Madrid, 13 abr (EFE).- La represión en Nicaragua ha dejado de ser una emergencia y "se ha convertido en una condición permanente" como resultado de un "estado extremo de criminalización a la libertad de prensa y de expresión", denunció este lunes el periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro en Madrid.
En la presentación del informe "Nicaragua: Dos décadas de desmantelamiento de la libertad de prensa", Chamorro, junto a Edith Rodríguez, relatora de Reporteros Sin Fronteras (RSF), y Maryórit Guevara, periodista nicaragüense exiliada y coautora de ese análisis, destacó que la situación requiere apoyo internacional.
"Es el resultado de un estado extremo de criminalización a la libertad de prensa y a la libertad de expresión", dijo en la sede de la Asociación de la Prensa (APM) el fundador del diario Confidencial e hijo de la política y periodista Violeta Chamorro, presidenta de Nicaragua entre 1990 y 1997.
Para Chamorro, el periodismo en el exilio al que se ven obligados quienes quieren seguir ejerciendo la profesión "es resistencia, no agitación", y lo importante es "hacer un periodismo útil y construir memoria".
Según el informe, hay 61 medios cerrados o confiscados; más de 309 periodistas exiliados, muchos de ellos, como él, en España, y más de 50 detenidos o encarcelados desde 2018, así como 22 reporteros desnacionalizados, como es su caso.
Nicaragua se ubica en el puesto 172 de 180 países en la clasificación mundial de la libertad de prensa, consolidándose como uno de los peores países y el peor en Latinoamérica.
Esta represión se intensifica contra mujeres periodistas, afirmó Guevara, que cuenta cómo la "dictadura" de Daniel Ortega y de Rosario Murillo "ha intentado de forma sistemática, planificada y sostenida durante dos décadas despojar a Nicaragua de la libertad de información".
Chamorro relató que cuando su redacción fue asaltada por primera vez, el 13 de diciembre 2018, "cuando el medio estaba transmitiendo el noticiero", se dijo que solo tenía dos opciones: "Esperar a que me metieran preso o salir al exilio y seguir haciendo periodismo".
Eligió lo segundo. A él y sus compañeros no solamente les obligaron a exiliarse, explicó, sino que "criminalizaron" a sus anunciantes: pasaron de tener 30 a solo uno, cuyo nombre no detalló por precaución.
Ser periodista en el exilio, coincidieron Guevara y Chamorro, implica un "cambio total" en la manera de trabajar, preservando relaciones de "mucha confianza y ofrecer canales seguros a las fuentes para poder seguir reporteando". Este último confía en que a pesar de "esta persecución", su labor desde el extranjero "sí está derrotando la censura en Nicaragua".
Guevara se exilió en un primer momento en El Salvador con un hijo de 5 años. Había recibido amenazas de muerte y se había publicado en redes su dirección: "Se llamaba a violarme y a quemar la casa conmigo y con mi hijo adentro".
De El Salvador tuvo que migrar a España "sin una ruta trazada". Escribió a una compañera, que escribió a otra, y consiguió así "una casa en Aldeanueva de la Vera, un pueblito de Extremadura de 1.200 habitantes".
Salir de tu país "también es perder redes, ingresos, estabilidad, identidad territorial...", resaltó Guevara. "Es rehacer la vida mientras intentamos seguir informando sobre un país al que ya no podemos volver".
Con ello, aparece "uno de los elementos más duros de este proceso": verse abocados a condiciones de vida más vulnerables.
Según Guevara, hay además "campañas de difamación por concepto de género, ataques a la reputación vinculada a la vida personal de las mujeres", algo recogido en el informe, y a ello se suma un "un alto discurso de odio" y racismo. "Aunque yo sea una periodista exiliada en la calle, soy una población migrante en el centro de salud", concluye. EFE
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