Las pullas del rey Carlos III a Trump: Si no fuera por nosotros, ustedes hablarían francés

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Washington, 29 abr (EFE).- El rey Carlos III del Reino Unido logró con su visita de Estado a Washington rebajar las tensiones entre el Gobierno británico y la Administración de Donald Trump, aunque no evitó los temas de fricción, con varias pullas veladas a Estados Unidos, algunas de ellas disfrazadas con el inconfundible humor británico.

El monarca, que este miércoles se encuentra en Nueva York, protagonizó el martes la jornada central de la visita junto a la reina Camila, al ser recibido por Trump y Melania en una ceremonia de honor en la Casa Blanca, pronunciar un discurso ante el Congreso y regresar por la noche a la residencia presidencial para una cena de gala.

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Fue en esa cena, celebrada en la Sala Este de la Casa Blanca y amenizada con un refinado menú de gastronomía francesa y vinos estadounidenses, donde el monarca británico hizo gala de sus características con varias bromas que Trump encajó con deportividad.

Durante su discurso, Carlos recordó que Trump suele afirmar, en referencia a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, que si no fuera por los estadounidenses toda Europa hablaría hoy alemán, un comentario que el republicano utiliza para subrayar la dependencia europea.

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"Me atrevo a decir que, si no fuera por nosotros, ustedes hablarían francés", bromeó Carlos ante las risas de los invitados, incluido el propio Trump y varios miembros de su Gobierno.

El rey aludía así a la rivalidad histórica entre británicos y franceses por la colonización de Norteamérica, antes de la independencia de Estados Unidos hace 250 años.

Carlos continuó con las bromas y aseguró que, en esta nueva visita, no había podido apreciar los "reajustes" en el Ala Este, que fue derribada por Trump para construir un polémico salón de baile.

"Lamento decir que nosotros, los británicos, hicimos nuestro propio intento de remodelar la Casa Blanca en 1814", dijo, en referencia a cuando tropas británicas incendiaron el edificio durante la guerra anglo-estadounidense.

Carlos regaló al presidente una campana del submarino británico HMS Trump de la Segunda Guerra Mundial, sin relación con la familia del mandatario.

"Que sirva como testimonio de la historia compartida de nuestras naciones y de su brillante futuro. Y si alguna vez necesitan contactarnos, no duden en tocar la campana", añadió.

El rey acudió a la cena tras haber pronunciado un discurso ante el Congreso, el segundo de un monarca británico tras el de Isabel II en 1991.

Entonces, la madre de Carlos intervino después de que el Reino Unido apoyara a Estados Unidos en la guerra del Golfo, en un contexto distinto al actual, marcado por las críticas de Trump al Gobierno laborista de Keir Starmer y a los aliados de la OTAN por su negativa a implicarse en la guerra con Irán iniciada por Washington junto a Israel.

Trump no estuvo presente en el Congreso, pero ante la mirada del vicepresidente, JD Vance, Carlos III lanzó un mensaje de reconciliación y unidad, e instó a ignorar los "llamamientos al aislacionismo".

El monarca defendió la OTAN al afirmar que los aliados están comprometidos con "la defensa común" y recordó que la primera vez que se activó el artículo 5 fue para apoyar a Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

También instó a Estados Unidos a mantener una "inquebrantable determinación" en el apoyo a Ucrania, en un momento en que el conflicto ha perdido centralidad.

Con años de activismo climático a sus espaldas, Carlos III lanzó además un mensaje velado frente al negacionismo de Trump: "Ignoramos, bajo nuestro propio riesgo, el hecho de que los sistemas naturales constituyen la base de nuestra prosperidad y nuestra seguridad nacional".

Trump, declarado admirador de la monarquía británica, se tomó con humor las alusiones del rey y elogió que lograra arrancar una ovación bipartidista en el Congreso.

 "Logró que los demócratas se pusieran en pie. Yo nunca he podido hacerlo, no me lo podía creer", dijo en la cena.

Eduard Ribas i Admetlla