tenistas pueden optar por medidas más contundentes.

Manuel Sánchez Gómez