El chileno Sergio Castro estrena en Málaga 'Mil pedazos', un viaje a los límites humanos

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Alida Juliani

Málaga (España), 10 mar (EFE) .- Puro cine, pocos personajes y un mensaje potente. Así define el cineasta chileno Sergio Castro San Martín 'Mil pedazos', el segundo largometraje de su carrera que este martes presenta a nivel mundial en el Festival de Málaga (España), un viaje emocional a los límites humanos, con tintes de road movie y una tragedia familiar de fondo.

El filme, rodado en el semidesértico Valle del Elqui, en la región de Coquimbo (norte), es también una manera de hacer un cine "descentralizado", porque "en Chile todo se produce desde la capital", explica en una entrevista con EFE Castro San Martín, que reconoce que el sector en su país está viviendo "su mejor momento en términos de calidad".

'Mil pedazos', una coproducción de Chile, España, y Argentina, competirá en la sección oficial del certamen junto a otras 21 cintas, nueve de ellas procedentes de América Latina.

La película aborda las "guerras internas" de sus protagonistas, los tres miembros de una familia formada por el padre, Miguel (Daniel Muñoz); la madre, Isabel (Paola Gianinni), y su hija de 9 años, Emilia (Emilia Rodríguez), que salen de vacaciones, junto a su perra Eve. Un repentino accidente en mitad del desierto cambia bruscamente sus vidas.

"Para mí era muy importante contar una historia sobre una familia. La familia es el lugar más íntimo que existe. No existe una sola forma, cada una es distinta, y el cine tiene algo de voyeurista, te permite entrar en esos espacios íntimos", explica Castro San Martín.

La cinta no tuvo casi tiempo de desarrollo, "fue como un impulso, una cosa muy visceral, y creo que tiene un poco de eso, es dura, te lo cuenta todo así, sin rodeos. Si vamos a hablar de la muerte, de tragedia, hagámoslo con todas sus letras", indica Castro San Martín, conocido por el largometraje 'La mujer de barro' (2015) y series como 'La jauría' (Prime vídeo).

Y surgió de un mito, el del ermitaño de las Chiclas, un hombre acomodado, un cirujano que pierde a toda su familia en un accidente y toma la decisión de salirse del sistema y vivir en las montañas.

"Cuando yo era chiquitito siempre iba al norte de vacaciones, al Valle del Elqui, Tongoy y la costa que está ahí, y escuchaba a mi padre y a mi madre hablar de él. Nosotros al tipo no lo veíamos, pero paseaba por ahí, los camioneros le daban comida, los escaladores también", explica el director chileno.

Cuando creció y empezó a trabajar como cineasta mantenía esa historia en la cabeza: "Yo la voy a contar, en algún momento se tiene que contar o al menos tengo que inspirarme en esto", pensaba.

"Echaba de menos volver a la ficción y recuerdo que un amigo mío, que es director de fotografía, Sergio Armstrong, me dijo: 'Hagamos una película que sea puro cine, pocos personajes, un paisaje potente, y ya está. Cuéntala como tú quieras'. Fue cuando me volvió esta historia a la cabeza', recuerda.

La perrita Eve ocupa un papel muy importante en la cinta, aunque fue un desafío para el director trabajar con ella. "Siempre dicen que no trabajes ni con niños ni con animales, y yo lo hice", dice entre risas.

"Había pensado en una perrita y para mí eso es súper interesante, porque 'Mil pedazos' también es una película sobre los sentidos. La perrita tiene que ver con el olfato, el personaje de la madre es una mujer hipoacúsica, que está perdiendo la audición, la niña es muy visual...", precisa.

'Mil pedazos' está "al límite del melodrama. Si se pasa un poco, se cae. Por eso intenté darle momentos de pausa", señala Castro San Martín, quien destaca además el rodaje en el Valle del Elqui, un lugar muy energético de Chile, punto de encuentro de aficionados a la astronomía y con un monasterio budista en uno de sus tramos.

"Por eso la película tiene una estructura casi espiritual", dice el cineasta convencido de que el paisaje también influye en los actores a la hora de rodar.

Y plantea también el tema de la cordura y la locura. "Invita a detenerse y preguntarse qué es lo importante, ¿la naturaleza, la familia?. Vivimos en un mundo muy individualista, obsesionado con el dinero y sin embargo historias así le pueden pasar a cualquiera", concluye. EFE

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