Una de las últimas dos futbolistas iraníes en recibir visado humanitario de Australia decide volver a Irán

Las autoridades australianas confirmaron que una integrante de la delegación femenina iraní solicitante de protección ha pedido regresar a su país tras consultar con otras compañeras, decisión que fue verificada por funcionarios antes de comunicarla a la embajada de Irán

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Las autoridades australianas verificaron la voluntad de una de las dos futbolistas iraníes que contaban con visado humanitario, quien, luego de consultar con otras miembros de la delegación femenina, solicitó regresar a Irán. Tal como publicó la cadena australiana ABC y detalló el ministro de Interior Tony Burke, la decisión fue confirmada por funcionarios australianos antes de que se comunicara a la Embajada iraní, que envió personal para recogerla en el hotel donde permanecía alojada junto a otras integrantes de la selección que habían optado por no regresar a su país.

Según informó ABC, la funcionaria australiana en cuestión conversó con varias compañeras que ya se habían marchado de Australia, lo que influyó en su cambio de decisión respecto a su solicitud de protección. El ministro Burke no precisó si la persona que pidió retornar es la futbolista Mohadeseh Zolfi o la integrante del equipo técnico Zahra Soltan Meshkeh Kar, ambas beneficiadas con visados humanitarios por parte de las autoridades de Canberra. Burke subrayó que el proceso incluyó preguntas detalladas para asegurarse de que la decisión era voluntaria y personal, y aseguró que a todas las miembros se les garantizó su derecho a elegir, contexto que, según declaró, no suele encontrarse en Irán.

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El caso se produce en un contexto de tensión luego de que cinco jugadoras iraníes —Fatemeh Pasandidé, Zahra Ghanbari, Zahra Sarbali, Atefé Ramazanzadé y Mona Hamudi— optaran por permanecer en Australia tras la negativa de cantar el himno nacional de Irán en un partido contra Corea del Sur el 2 de marzo, durante la Copa Asiática Femenina. El medio ABC reportó que tras esta acción fueron calificadas como “traidoras” en la televisión estatal iraní, lo que incrementó la preocupación por posibles represalias si regresaban a Teherán.

El resto de la delegación iraní, que no pidió protección, ya abandonó Australia y llegó a Kuala Lumpur, Malasia, donde fue recibida por el embajador de Irán, Valiollah Mohamadi, de acuerdo con la agencia iraní Tasnim. Esta salida se produjo en medio de acusaciones por parte del presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, quien según consignó Tasnim denunció que la policía australiana obstaculizó la salida del hotel de una o dos futbolistas, bloqueó el autobús del equipo y separó a hombres y mujeres al llegar al aeropuerto. Taj indicó además que los procedimientos australianos impidieron el regreso conjunto del grupo.

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El titular de la federación iraní también atribuyó la crisis a la influencia de Estados Unidos, mencionando al entonces presidente Donald Trump. En palabras recogidas por Tasnim, Taj afirmó: “O está martirizando a nuestras niñas inocentes en la escuela o, como ahora, las está tomando como rehenes”. Añadió además que las autoridades australianas informaron a todas las jugadoras que, por instrucción estadounidense, todos los miembros femeninos del equipo debían convertirse en refugiadas. Taj sostuvo que, ante las tensiones surgidas, se reconsidera la posibilidad de enviar a la selección nacional femenina al Mundial en Estados Unidos.

Burke explicó que la intervención de funcionarios de la embajada iraní tras la petición de regreso permitió conocer la ubicación de todas las integrantes que habían solicitado protección internacional, por lo que dio instrucciones inmediatas para reubicarlas y garantizar su seguridad. Destacó que Australia mostró a la delegación un nivel de respeto y libertad de elección, enfatizando el rol de la Policía Federal y del Ministerio del Interior en asegurar una toma de decisiones libre para cada persona involucrada.

El otorgamiento de visados humanitarios a las jugadoras tenía como objetivo garantizar su seguridad tras las denuncias y amenazas recibidas en Irán. Según ABC, la preocupación por represalias era especialmente alta después de que la negativa a entonar el himno nacional se transmitiera domestícamente y generara una reacción negativa en los medios estatales iraníes. Las autoridades australianas han sostenido que todas las gestiones se basaron en la protección y el respeto a la autonomía personal de las solicitantes.

Las tensiones entre Irán y Australia se han visto intensificadas ante la posibilidad de que estas acciones afecten la futura participación de la selección femenina de Irán en eventos deportivos internacionales. Según Tasnim y ABC, las autoridades iraníes evalúan no autorizar la asistencia de su selección nacional al próximo Mundial, como respuesta a la experiencia vivida en Australia y a las acusaciones dirigidas contra el gobierno estadounidense y australiano.

A lo largo del episodio, la delegación iraní ha visto divididos sus destinos: algunas jugadoras y personal técnico optaron por permanecer en Australia bajo visados humanitarios, mientras que otras continuaron su retorno a Irán a través de Malasia. El proceso ha resaltado las diferencias en políticas de refugio y derechos humanos, al tiempo que ha expuesto la presión a la que pueden verse sometidas deportistas que manifiestan disensión durante competencias internacionales, según confirmaron las informaciones de ABC y Tasnim.