Jaime León
Teherán, 8 feb (EFE).- En las calles de Teherán han desaparecido los antidisturbios y el toque de queda informal terminó, pero los iraníes no olvidan que hace apenas un mes miles de personas fueron masacradas por la represión de las protestas, mientras las autoridades tratan de pasar página y se preparan para celebrar el aniversario de la Revolución Islámica.
“Esto no se borra”, dice a EFE Yusef, trabajador de una embajada de 39 años, en referencia a la matanza que se produjo el 8 y 9 de enero en el episodio más violento de la historia de la República Islámica con estimaciones de entre 6.000 y 20.000 muertos.
“Estamos callados por el miedo, pero todos sabemos lo que pasó”, continúa este vecino de Teherán, que cree que las autoridades tratan de mostrar normalidad, mientras “nos siguen reprimiendo”.
Lo que pasó fue lo que Amnistía Internacional ha calificado como una “masacre” en las calles del país el 8 y 9 de enero en la represión estatal de las protestas que habían comenzado el 28 de diciembre por la caída del rial y que fue creciendo hasta convertirse en un movimiento ciudadano que pedía el fin de la República Islámica.
En la tarde del jueves 8 de enero, en las calles de Teherán y otras zonas del país se produjo un despliegue enorme de efectivos de seguridad fuertemente armados que fue seguido del corte de las comunicaciones, incluido el internet global, los SMS y las llamadas telefónicas.
Con el país cortado del resto del mundo, se produjo una represión en ciudades y pueblos de todo el país sin precedentes hasta ahora y cuyos números reales se desconocen un mes después.
El Gobierno iraní reconoce la muerte de 3.117 personas en una violencia que atribuye a Estados Unidos e Israel, pero la ONG opositora HRANA, con sede en EE.UU., los sitúa en 6.961, si bien continúa verificando más de 11.000 posibles muertes, así como 51.000 arrestos.
La relatora especial de la ONU para Irán, Mai Sato, ha señalado que informes de médicos dentro de Irán indicaban que podrían haberse registrado hasta 20.000 muertos por la represión, aunque según Naciones Unidas estas cifras son difíciles de corroborar.
En contraposición, durante la Revolución Islámica de 1979 murieron exactamente 2.781 personas, según datos de la Fundación de Mártires de la República Islámica.
Esta masacre no se olvida y se discute en cafés, en casas y en las calles, y figuras opositoras públicas lo siguen recordando.
Shervin Hajipour, cantante del himno de las movilizaciones desatadas por la muerte de Mahsa Amini en 2022 y ganador de un Grammy, acaba de publicar la canción "Yo soy Irán” que está “dedicada a las víctimas y a los corazones afligidos de los supervivientes del sangriento diciembre”.
“Llévatelo todo otra vez, mi tierra, mi hogar, pero incluso mi cuerpo sin vida seguirá hablando, porque yo soy Irán”, reza la letra del cantante iraní, que se ha enfrentado a problemas judiciales en el pasado por su apoyo a las movilizaciones antigubernamentales.
“Y nunca me rendiré”, asegura el cantante en tono desafiante.
Mientras tanto, continua la represión con la detención de cientos de personas, cierre de periódicos y censura de internet.
En las últimos días las autoridades anunciaron la detención de 56 “elementos centrales” de las protestas en la provincia de Jorasán del Norte (noreste); otros 135 en la ciudad de Parand, cercana a Teherán, y 85 más en la provincia de Zanyán (noroeste).
También continua la emisión de confesiones en medios iraníes de supuestos manifestantes que dicen haber recibido dinero por atacar instituciones públicas por parte de grupos del extranjero.
El internet global ha mejorado en las últimas semanas, pero la censura parece que se ha fortalecido y es difícil usar aplicaciones VPN para conectarse a servicios de fuera del país persa.
En medio de todo esto, las autoridades ya han comenzado las celebraciones del 47 aniversario de la Revolución Islámica del 11 de febrero.
Altos cargos del país han visitado el mausoleo del ayatolá Ruholá Jomeiní, fundador de la República Islámica en 1979; el festival de cine Fajr ha tendido su alfombra roja como todos los años por estas fechas y en las calles de Teherán se ven pancartas que celebran la onomástica.
Además, Irán y Estados Unidos han reanudado las negociaciones para tratar de cerrar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní en medio de las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de atacar el país persa.
Todo ello para desaliento de muchos iraníes que quieren libertades.
“Estamos atrapados. Nos merecemos libertades como las que tienen muchos países”, dice a EFE una vecina de Teherán.
Esta mujer cree que si Trump cierra un acuerdo con Irán es posible que la situación económica mejore, pero al mismo tiempo le dará aire a una República Islámica que se encuentra en uno de los momentos más bajos de su historia. EFE
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