Para los desplazados del Líbano, la esperanza de volver a casa duró pocas horas

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Noemí Jabois

Sidón (Líbano), 9 abr (EFE).- Murtadha (nombre ficticio) esperaba poder volver a casa con el anuncio de un alto el fuego en Irán que supuestamente se iba a aplicar también en el Líbano, pero por ahora tendrá que seguir desplazado en la ciudad meridional de Sidón con su mujer y su bebé.

Es residente de Ansar, una localidad más al sur muy golpeada por la ofensiva aérea israelí en marcha contra el Líbano desde el pasado 2 de marzo, y como muchos otros de los más de un millón de desplazados por los ataques, se llenó de esperanza con el anuncio del miércoles sobre Irán.

"Esperaba volver a casa, pero no salió como pensábamos (...) Estas cosas que ves en la camioneta son nuestras, las habíamos preparado para irnos, pero ahora tenemos que volver a sacarlas", comenta a EFE el joven, con su pequeña en brazos.

Según explica, huyeron juntas a Sidón nueve unidades familiares distintas que incluyen desde su cuñado hasta sus suegros, y todas ellas pensaban regresar a Ansar tras darse a conocer la noticia del alto el fuego.

La madrugada del miércoles, la mediación paquistaní anunció un cese de hostilidades entre Estados Unidos e Irán que se iba a aplicar también en el Líbano, pero horas más tarde el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, indicaba que sus ataques continuarían en el territorio libanés.

Fueron sus declaraciones las que hicieron cambiar de opinión a la familia de Murtadha, que enseguida se dio cuenta de que la violencia no iba a parar y de que no podían arriesgarse a volver teniendo "niños pequeños".

Por su parte, Raida al Salam acampa en pleno paseo marítimo de Sidón junto a su marido y sus tres hijos, con una lona colocada sobre el vehículo para crear algo de sombra. Es una de varias familias de desplazados asentadas en esta parte de la ciudad, lo suficientemente al norte como para ser considerada más o menos segura.

Pese a ello, aquí también se producen ataques con cierta frecuencia, como uno que la propia madrugada del miércoles alcanzó una cafetería que acogía desplazados en pleno paseo marítimo y que mató a al menos ocho personas.

"Cuando ocurrió el ataque aquí, en la zona del café, nos despertamos como a la 1:15 porque el auto tembló. Luego vimos las noticias de que había un acuerdo y nos llenamos de esperanza", relata a EFE Raida, al lado de la furgoneta donde pasa las noches desde el inicio de la guerra.

"Recogí todas mis cosas pensando que íbamos a volver", agrega.

La mujer reconoce que tienen "mucho miedo", aunque no por ello pierden la esperanza.

"Tenemos mucha esperanza en Dios de poder volver, porque la verdad es que estamos muy cansados de dormir en el auto, estamos agotados. No hay iniciativas para ayudarnos porque somos sirios y eso lo hace más difícil", sentencia.

Raida no es ninguna extraña a los desplazamientos forzosos.

Huyó de su Siria natal al comienzo del conflicto allí a partir de 2011, pasó varios años en el Líbano, luego regresó de nuevo a su país y una vez más acabó en Ansar, después de que la caída del expresidente Bachar al Asad dejara a las minorías religiosas preocupadas por su seguridad.

Otros, como Mahdi (nombre ficticio), ni siquiera hicieron el amago de prepararse para volver al escuchar las noticias del alto el fuego, como si hubiesen podido predecir la oleada de bombardeos sin precedentes que iba a sacudir el Líbano el miércoles al mediodía.

Cogiendo por sorpresa a un país que quería aferrarse a la esperanza de un final de la violencia, Israel bombardeó más de cien ubicaciones del país en un lapso de unos diez minutos, dejando más de 300 muertos y un millar de heridos.

Ya en las horas anteriores, varias familias que decidieron regresar al sur fueron atacadas, afirma Mahdi a EFE.

"No cambié de idea ni me moví. El vehículo sigue en su sitio, no voy a decidir volver hasta que lo anuncien claramente el Estado libanés y también del otro lado", cuenta el hombre.

Este jueves, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció que iniciarán negociaciones directas con el Líbano, un proceso que quizás en el futuro sí permita a estas familias cristalizar sus planes de volver a casa.

Por ahora, más de un mes después de abandonar su hogar en Masaken al Shaabiya, Mahdi aún duerme en un vehículo junto a su esposa.

"El auto es como un hotel cinco estrellas", bromea. EFE

(foto)