Un grupo de asociaciones medioambientales demanda a la Administración Trump por revocar una ley sobre emisiones

Expertos legales y defensores del medio ambiente advierten sobre graves consecuencias para la protección climática tras la eliminación de normas que limitaban contaminantes, mientras acusan a las autoridades de ignorar pruebas científicas y poner en riesgo la salud pública

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Brian Lynk, abogado principal del Centro de Derecho y Políticas Ambientales, enfatizó que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) no puede desestimar dos décadas de consenso científico sobre el impacto de los gases de efecto invernadero en la salud pública y el medio ambiente. De acuerdo con información publicada por distintos medios y detallada por la agencia de noticias, Lynk señaló que no se trata de un simple retroceso, sino de una decisión con consecuencias legales y regulatorias significativas. Este pronunciamiento llegó en medio de la demanda presentada por numerosas asociaciones medioambientales contra la administración de Donald Trump, a raíz de la derogación de una ley que regulaba los límites de emisiones contaminantes.

Según lo consignado por varias fuentes, la iniciativa legal contra la EPA representa el rechazo de la comunidad científica y de salud pública a la política ambiental impulsada desde la Casa Blanca durante el mandato de Trump. La Asociación Americana de Salud Pública y otras organizaciones sostienen que la reciente decisión de revocar los estándares climáticos ignora deliberadamente la abrumadora evidencia científica sobre los riesgos que la contaminación atmosférica representa para la salud. “Ignorar las evidencias científicas sobre la amenaza que la contaminación atmosférica representa para la salud envía un mensaje equivocado a las comunidades de todo el país y el mundo”, declaró Georges C. Benjamin, director ejecutivo de la Asociación Americana de Salud Pública, en un comunicado citado por el medio.

La administración de Donald Trump oficializó la eliminación de la norma climática argumentando que se trataba de una “política desastrosa” y que su permanencia provocó “graves daños” a la industria automotriz, además de “elevar enormemente los precios” para los consumidores, según publicó la agencia. Esta legislación, adoptada durante la presidencia de Barack Obama, fijaba límites a las emisiones de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y otros gases identificados como responsables del cambio climático y como amenazas directas a la salud pública. El marco legal sustentaba parte de la política federal para el control de emisiones en sectores clave como el automovilístico, refinerías y plantas industriales.

La abogada Adina Rosenbaum, del Grupo de Litigios con Ciudadanos Públicos, argumentó que la derogación por parte de la EPA es “ilegal” y que tendrá “efectos devastadores en la salud pública y un clima habitable durante décadas”. Según Rosenbaum y otros expertos, la eliminación de los estándares ambientales no solo desmonta la protección federal, sino que también compromete la certeza regulatoria para las empresas y allana el terreno para prolongados litigios judiciales. Esta situación genera preocupación entre quienes advierten que la inestabilidad legal puede desincentivar la inversión en tecnologías limpias y alentar prácticas menos seguras para el ambiente.

La norma derogada surgió a partir de una evaluación científica en la que se determinó que los principales gases de efecto invernadero incrementan riesgos significativos para la seguridad y la salud públicas. Con este respaldo, se promovió un marco regulatorio que dotó de herramientas a las autoridades federales para implementar controles más estrictos sobre diversos sectores productivos. Tal como reportó la agencia, el cambio de enfoque bajo el gobierno de Trump no se limitó únicamente a esta derogación: la administración también retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático y adoptó medidas orientadas a incentivar la extracción y consumo de combustibles fósiles como petróleo, gas natural, uranio y carbón.

En las declaraciones recogidas por medios nacionales, representantes de los organismos demandantes insisten en que, al invalidar regulaciones que se sostenían en hallazgos científicos de amplio consenso, la EPA traspasa los límites legales establecidos para la protección del ambiente y la salud colectiva. Lynk indicó en su comunicado que la agencia no puede pretender refutar el fundamento científico que respaldó las decisiones regulatorias desde 2009 y advirtió que esta determinación instaura una fuente de incertidumbre para la industria y el sistema legal en su conjunto.

La controversia se enmarca en una estrategia política más amplia que busca reducir restricciones medioambientales e impulsar la competitividad de ciertos sectores económicos, según el argumento de la administración Trump citado por la agencia. Sin embargo, los opositores sostienen que este enfoque genera riesgos innecesarios para la salud de la población y pone en entredicho el compromiso nacional con los acuerdos internacionales de reducción de emisiones contaminantes. Las asociaciones demandantes, al presentar el recurso legal, sostienen que la protección del ambiente y la salud ciudadana no puede quedar sujeta a oscilaciones políticas o a intereses sectoriales.

La demanda presentada pretende restaurar la vigencia de la ley federal que limitaba la emisión de gases de efecto invernadero y establecer la obligación de la EPA de ajustar sus políticas conforme a evidencias científicas actualizadas. Las organizaciones firmantes del recurso judicial incluyen tanto agrupaciones medioambientales como entidades vinculadas al sector sanitario y de derechos civiles, con el objetivo de sumar argumentos técnicos, médicos y legales para respaldar su acción.

Según reiteró la agencia, los principales gases señalados por la legislación son el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso y otros tres compuestos cuyos efectos acumulativos en la atmósfera contribuyen al calentamiento global y a la degradación de la calidad del aire. Estos contaminantes no solo afectan la temperatura media del planeta, sino que también agravan problemas respiratorios y cardiovasculares, lo que justifica el interés de entidades médicas en la restitución de los controles regulatorios.

El proceso judicial abierto contra la EPA evidencia la tensión entre objetivos económicos y las obligaciones de protección ambiental asumidas por las autoridades federales en años recientes, según la cobertura de la agencia. Los sectores industriales señalados por la legislación derogada, principalmente automotrices, refinerías y otras instalaciones de alto consumo energético, se encuentran en el centro del debate sobre los costos y beneficios de las normativas ambientales y la adecuación de las políticas públicas a los desafíos del cambio climático.