Redacción Ciencia, 23 abr (EFE).- Los mares del Cretácico Superior, hace de 100 a 72 millones de años, estuvieron dominados por pulpos gigantes, de hasta 19 metros de longitud, conforme ha revelado el análisis de 27 mandíbulas fósiles con las nuevas tecnologías arqueológicas.
La revista Science recoge este jueves un trabajo en el que investigadores de varias universidades japonesas describen a estas sorprendentes criaturas del pasado, similares a los ‘kraken’, los pulpos gigantescos mencionados en la mitología nórdica.
Hasta ahora, los científicos creían que los principales depredadores oceánicos del Cretácico fueron reptiles marinos gigantes y tiburones, mientras que los invertebrados habrían servido como presas.
Pero, a diferencia de los invertebrados con caparazón, los pulpos siguieron una trayectoria evolutiva única según ha revelado el análisis fósil. En lugar de caparazones protectores, desarrollaron cuerpos blandos, lo que les proporcionó una movilidad, una visión y una inteligencia sin precedentes en el mundo marino.
Llegaron a alcanzar tamaños enormes y actuaron como depredadores de primer orden, pero su papel ecológico ha sido difícil de determinar debido a la escasa evidencia fósil existente.
Para rellenar este ‘vacío’ los investigadores japoneses evaluaron los patrones de desgaste en 15 mandíbulas fósiles existentes de pulpos de la antigüedad, ya que a través de ellas las nuevas tecnologías permiten averiguar las dimensiones del animal al que pertenecieron.
Además, hay mucha información que se puede obtener estudiando el desgaste de la mandíbula, producido al morder presas con esqueletos duros, pues deja daños característicos similares a los observados en los cefalópodos modernos cuando rompen conchas para alimentarse de lo que hay en su interior.
Mediante técnicas avanzadas de prospección digital de fósiles, los investigadores japoneses descubrieron 12 mandíbulas más de pulpos con aletas en sedimentos del Cretácico Superior. Al analizarlas, vieron que correspondían a dos especies principales: Nanaimoteuthis jeletzkyi y N. haggarti.
Correspondieron a estos pulpos de la antigüedad, que en el caso de N. haggarti poseía aletas, y alcanzaban tamaños excepcionales, según los autores, de entre 7 y 19 metros, rivalizando en dimensiones con los reptiles marinos gigantes contemporáneos. Se trata de los ejemplares de invertebrados más grandes descritos hasta la fecha.
En el caso de los de mayor tamaño, los investigadores vieron que las mandíbulas mostraban un desgaste extenso, con rasgos que en los juveniles pequeños eran afilados y que se volvieron redondeados con el tiempo.
Los patrones de desgaste sugieren que los pulpos gigantes fueron carnívoros, acostumbrados a aplastar caparazones duros y huesos con poderosas mordidas, y a utilizar sus brazos largos y flexibles para capturar presas de gran tamaño mientras las desmembraban, un comportamiento que se ha relacionado con una inteligencia avanzada.
Los autores sostienen que ambas especies de pulpos gigantes, N. jeletzkyi y N. haggarti no eran meras presas para otros, sino depredadores muy activos en la configuración de los ecosistemas marinos, ocupando roles que antes se atribuían únicamente a los grandes vertebrados.