
Cuatro personas pintando un cuadro de Basquiat; la toma de posesión de un miembro de la RAE; el viaje de dos turistas españolas a la Documenta de Kassel o una película de cine experimental que se mete en la cabeza del espectador son algunas de las siete escenas o pinturas vivas que conforman 'Lexicon', la nueva creación de la compañía El Conde de Torrefiel, que se estrena en el Centro Dramático Nacional, entre el 24 de abril y el 24 de mayo.
La compañía tiene el objetivo de mostrar la fuerza creadora y, a su vez, finita de la palabra. Tanya Beyeler y Pablo Gisbert, fundadores e integrantes de la compañía, llenan con sus palabras el Teatro María Guerrero, tras 13 años en los que los intérpretes de sus creaciones no han hablado sobre el escenario.
"Estrenar este espectáculo aquí, en un espacio con las circunstancias y características de este teatro, era una buena oportunidad para retomar la palabra dicha en directo", ha explicado Pablo Gisbert.
'Lexicon' se presenta como una colección de cuentos al estilo del Decamerón de Boccaccio o de 'Las mil y una noches'. "El espectador se va a encontrar una obra de teatro que es un desfile, una secuencia de escenas independientes, pero que de alguna manera están ligadas. No por un hilo narrativo, pero sí por un hilo temático conceptual, que es el uso de la palabra para construir mundos", ha agregado Tanya Beyeler.
Según El Conde de Torrefiel, la pieza "no va de lenguaje, sino que intenta plasmar la dualidad de la palabra, que es al mismo tiempo aire y veneno, que te permite expresarte al mismo tiempo que nunca alcanzas a comunicarte de verdad". Tanya Beyeler, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina son los intérpretes y performers que dan vida sobre las tablas a las historias de 'Lexicon'.
El Conde de Torrefiel convoca en escena múltiples lenguajes artísticos que se igualan en importancia a la palabra hablada. "Hay pintura, con toda la materialidad que eso implica. Hay momentos coreográficos y escenográficos plásticos muy potentes, y otros en los que el sonido también crea escenografía y dramaturgia", ha revelado Tanya Beyeler.
En cada escena habrá un elemento protagonista, que se alterna entre la luz, el sonido, un componente escenográfico o una técnica. Todo ello con el objetivo de proporcionar al espectador una experiencia sensorial que trata de ampliar su percepción. "Es otro tipo de comunicación. Nosotros cancelamos el logos (la razón). Intentamos no hablar el mismo idioma que el público para expandir la idea de comunicación. Por eso utilizamos la música, sobre todo el espacio sonoro y la creación de campos de sonido, para intentar traspasar la cuarta, la quinta y la sexta pared", ha apostillado Gisbert.