Irene Escudero
Madrid, 6 feb (EFE).- Con las nuevas leyes israelíes, la UNRWA no solo ha sido prohibida en la Palestina ocupada sino que ha sido limitada en Gaza, lo que en palabras del responsable en la Franja de esa agencia de la ONU para los refugiados palestinos, Sam Rose, deja a todo "el sistema humanitario operando con un brazo atado a la espalda".
"En un momento en que deberíamos estar aumentando la ayuda, estamos limitados. Esto no es lo que Gaza necesita", dice Rose en una entrevista con EFE durante una visita a España.
Israel prohibió el año pasado el funcionamiento de UNRWA en Cisjordania y Jerusalén este, ya que vincula las actividades de esta agencia de la ONU con Hamás, después despojó a la institución de su inmunidad y privilegios, y el pasado 20 de enero demolió la sede central en Jerusalén este.
Esto "no afecta al trabajo en Gaza directamente", especifica Rose, pero provoca "indignación y miedo".
"Es aterrador que un Estado miembro de la ONU entre en una propiedad de la ONU y le prenda fuego en un acto gratuito de violencia; es otro ejemplo de impunidad", lamenta el funcionario británico.
Actualmente tienen a 11.500 personas trabajando en Gaza y, aunque sabe que "todo el mundo es reemplazable", también incide en lo importante de su labor: "El 80 % de los niños vacunados en Gaza lo son por la UNRWA. Si no se vacunan, el riesgo de morir por enfermedades infecciosas aumenta drásticamente".
Además, la agencia ya no puede introducir nada en la Franja y depende de otras como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) que, apunta, "hace un buen trabajo" pero no llega a tanta gente.
Por eso alega que, "si la UNRWA es forzada a salir, queda un vacío que no puede ser reemplazado" porque, por ejemplo, nadie puede "reanudar servicios de salud para el 40 % de la población así como así".
Por lo que, "si la UNRWA debe ser reemplazada, debe ser a través de procesos políticos acordados, según nuestro mandato dado por la Asamblea General. Si no, habrá un trauma y sufrimiento inmenso para la población".
Actualmente el panorama es crítico por los ataques políticos y la asfixia financiera por falta de financiación.
Además, siete de las escuelas de la UNRWA quedaron en enero en la expansión que hizo Israel de la llamada línea amarilla (la frontera imaginaria que ha impuesto para enclaustrar la Franja) en Jabalia (norte), por lo que fueron destruidas en operaciones militares. Otras instalaciones de la agencia cercanas han sido también atacadas.
La "nueva" normalidad, tras el cese al fuego acordado en octubre, sigue mostrando una situación "catastrófica": "Parece habernos asentado de alguna manera en una realidad en la que, oficialmente, hay un alto el fuego, pero en realidad muere gente todos los días".
"Así que la nueva normalidad -continúa- es una en la que la gente ya no muere de hambre porque la comida puede entrar, pero viven en la más absoluta miseria, expuestos a la intemperie bajo láminas de plástico en los escombros, junto a grandes vertederos o montañas de basura. (...) Hay una incertidumbre total y una situación en la que las vidas pueden extinguirse en cualquier minuto".
Se trata de un "clima de miedo total, de crueldad total, de impotencia total sobre el destino" de los palestinos. No quiere "menospreciar" el cese al fuego, pero considera "difícil" calificarlo como tal porque "se siente como una pieza de arte surrealista", ya que cientos de personas siguen siendo asesinadas cada día en Gaza.
Además, Israel ha impuesto fuertes restricciones de entrada de materiales y personas no solo a la UNRWA, sino a todas las organizaciones humanitarias.
"Los materiales de reconstrucción no están entrando; podemos hacer reparaciones menores en algunas de nuestras instalaciones para que sean seguras, para que la gente viva en ellas, pero son parches realmente menores; es poner láminas de plástico sobre agujeros en las paredes; es usar palés que entran para convertirlos en escritorios para que los niños se sienten en la escuela", ilustra Rose.
Pero "en términos de una recuperación significativa (...) la gente vive en tiendas de campaña en pantanos, en lodo, en áreas completamente inundadas porque no podemos traer la maquinaria para proporcionar un mínimo de drenaje adecuado". No hay tampoco con qué recoger los escombros ni limpiar las minas antipersonales.
Hay un "sistema a dos niveles" en el que las restricciones a los humanitarios no se aplican al sector privado.
"Puedes conseguir patinetes eléctricos, teléfonos o generadores en el sector privado, pero si un camión de la ONU llega al cruce con palés de metal, esos palés son rechazados por miedo a que el metal se use para algo no previsto. El régimen de acceso sigue siendo increíblemente estricto y arbitrario para el sistema de la ONU", denuncia. EFE
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