Juan Carlos Espinosa
La Habana, 13 feb (EFE).- “¿Hay alguien atrapado en el ascensoooor?”, grita, con la lámpara de su celular en la mano, Heidi Martínez, la administradora de un edificio de 18 plantas en el barrio de Alamar, en las afueras de La Habana.
Martínez, de 53 años, no es técnica ni mecánica. Pero se ha convertido en experta en abrir manualmente el elevador de este bloque de viviendas. Lo hace varias veces a la semana cuando un vecino se queda atrapado por los cortes diarios de electricidad.
“Ya hemos cogido cultura de apagones”, cuenta a EFE en la entrada del edificio.
Los cortes por déficit de generación de corriente en la isla se han cronificado desde hace años en este barrio periférico, pero en las últimas semanas han arreciado hasta lo difícilmente soportable, con entre 15 y 20 horas diarias por todo el país, debido al asedio petrolero de Washington sobre Cuba.
De hecho, la isla sufrió este martes el apagón más extenso del que se tiene registro, según datos oficiales. En el momento de máxima demanda, en la tarde-noche, más de un 64 % del país quedó simultáneamente sin corriente.
Aquí, en Alamar, esta pesadilla viene con un extra que se ha convertido en un dolor de cabeza para sus alrededor de 100.000 pobladores. Lo llaman “quita y pon”, explica Martínez: repetidos cortes de corriente sin patrón alguno que se prolongan por horas, todos los días.
"Pueden ser 20 minutos, puede ser media hora, puede ser una hora... Nadie se adapta a eso. Eso es de: ‘ya, ¿qué remedio?'", cuenta a EFE Erleny, de 49 años, mientras repara la cámara de una llanta en un taller improvisado frente a los garajes del edificio.
Este titileo ya es parte del día a día de los habitantes de Alamar. Según Gladys Berriel, una profesora de Educación Especial jubilada de 74 años, el problema comenzó en 2023 y “se quedó así”.
La frustración es tal, agrega, que no pocos vecinos cambiarían el “quita y pon” por los prolongados apagones de otras regiones.
“Si por lo menos tuviéramos una programación, porque sabemos perfectamente la situación que hay con el tema del combustible, usted se ajusta”, coincide Martínez, la administradora del edificio.
La situación va más allá de las molestias y del susto de quedar atrapado en el elevador. El "quita y pon" estropea sin clemencia electrodomésticos en un país donde la escasez de productos y la fuerte inflación juegan en contra.
Según le cuenta Berriel a EFE, arreglar su refrigerador le costó por encima de su pensión.
"Tuvimos que pagar 5.000 pesos (11 dólares, al cambio oficial) para el arreglo, y estoy pensionada. A mí lo que me pagan de jubilación son 3.156 pesos (6,8 dólares) y eso que trabajé 37 años en educación", lamenta.
El asedio petrolero de EE.UU. ha agravado la ya crítica situación energética en Cuba, que desde el verano de 2024 sufre prolongados apagones diarios por todo el país por las frecuentes averías de sus obsoletas centrales termoeléctricas y la falta de divisas para importar crudo.
Desde el 9 de enero no ha entrado en Cuba combustible del exterior, cuando la isla apenas produce un tercio de sus necesidades energéticas. Y las consecuencias son ya evidentes en la isla.
El Gobierno anunció la semana pasada un duro paquete de contingencia para tratar de subsistir sin petróleo del exterior: los hospitales, las oficinas estatales y el transporte público están en servicios mínimos, las universidades con enseñanza remota, se han cancelado eventos culturales y científicos y el combustible está severamente racionado.
Expertos independientes consideran que entre febrero y marzo Cuba va a empezar a sufrir gravemente por la falta de combustible, que es un bien imprescindible y cuya falta afecta transversalmente a todos los sectores.
En los últimos días varios países han anunciado el envío de ayuda humanitaria a la isla. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU consideró este viernes que EE.UU. incumple la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional con el asedio petrolero. EFE
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