El papa, en Bamenda (Camerún), epicentro de uno de los tantos conflictos olvidados

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Cristina Cabrejas

Bamenda (Camerún), 16 abr (EFE).- El papa ha acudido este jueves a escuchar las voces del sufrimiento en Bamenda, noroeste de Camerún y epicentro de uno de los muchos conflictos olvidados del planeta, que en este caso dura ya una década y que se ha cobrado miles de víctimas y medio millón de desplazados.

Los separatistas anglófonos anunciaron una tregua con ocasión de la visita de León XIV, pero a partir de mañana se volverá a combatir.

La guerra comenzó en 2016 entre los separatistas anglófonos y el Estado francófono y ha provocado una grave crisis humanitaria. La tregua fue anunciada por la Alianza de la Unidad, la plataforma que reúne a los diversos grupos, indicando que la medida, que durará tres días, se adoptó en reconocimiento de la "profunda importancia espiritual" de la visita papal.

El pontífice no ha dudado en hacer una parada de su visita a Camerún en un lugar de guerra para que sus llamamientos por la paz tengan un valor aún mayor y, sobre todo, para escuchar a los que sufren el conflicto desde hace años en la Catedral de San José, donde, pese a los problemas de la zona, miles de personas se congregaron para dar a Robert Prevost una calurosa bienvenida con sus cantos y bailes.

Tras la alegre llegada a la catedral -un gran complejo católico que ofrece otros servicios- en medio de las polvorientas calles de esta ciudad, el obispo de Bamenda, Andrew Fuanya Nkea, ante el papa explicó: "Santo Padre, hoy sus pies pisan el suelo de Bamenda, empapado de la sangre de muchos de nuestros hijos".

"Hemos sido testigos de mucho sufrimiento en los últimos años. Gran parte de nuestra gente ha sufrido mucho a causa de una situación que no ha provocado, y miles de personas se han visto desplazadas internamente o han huido como refugiados. Se han cerrado los negocios y, durante unos cuatro años, no se ha permitido a nuestros hijos ir al colegio. Se ha utilizado a los niños como moneda de cambio en luchas y por motivos políticos", explicó.

Y agregó: "Numerosos sacerdotes, religiosos e incluso obispos de esta provincia han sido perseguidos, golpeados, violados o incluso asesinados en este conflicto, y sin embargo la Iglesia sigue llevando el mensaje evangélico. Esta crisis ha dejado viudas a muchas mujeres, huérfanos a muchos niños y sin hogar a muchas personas".

El pontífice estadounidense también escuchó las palabras de un jefe de la tribú local, Fru Asaah Angwafor IV, quien lamentó que "los jefes tradicionales se han convertido en blancos fáciles. Algunos jefes han perdido la vida, algunos palacios han sido incendiados y muchos viven lejos de sus zonas".

El representante de los presbiterianos, Fonki Samuel Forba, afirmó ante el papa que "la crisis anglófona es una de las crisis olvidadas del planeta Tierra", pero explicó que el Vaticano se ha mostrado dispuesto "a facilitar el diálogo entre las facciones en guerra".

"En África hay un proverbio que dice: Cuando dos elefantes luchan, la hierba es la que sufre. Muchas personas, entre ellas mujeres y niños, han sufrido terriblemente a causa de los conflictos entre las fuerzas gubernamentales y los combatientes separatistas. En la práctica, todos los aquí reunidos estamos traumatizados y necesitamos sanación tanto psicológica como espiritual", explicó el líder religioso.

Mientras la religiosa Carine Tangiri Mangu, que trabaja en un centro que da apoyo psicosocial a quienes han sufrido traumas y a las actividades espirituales en nuestras comunidades, aseguró que la presencia del papa es un "gran aliento para nosotras mientras llevamos a cabo nuestro apostolado en circunstancias muy difíciles".

"Desde que comenzó esta crisis, hemos realizado nuestro trabajo con gran temor e inseguridad, añadió contando que el 14 de noviembre, mientras regresaban de Bamenda a Elak-Oku, donde enseñan en la escuela primaria, fueron secuestradas y retenidas durante tres días.

"Fuimos liberadas después de tres días gracias a la intervención de los cristianos de la zona, que se enteraron de nuestra situación", dijo.

Denis Salo, su esposa y sus tres hijos, tuvieron que huir de Kumbo, centro de los combates, amenazados por vender bebidas: "Gracias, Santo Padre, por venir a consolarnos". EFE

(foto)(vídeo)