
Según información presentada por el medio original, el equipo legal de Imran Jan señaló que el ex primer ministro pakistaní enfrenta una grave pérdida visual, concretamente una disminución del 85% en la visión de su ojo derecho, situación que sus familiares atribuyen directamente a la ausencia de cuidados médicos adecuados durante su reclusión en confinamiento solitario.
Los abogados de Jan sostienen que esta situación deriva de la falta de asistencia médica imprescindible, responsabilidad del Ejecutivo actual, mientras el Gobierno de Pakistán niega categóricamente que exista tal crisis sanitaria. Tal como consignó el medio, el ministro de Asuntos Parlamentarios, Tariq Fazal Chaudhry, informó que Jan tiene autorizada la posibilidad de acudir al centro médico de su preferencia para recibir el tratamiento requerido, rechazando así las acusaciones que responsabilizan a las autoridades penitenciarias del deterioro de la salud visual del ex mandatario.
El ex primer ministro Imran Jan permanece encarcelado por múltiples casos de corrupción, causas que él mismo ha calificado como parte de una persecución política que involucraría al actual primer ministro Shehbaz Sharif, a las fuerzas armadas pakistaníes y a potencias extranjeras como Estados Unidos, según publicó la fuente original. Desde su ingreso en prisión, su entorno familiar y legal ha manifestado reiteradamente preocupaciones por las condiciones de su confinamiento, haciendo énfasis en el impacto que este aislamiento habría tenido sobre su salud física, en particular su visión.
Respecto a las denuncias presentadas por su defensa, el ministro Chaudhry cuestionó la veracidad y el momento de la declaración sobre el agravamiento visual de Jan, detallando que “este tema no salió a la luz cuando su hermana lo visitó el pasado 2 de diciembre o cuando fue examinado por la junta médica una semana después”, según recogieron los medios citados. A su vez, Chaudhry subrayó que todo detenido dispone de vías para solicitar atención médica y que las autoridades han seguido los procedimientos estándar en el caso de Jan.
Por su parte, el ministro de Información, Ataulá Tarar, fue aún más contundente al referirse a lo que calificó como una difusión malintencionada de información, acusando a la familia de Jan de fomentar una narrativa falsa sobre la salud del opositor, según publicó el medio. Tarar enfatizó que existen informes documentados tanto sobre la rutina diaria de Jan como sobre su alimentación, los cuales “han aclarado cualquier ambigüedad” respecto a sus condiciones de reclusión. En un mensaje difundido en redes sociales, Tarar agregó que Jan “tiene acceso a todas las instalaciones y goza de más privilegios que cualquier otro preso”.
A pesar de las declaraciones oficiales, la familia de Imran Jan sostiene que las medidas implementadas no han sido suficientes para garantizarle una atención sanitaria adecuada, lo que habría provocado consecuencias directas sobre su estado de salud, especialmente en lo que respecta a la agudeza visual. Los abogados del ex primer ministro afirman que los problemas en su visión han persistido durante meses y que la falta de respuesta oportuna por parte de las autoridades penitenciarias ha agravado el cuadro, según recoge la misma fuente.
El caso de Imran Jan se inscribe en un contexto de alta tensión política en Pakistán, donde las denuncias de persecución judicial contra líderes opositores y el tratamiento que reciben durante su reclusión suelen derivar en intensos enfrentamientos discursivos entre el oficialismo y la oposición. De acuerdo con los reportes difundidos, tanto el Gobierno como los representantes legales de Jan continúan manteniendo posiciones divergentes sobre la existencia y la gravedad de los problemas de salud denunciados, mientras el ex mandatario sigue cumpliendo condena por las causas judiciales abiertas en su contra.
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