Sánchez defiende la regulación de migrantes en The New York Times : "¿Qué debemos hacer con estas personas?"

El mandatario español defiende en una influyente publicación la necesidad de dar residencia a extranjeros, apelando tanto a razones éticas como a ventajas económicas, y cuestiona políticas de expulsión mientras resalta el respaldo social y empresarial a la medida

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Durante tres años consecutivos, España ha destacado por registrar el ritmo de crecimiento económico más elevado entre los países europeos, una tendencia que, según el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está estrechamente vinculada a una agenda inclusiva en la que la integración de migrantes desempeña un papel central. En una tribuna publicada por The New York Times, el mandatario defendió la reciente regularización extraordinaria de personas extranjeras en España, argumentando que este proceso, más que una mera cuestión administrativa, responde tanto a imperativos éticos como a necesidades prácticas de la sociedad occidental.

Según consignó The New York Times, Sánchez planteó la pregunta "¿Qué debemos hacer con estas personas?" para abordar la situación de miles de migrantes cuya presencia en Europa, y específicamente en España, ha generado debate político y social. El líder del Ejecutivo español subrayó que, aunque la gestión migratoria “no será tarea fácil”, considera que la migración representa oportunidades que los gobiernos deben reconocer. Frente a políticas de expulsión y persecución, comparó la estrategia española con la de otros países, aludiendo explícitamente a la administración de Donald Trump en Estados Unidos, donde “algunos líderes han optado por perseguirlas y deportarlas mediante operaciones ilegales y crueles”. Frente a esta situación, detalló The New York Times, Sánchez expuso la voluntad de su Ejecutivo de “optar por una vía rápida y sencilla para regularizar su situación migratoria”.

El presidente del Gobierno justificó la nueva política migratoria del país con dos fundamentos principales. En primer lugar, señaló el deber moral, recordando que España fue históricamente una nación de emigrantes y que ahora, con la situación invertida, corresponde “convertirnos en la sociedad acogedora y tolerante que nuestros propios familiares habrían esperado encontrar al otro lado de nuestras fronteras”. En sus palabras, “la primera y la más importante es moral”, recalcó Sánchez en su artículo para el medio estadounidense.

En segundo lugar, Sánchez esgrimió razones prácticas y económicas. Según publicó The New York Times, el mandatario sostuvo que “Occidente necesita personas”, enfatizando que la integración ordenada y eficaz de la población migrante constituye “la única opción de evitar el declive” demográfico y económico de los países desarrollados. Según su criterio, la única alternativa viable para las economías occidentales es apostar por la inclusión y la apertura, en contraposición a políticas de aislamiento.

El jefe del Ejecutivo reconoció también los desafíos derivados de la migración, aunque precisó que estos problemas no tienen relación directa con “la etnia, la raza, la religión ni el idioma de los migrantes”, sino con cuestiones estructurales como la pobreza, la desigualdad, la existencia de mercados no regulados y la falta de acceso a educación y sanidad. Sánchez remarcó en The New York Times la necesidad de “centrar esfuerzos en abordar estos problemas”, identificándolos como “las verdaderas amenazas” a la cohesión social.

El apoyo que ha recibido la regularización extraordinaria fue otro de los aspectos destacados por Sánchez en su tribuna. Apuntó que, pese a la escasa implantación de este tipo de medidas en otros gobiernos europeos, la reforma española cuenta con el respaldo de unas 900 organizaciones no gubernamentales, entre ellas la Iglesia católica, y de asociaciones empresariales y sindicatos. Además, resaltó que “casi dos de cada tres españoles creen que la migración representa una oportunidad o una necesidad para nuestro país”, mostrando un sólido apoyo social según los datos citados en el artículo de The New York Times.

Frente a las críticas de sectores políticos –identificados como “líderes al estilo MAGA”– que alertan sobre el supuesto carácter inasumible de la acogida de migrantes y la tildan de una “medida suicida” para España, Sánchez pidió a la ciudadanía que “no se deje engañar”. El presidente del Gobierno informó en The New York Times que España está atravesando un periodo de auge, y que los avances económicos se deben tanto al esfuerzo de la sociedad como al reconocimiento de los migrantes como “socios necesarios” en el desarrollo nacional.

Sánchez insistió, según detalló The New York Times, en la necesidad de que los responsables políticos “hablen con claridad” respecto al impacto de la migración en el bienestar de sus países. En su análisis, los gobiernos occidentales enfrentan una disyuntiva entre continuar el camino de la apertura y el crecimiento o replegarse hacia el aislamiento, el estancamiento y la escasez impulsados por discursos de extrema derecha. El mandatario español definió este debate afirmando que “la elección es clara: por el bien de nuestra prosperidad y la dignidad humana”.

La tribuna publicada en el diario estadounidense sirvió también para comparar las dinámicas migratorias actuales con el pasado de España como país emisor de migrantes, lo cual, según Sánchez, refuerza la obligación moral de ofrecer a los recién llegados la acogida que en su día reclamaron los propios españoles para sus familiares emigrados. Además, el presidente vinculó la inclusión de migrantes a la capacidad de desarrollo económico y social, insistiendo en la relevancia de una política migratoria basada en la regularización como garantía para mantener la prosperidad y evitar el retroceso.

Según subrayó The New York Times, la intervención del presidente del Gobierno español plantea un debate sobre el rumbo de las sociedades occidentales ante el fenómeno migratorio y los beneficios económicos y sociales derivados de su gestión inclusiva y regulada. Sánchez reiteró que el modelo español supone un ejemplo alternativo a las políticas de cierre de fronteras y deportaciones, y abogó por una política basada en la integración efectiva y en la colaboración entre los distintos actores sociales, incluyendo la sociedad civil y los agentes económicos.