
Las disrupciones en rutas estratégicas para el comercio de fertilizantes, como el estrecho de Ormuz, han generado preocupación por la estabilidad del abastecimiento mundial de productos clave para la agricultura, según advirtió la Organización Mundial del Comercio (OMC). El tráfico casi paralizado en este paso marítimo, vital para el traslado de fertilizantes, ha impactado especialmente a países como Tailandia, India y Brasil, cuya dependencia del golfo Pérsico alcanza el 70%, 40% y 35%, respectivamente, en determinados tipos de insumos agrícolas. La propia región del golfo Pérsico enfrenta además una fuerte vulnerabilidad en términos de seguridad alimentaria, pues importa hasta el 90% de cereales como maíz, soja y aceites vegetales, y el 75% del arroz necesario para su consumo interno. Sobre este telón de fondo, la OMC ha anticipado para los próximos años un menor dinamismo en los flujos comerciales globales y ha alertado sobre posibles efectos de la crisis energética y agrícola.
Según informó la OMC en su último informe, la organización proyectó que el comercio mundial crecerá un 1,9% en 2026, frente al repunte del 4,6% estimado para 2025. Este ajuste representa una marcha atrás en el ritmo de recuperación observado en los años previos. El informe precisa que esta desaceleración tiene origen en la normalización de las transacciones, que previamente se vieron impulsadas por el alza en productos relacionados con la inteligencia artificial y la anticipación en las compras exteriores para adelantarse a la imposición de aranceles. De acuerdo con el organismo, el volumen de intercambio de mercancías podría expandirse un 2,6% ya en 2027. No obstante, la OMC no consideró en sus proyecciones los posibles efectos de largo plazo de la crisis energética global vinculada al conflicto con Irán, escenario que todavía presenta elevada incertidumbre.
El medio de comunicación de la OMC detalló, además, que en el sector de servicios se proyecta una expansión moderada. El comercio mundial de servicios comerciales aumentaría un 4,8% para 2026, tras crecer un 5,3% en el año en curso. Hacia 2027, se prevé un fortalecimiento moderado de este rubro hasta el 5,1%. Por otro lado, la suma total del comercio de bienes y servicios se incrementaría un 2,6% durante 2026, cifra inferior al 4,7% de crecimiento anticipado para 2025.
En el ámbito macroeconómico, la OMC también ajustó a la baja sus estimaciones sobre el producto interno bruto global. Según publicó la organización en el mismo informe, la previsión de incremento del PIB mundial pasa del 2,9% proyectado para 2025 a un 2,8% tanto para 2026 como para 2027. Entre los factores que explican este desempeño moderado se encuentran el impulso de productos de alta tecnología y de servicios digitales, las adaptaciones de las cadenas logísticas internacionales y los intentos de los países por evitar represalias recíprocas relacionados con tarifas, según afirmó la directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala.
Uno de los puntos que más atención ha suscitado en el estudio de la OMC es el escenario alternativo en el que los precios mundiales del petróleo y del gas sigan incrementándose de forma sostenida durante el año. El organismo ha calculado que en tal caso reduciría en 0,3 puntos la proyección de crecimiento del PIB global y restaría hasta 0,5 puntos porcentuales al avance del comercio internacional para el ciclo en curso. El golpe sería especialmente intenso, hasta un 1% menos de intercambio comercial, sobre aquellas regiones altamente dependientes de la importación de energía. Como resultado, el volumen de mercancías crecería apenas un 1,4% y el comercio de servicios marcaría un 4,1%.
Específicamente, la OMC ha advertido que el incremento de los costos energéticos constituye un riesgo para el comercio global. Ngozi Okonjo-Iweala precisó: "El aumento sostenido de los precios de la energía podría incrementar los riesgos para el comercio mundial, con posibles repercusiones en la seguridad alimentaria y presiones de costos para consumidores y empresas". La directora también hizo hincapié, según consignó el informe, en las acciones que los países pueden tomar "manteniendo políticas comerciales predecibles y fortaleciendo la resiliencia de las cadenas de suministro" para mitigar los peores efectos y aliviar la carga económica sobre la población mundial.
El medio de la OMC puntualizó que los fertilizantes siguen en el centro del debate, ya que hasta un tercio de las exportaciones globales de fertilizantes atraviesan habitualmente el estrecho de Ormuz. Los obstáculos logísticos causados por la situación en este paso estratégico ponen bajo presión no solo a Estados importadores, sino a toda la cadena agrícola internacional. Las consecuencias de un suministro restringido podrían reflejarse a corto y mediano plazo en la producción agrícola y los precios de los alimentos en el mercado internacional.
Al analizar el impacto ambiental y alimentario, la OMC remarcó que la estabilidad e integridad de las cadenas logísticas internacionales resulta esencial para que los principales productores agrícolas mantengan sus niveles de producción. Países que dependen en gran medida del golfo Pérsico para la obtención de fertilizantes, como Tailandia, India y Brasil, presentan una especial susceptibilidad ante las alteraciones en la ruta marítima. Estos destinos figuran entre los mayores productores de alimentos en sus respectivas regiones, lo que multiplica las consecuencias indirectas del escenario actual.
Respecto a las naciones productoras de crudo y gas en la región del golfo, la OMC informó que enfrentan graves desafíos internos ligados a su seguridad alimentaria dado el peso de las importaciones en la dieta local, en porcentajes que alcanzan hasta el 90% para el maíz, la soja y el aceite vegetal, y el 75% para el arroz, lo que convierte cualquier interrupción logística o alza sostenida en los costos energéticos o de fertilizantes en un elemento crítico de vulnerabilidad nacional.
A juicio del organismo internacional, según reportó su informe, los elementos que más influyen en las expectativas futuras del comercio mundial giran alrededor de los movimientos en la producción y el consumo de tecnología avanzada, los cambios en la estructura de las cadenas de aprovisionamiento global y los dilemas arancelarios que motivan decisiones anticipadas de importación y exportación.
Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC, subrayó en el documento que la evolución del comercio internacional demuestra "resiliencia", apoyada en la expansión de intercambios de productos tecnológicos y servicios digitales, así como en la adaptación de las cadenas de producción y transporte internacionales. No obstante, la ejecutiva alertó sobre la necesidad de reforzar la cooperación internacional frente a las amenazas derivadas del encarecimiento de la energía y posibles distorsiones en los mercados agrícolas.
A raíz de la incertidumbre que rodea la situación energética y los factores logísticos, la OMC recomendó monitorear de forma constante el desarrollo de los precios en los mercados internacionales de energía y fertilizantes y abogó por mantener entornos comerciales estables para evitar un mayor perjuicio tanto a productores como a consumidores. La organización enfatizó la importancia de garantizar la fluidez en las rutas estratégicas y de priorizar medidas que refuercen la solidez de las cadenas de aprovisionamiento ante eventuales crisis.
En definitiva, el informe de la OMC, difundido en su más reciente actualización, refleja ajustes al alza y a la baja en varias proyecciones clave del comercio y el crecimiento mundial. Si bien identifica elementos de resistencia en el proceso de recuperación económica, advierte también sobre escenarios de amenaza debido a los vaivenes de los mercados de energía y fertilizantes, así como la exposición de amplios sectores productivos y de consumidores a fluctuaciones en el comercio internacional.
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