Jorge Dastis
Tokio, 17 abr (EFE).- Con sus cifras de reclutas en mínimos históricos, sus actividades ampliamente restringidas y la expansión de nuevos grupos criminales que se organizan en internet, la Yakuza japonesa parece tener sus días contados.
"No están muertos, pero sí moribundos", asegura a EFE la socióloga Martina Baradel, profesora asociada en la Universidad de Nagoya que ha hecho del estudio de estas tradicionales familias criminales su carrera.
La Yakuza, que tiene sus orígenes en los grupos que gestionaban los negocios de apuestas en el Japón feudal, es conocida por ser una de las redes criminales más estrictas y jerarquizadas del mundo, pero en los últimos años ha perdido gran parte de protagonismo y, sobre todo, miembros.
Según las últimas cifras de las autoridades, publicadas a comienzos de abril, apenas 17.600 personas eran miembros de un grupo criminal organizado a finales de 2025, un mínimo histórico y muy lejos de las más de 180.000 registradas en la década de 1960, cuando se alcanzó el pico.
Según la Agencia Nacional de Policía, el declive se debe principalmente a la mano dura de las autoridades y los esfuerzos de la sociedad para eliminar a estos grupos.
Pero Baradel avisa de que los datos no son del todo fiables. "La realidad es que la mayoría de esta gente no se ha reintegrado en la sociedad", explica la investigadora, y muchos yakuza simplemente fingen su salida pero mantienen su "puesto" en el mundo del hampa.
Aunque las primeras leyes para limitar las actividades de la Yakuza se aprobaron en la década de los noventa, no fue hasta 2010-2011 que las prefecturas comenzaron a emitir una serie de ordenanzas diseñadas para hacer la vida imposible a sus miembros.
"Estas ordenanzas son un poco inconstitucionales", asegura Baradel, ya que "no limitan tanto las actividades del grupo como los derechos individuales de los miembros".
Impiden, por ejemplo, que una persona que forma parte de un grupo criminal registrado realice trámites como alquilar un piso o comprar un coche. Baradel matiza que hay formas de evadir estas normas, pero no dejan de cumplir su función: separar a la Yakuza del resto de la sociedad.
Según Noboru Hirosue, investigador en el Centro de Investigación Criminológica de la Universidad Ryukoku de Kioto, esta desconexión con la sociedad está obligando a los yakuza a buscar fuentes de financiación que antes criticaban, como el fraude, y que en ocasiones los vinculan con un fenómeno criminal que trae de cabeza a las autoridades: 'tokuryu'.
En su último informe sobre la situación del crimen organizado, la Agencia Nacional de Policía de Japón dedica el primer apartado a lo que desde 2023 denomina 'tokuryu': redes criminales anónimas y "fluidas" que utilizan internet y las redes sociales para preparar y ejecutar sus crímenes.
La palabra se ha convertido en reclamo constante en los medios de comunicación, y muchos artículos vinculan la popularidad de estas redes con la decadencia de los yakuza.
Pero Hirosue explica a EFE que este tipo de crímenes, anónimos y digitales, "no son algo nuevo". Grupos como los 'hangure' (asociaciones menos jerárquicas que la Yakuza y más jóvenes) ya los llevaban a cabo en la década de los noventa.
Parte de la confusión es que la palabra 'tokuryu' se aplica a gran cantidad de casos, detalla el sociólogo. Desde aquellos que han fingido abandonar la Yakuza o que no se pueden reintegrar en la sociedad, hasta "gente que se apunta a cometer un crimen a través de redes sociales".
"Muchos de los detenidos por la policía son trabajadores de bajo nivel, que desconocen o no tienen relación con los cabecillas", explica Hirosue, lo que hace difícil ver el alcance de estas redes y sus posibles vínculos con el crimen organizado.
Aun así, Baradel, la investigadora de Nagoya, cree que no existe una relación sistemática, ya que la Yakuza y las redes 'tokuryu' se dedican a cosas "totalmente diferentes".
"El poder de la Yakuza se basa en el hecho de que pueden ejercer la violencia", explica la socióloga, algo que tiene poca relevancia en el mundo de las estafas por internet, uno de los principales "mercados" de las redes 'tokuryu'.
Pero lo que más diferencia a los yakuza de las redes criminales anónimas es el compromiso. "Ser un yakuza implica cambiar completamente de vida", dice Baradel. Normas muy estrictas, largos períodos de entrenamiento... Muy lejos de los criminales anónimos que suelen verse involucrados en delitos 'tokuryu', motivados exclusivamente por el dinero.
Hoy en día "no te metes en la Yakuza para ganar dinero", opina la socióloga. "Pero si eres una persona que no se puede integrar en la sociedad, o no tienes familia, vas a encontrar una familia y un grupo. Este significado personal aún está ahí para mucha gente", asegura.EFE
(foto)(vídeo)
Últimas Noticias
Birmania libera al expresidente Win Myint y se investiga el paradero de Aung San Suu Kyi
Los saharauis, fuera de la regularización española: "Sentí que se me caía el mundo encima"
Gran número de desplazados comienzan a volver a sus hogares con el alto el fuego en Líbano
Dúrov (Telegram) afirma que jaqueó aplicación móvil europea para verificar edad usuarios
Elvira Mínguez, Premio Primavera 2026: "El mayor monstruo al que se enfrenta la sociedad es la deshumanización"
