
Parte de los refugiados que han retornado a la República Democrática del Congo (RDC) se han encontrado con que sus viviendas fueron destruidas y sus pertenencias saqueadas, lo que obstaculiza la posibilidad de retomar su vida habitual sin recibir un respaldo importante. Según informó la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), los equipos desplegados en los puntos fronterizos y en las zonas de regreso han sido testigos de la precariedad y las necesidades urgentes que enfrentan las familias repatriadas, muchas de las cuales llegan solo con algunos bienes personales.
El medio ACNUR detalló que unos 33.000 refugiados congoleños han regresado desde Burundi a la RDC en el último mes, tras la reapertura de la frontera común el 23 de febrero. Esta repatriación masiva se concentra especialmente en el paso fronterizo de Kavimvira, cercano a la ciudad de Uvira, en la provincia de Kivu Sur, donde los desplazados habían huido en diciembre de 2025 tras una intensificación de los enfrentamientos entre el Ejército y el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23). El M23 tomó el control de Uvira y otras áreas en Kivu Sur y Kivu Norte, generando un éxodo significativo hacia Burundi.
El regreso de estos miles de refugiados se ha visto influido no solo por la “relativa estabilidad” recuperada en las zonas de origen y la reapertura de la frontera, sino también por la grave falta de recursos en los campamentos de Burundi. Según publicó ACNUR, la disminución del financiamiento internacional para la crisis humanitaria provocó una reducción drástica de la ayuda en los campos de acogida, acelerando el retorno de muchas personas pese a las condiciones inseguras y frágiles en la RDC.
Un análisis de la situación en los campamentos de Burundi revela que alrededor del 30% de quienes regresaron a la RDC se encontraban en el campo de Busuma antes de su partida. En Busuma, las condiciones eran complicadas: la superpoblación y la escasez severa de agua, saneamiento, atención médica y refugio se agudizaron por la falta de fondos, según consignó ACNUR. Este campamento albergaba cerca de 67.000 personas, de los aproximadamente 109.000 refugiados congoleños presentes en Burundi.
ACNUR también informó que alrededor de 4.500 personas permanecen en centros de tránsito, aguardando su reubicación en Busuma. La capacidad del campamento sigue desbordada, y la escasez de recursos limita la posibilidad de mejorar la situación para quienes aún permanecen fuera de la RDC.
En el este de la RDC, particularmente en las provincias de Uvira y Fizi, las familias que regresan se enfrentan a desafíos considerables. ACNUR describió las condiciones en muchas zonas de retorno como “extremadamente frágiles”. Estos hogares recientemente repatriados requieren, de manera prioritaria, alojamiento, acceso a agua potable, ayuda sanitaria y saneamiento, además de artículos de primera necesidad. Entre los suministros distribuidos desde la llegada de los retornados destacan lonas impermeables de emergencia, mantas, jabón y la prestación de servicios de protección y comidas calientes. Paralelamente, en colaboración con las autoridades congoleñas, se llevan a cabo labores de registro y triaje para priorizar la atención a los más vulnerables.
La agencia de la ONU ha subrayado que el fortalecimiento de la seguridad, la provisión de servicios esenciales y el apoyo a las comunidades receptoras resultan aspectos imprescindibles para facilitar una reintegración sostenible en las regiones de retorno. Además, advirtió que la respuesta humanitaria en RDC dirigida a refugiados, repatriados y personas desplazadas internas dispone apenas de un 34% de la financiación requerida sobre un total estimado de 145 millones de dólares –alrededor de 125 millones de euros– necesaria para cubrir la totalidad de las necesidades actuales.
El apoyo internacional a los refugiados congoleños presentes en Burundi también se encuentra en una situación crítica: solo se ha facilitado el 20% de los recursos solicitados para la asistencia vital de estas personas que aún no han retornado, reportó ACNUR. Frente a este contexto, la agencia reiteró su llamado urgente para conseguir fondos adicionales que permitan garantizar la seguridad y supervivencia de los desplazados en el país africano, así como de quienes han optado por regresar pese a los riesgos.
El flujo de repatriados demuestra la magnitud de la crisis y la complejidad de atender tanto las necesidades en las zonas de origen, marcadas por la destrucción y la inseguridad, como los desafíos persistentes en los países de acogida, donde la escasez de financiamiento limita gravemente la asistencia humanitaria. Los organismos internacionales continúan su labor en terreno para mitigar estas carencias, aunque el éxito de cualquier esfuerzo dependerá del respaldo financiero sostenido de la comunidad internacional, concluyó ACNUR.
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