
La disputa legal entre Irene Rosales y Kiko Rivera toma un nuevo rumbo tras la decisión del dj de solicitar la custodia compartida de sus dos hijas, una medida que surge poco después de un desencuentro relacionado con la participación de su nueva pareja, Lola García, en el cuidado de las menores. Según detalló la revista Lecturas, la hasta ahora convivencia en armonía entre la expareja cambió drásticamente cuando Rivera pidió permiso a Rosales para que García pudiera recoger a Ana y Carlota en el colegio, una solicitud que la influencer rechazó. Esto marcó el inicio de un proceso legal que pone fin al acuerdo amistoso alcanzado desde su separación en agosto de 2025.
La revista Lecturas publicó que este episodio, que se remonta al pasado mes de enero, derivó en una discusión tensa entre Rosales y Rivera. Hasta ese momento, la relación había estado regida por un pacto familiar en el que las niñas vivían en la residencia de su madre en Castilleja de la Cuesta, mientras su padre mantenía un régimen de visitas flexible, con encuentros varios días a la semana. El cambio de postura de Rivera, quien ahora defiende la custodia compartida en sede judicial, confronta el modelo de convivencia que había predominado valiendo de mutua confianza.
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La negativa de Irene Rosales a permitir que la nueva pareja de Rivera colaborara en tareas cotidianas como la recogida escolar motivó que el dj diera el siguiente paso legal. Lecturas señala que la influencer no habría tomado bien esta solicitud de cambio, lo que apunta a una escalada del conflicto y convierte la separación en un proceso contencioso.
Frente a estas informaciones, Irene Rosales aseguró ante las cámaras de Europa Press que los rumores sobre una mala relación con Kiko Rivera eran infundados. La influencer, en una entrevista inédita difundida recientemente, desmintió tajantemente el supuesto estallido de hostilidades con su expareja, mencionando que: “Uy de verdad, es totalmente mentira. Es que yo de verdad no me explico... Si la noticia era mentira todos los detalles que estáis dando son más falsos todavía. Nada, nada. Lo desmiento rotundamente desde el minuto uno que salió la noticia”. Estas declaraciones ocurrieron antes de confirmarse la acción judicial emprendida por Rivera para modificar el acuerdo de custodia, según recogió Lecturas.
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En la misma entrevista, Rosales describió su trato con Kiko Rivera como correcto y amigable, y se refirió a la nueva relación de él en términos positivos: “No la conozco, imagino que sí es una chica estupenda, mis hijas están encantadas así que estupendo. Estamos todos muy bien y todos felices”, afirmó Rosales en declaraciones recogidas por Europa Press. La influencer añadió respecto a los rumores: “Es mentira todo lo que están diciendo. Cuando se crea una mentira se intenta hacer verdad y es mentira, totalmente falso ¿vale?”.
Lecturas aportó que el escenario legal abierto por la solicitud de custodia compartida podría afectar la organización familiar establecida hasta el momento. Ahora será competencia de un juez dirimir si ambas partes ejercen la custodia de manera igualitaria o si se mantiene el régimen previo, en el que Ana y Carlota residen con su madre y ven a su padre durante varias jornadas a la semana.
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Este enfrentamiento judicial surge tras varios meses en los que tanto Irene Rosales como Kiko Rivera habían exhibido una relación cordial de cara al público, evitando exponer desacuerdos mayores tras su ruptura en agosto de 2025. La petición de Rivera supone una fractura en esta dinámica y podría implicar cambios de residencia y hábitos para las menores, según expresó Lecturas.
La situación entre ambos concita la atención por la proyección mediática de los implicados y por el destino de las dos hijas de la expareja. La solicitud de custodia compartida de Kiko Rivera da paso a una etapa marcada por procedimientos legales y por decisiones judiciales que determinarán el futuro inmediato de la convivencia familiar.
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