CSIF denuncia que solo el 22% de los contagios de covid persistente en el trabajo se reconoce como accidente de trabajo

Más de dos millones afrontan secuelas tras infectarse en sus empleos, según un sondeo de CSIF, que denuncia falta de protección eficaz, dificultad para el acceso a tratamientos médicos y riesgo de discriminación laboral entre afectados

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El porcentaje de afectados que han solicitado ayuda psicológica tras enfrentar secuelas prolongadas de la covid-19 alcanza el 69 por ciento, según un reciente sondeo presentado por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF). Pese a la alta incidencia de sintomatología persistente, sólo el 22 por ciento de quienes afirman haberse infectado en su entorno laboral obtiene el reconocimiento oficial de accidente de trabajo, cuestión que, según CSIF, implica limitaciones económicas y menor responsabilidad asumida por parte de las empresas. De acuerdo con la información divulgada por la central sindical, la cifra de personas que todavía lidian con consecuencias del covid persistente en España supera los dos millones.

La encuesta, detalló el medio CSIF, recopiló las opiniones de más de mil quinientos empleados, principalmente provenientes de los sectores sanitario, educativo y de la administración pública. Los resultados revelan que el 62 por ciento de los trabajadores con síntomas de covid persistente considera que el contagio se originó en el entorno laboral. Pese a ello, la mayor parte de las empresas y administraciones no reconoce estos casos ni como accidente de trabajo ni como enfermedad profesional, restringiendo el acceso de los afectados a indemnizaciones por daños y secuelas y a la cobertura de tratamientos vinculados al padecimiento.

La secretaria nacional de Prevención de Riesgos Laborales de CSIF, Encarnación Abascal, denunció que el único colectivo laboral que ha obtenido, de manera generalizada, el reconocimiento formal de accidente de trabajo ha sido el de los sanitarios. “Que no se haya reconocido al resto implica que dejen de percibir indemnizaciones por daños y secuelas y la cobertura de los tratamientos ligados a la enfermedad, además de la discriminación que sufren cada vez que tienen que pedir una baja”, declaró Abascal, según reportó el CSIF.

Las dificultades asociadas al covid persistente abarcan diversas dimensiones. El estudio presentado por CSIF señala que el 75,3 por ciento de los trabajadores con secuelas estuvo de baja médica durante su convalecencia; un 41,5 por ciento manifestó experiencia de discriminación laboral o presión en su lugar de trabajo, y en el 67 por ciento de los testimonios, las empresas admiten desconocimiento sobre cómo proceder ante estos casos. El 67,2 por ciento de los encuestados contó con un diagnóstico médico confirmado, destacando la prevalencia de fatiga intensa, dolores musculares o articulares y alteraciones cognitivas como los síntomas dominantes, con un promedio de 6,29 manifestaciones clínicas diferentes por persona, según informó la CSIF.

La situación no se limita al sector sanitario, aunque la carga sintomática y el impacto laboral son especialmente elevados en este colectivo. Tal como consignó CSIF, el covid persistente afecta también a empleados de la educación, administraciones y empresas privadas. Entre las consecuencias reportadas figuran bajas laborales prolongadas, dificultades para reincorporarse al trabajo, situaciones de incapacidad temporal o permanente y la necesidad de adaptar los puestos de trabajo en función de las limitaciones derivadas de la enfermedad.

Pese a la alta incidencia de síntomas, el 51,6 por ciento de los afectados no accede a un tratamiento médico específico de acuerdo con la encuesta referida. Pedro Sánchez, miembro de la Asociación Madrileña del Covid Persistente (AMACOP), señaló al medio sindical la existencia de “gran desinformación” en la atención primaria y demandó recursos adicionales, además de mayor información para los profesionales. “Cuando llega una persona con síntomas tan claros, hay que entender que el covid persistente ya está reconocido como una enfermedad crónica y que no es un capricho”, expresó Sánchez.

El sentimiento de falta de reconocimiento institucional y social también quedó reflejado en el testimonio de Silvia Amaya, técnica en cuidados auxiliares de enfermería en una residencia de mayores y afectada por covid persistente. Amaya explicó que, aun experimentando tos y dolores articulares, carece de un diagnóstico oficial: “Llegas a una edad en la que todo lo justifican, pero las consecuencias están ahí, hay un antes y un después de la enfermedad”, relató, según publicó CSIF.

El sindicato subraya que la carencia de reconocimiento como enfermedad profesional o vinculada al empleo agrava la vulnerabilidad de los afectados, tanto en términos de cobertura asistencial como en la protección legal-laboral. En este sentido, CSIF pide que el covid persistente quede expresamente recogido entre las enfermedades profesionales y que se cree un fondo especial de compensación para los trabajadores afectados por exposición ocasionada por razones laborales.

Entre las reivindicaciones planteadas por la organización sindical también figura la elaboración e implantación de protocolos especializados para prevenir, detectar y gestionar el covid persistente en el entorno de trabajo, así como la adopción de medidas para modificar las condiciones de los puestos laborales y fortalecer el seguimiento médico-ocupacional. A juicio de CSIF, estas acciones buscan frenar la desprotección de los afectados y permitir una reincorporación real y digna a la vida laboral y social, según manifestó el sindicato.