La familias monógamas ya eran el núcleo de las sociedades europeas del siglo V

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Madrid, 29 abr (EFE).- El colapso del Imperio romano de Occidente a partir del año 470 después de Cristo (d. C.) dio lugar a las estructuras sociales modernas, con familias monógamas como elemento nuclear de la sociedad.

Así lo infiere una investigación que ha aplicado las últimas tecnologías de análisis genético a restos humanos de varios yacimientos funerarios de Bavaria (Alemania), de entre los siglos V y VIII d. C.

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El estudio aparece recogido este miércoles en la revista Nature, y en el equipo internacional de investigadores que lo ha llevado a cabo está la genetista experta en sistemas sociales, Lea Guyon, afiliada a la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

A través de los restos humanos encontrados en estos yacimientos funerarios de la frontera Sur de Alemania, los investigadores han podido estudiar el genoma de 258 individuos entre los años 400 y 700 d. C.

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A su vez, los han comparado con otros 2.500 genomas antiguos procedentes de otros yacimientos europeos y con 379 genomas modernos.

Los autores han utilizado una técnica conocida como ‘Chronograph’ que relaciona dataciones por radiocarbono con la genealogía de los individuos para calcular detalles como, por ejemplo, a qué edad han tenido hijos las mujeres.

Los análisis genéticos revelan un importante cambio demográfico que coincide con el colapso de las estructuras estatales romanas a finales del siglo V.

En ese momento, la población fundadora romana de ascendencia nórdica se mezcló con habitantes de otros asentamientos romanos de una gran diversidad genética, procedentes de toda Europa e incluso de Asia.

Hasta hace poco se pensaba que esta mezcla entre nórdicos y romanos del centro y sur europeos se produjo a raíz de una migración a gran escala.

Sin embargo, trabajos como este hablan “de que la población nórdica ya estaba bastante integrada familiarmente en las sociedades centroeuropeas cuando se produce el fin del Imperio romano”, declara Lea Guyon en una entrevista con EFE.

Guyón y el resto del equipo creen que más que una migración a gran escala, aquella sociedad era el resultado de la movilidad de pequeños grupos, que se fueron integrando y formando familias con otras personas del Imperio romano, lo que dio lugar a la diversa mezcla genética de los europeos modernos.

Los análisis genéticos han revelado que la esperanza de vida en aquellos tiempos era de 43,3 años para los hombres y de 39,8 años para las mujeres, una diferencia que atribuyen a que el embarazo y el parto eran, potencialmente, factores de riesgo importantes de muerte prematura.

Han visto también que la mortalidad infantil era elevada y casi una cuarta parte de los niños perdía a los dos padres antes de los 10 años, aunque la mayoría (81,8 %) crecieron con al menos un abuelo.

"El sistema social se centraba en familias nucleares, cuyos miembros practicaban la monogamia de por vida, evitaban el incesto, y no practicaban el levirato" (la obligatoriedad del matrimonio de una viuda sin hijos con sus cuñados), señala la investigadora.

“Vemos también que hay pocos casos de individuos que tienen hijos con personas diferentes, lo que sugiere que había una tendencia a la monogamia de por vida”, comenta la investigadora de origen francés.

Además, las tumbas de las personas relacionadas se ubican más cerca unas de otras, especialmente las de padres e hijos.

Estos detalles hablan de la continuidad de las prácticas sociales tardorromanas que dieron forma a la forma de familia europea moderna a partir del siglo VII d. C.

Asimismo, "revelan que la transición de la Antigüedad tardía a la Alta Edad Media fue compleja y no debe verse únicamente a través del prisma tradicional del conflicto entre los bárbaros y el Imperio romano", concluye la investigadora.