Oncólogos subrayan la importancia del test genético para optimizar el tratamiento en cáncer de próstata

Especialistas insisten en que realizar análisis moleculares de forma temprana mejora la precisión en las decisiones clínicas, permite seleccionar terapias personalizadas e incrementa las posibilidades de supervivencia y bienestar, según conclusiones expuestas en un foro científico reciente

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El tratamiento con inhibidores de PARP, que se dirige a mutaciones específicas como BRCA1 y BRCA2, ha supuesto avances comprobados en la supervivencia de pacientes con cáncer de próstata avanzado y resistentes a la castración, además de mejorar el tiempo sin progresión de la enfermedad al combinarse con terapias hormonales. Según publicó el Grupo Español de Oncología Genitourinaria (SOGUG), esta precisión en el abordaje clínico depende en gran medida de la detección precoz de estas alteraciones moleculares mediante test genéticos.

De acuerdo con SOGUG, la introducción temprana de pruebas diagnósticas moleculares permite personalizar los tratamientos oncológicos y planificar la secuenciación óptima de las distintas alternativas terapéuticas. La presidenta del SOGUG, Aránzazu González del Alba, remarcó que los inhibidores de PARP “han demostrado mejorar la supervivencia en el cáncer de próstata resistente a la castración y, en combinación con la privación androgénica, prolongar el tiempo hasta la progresión”. Este mensaje fue parte de las conclusiones de la I Jornada Multidisciplinar de Cáncer de Próstata organizada por la sociedad científica, donde se discutió el impacto del diagnóstico molecular, la oncología de precisión y las terapias emergentes.

El secretario general de SOGUG, Francisco Zambrana, indicó que la anticipación en la realización de los test genéticos multiplica las posibilidades de asignar tratamientos con mayor potencial de éxito. Zambrana subrayó durante el foro que “cuanto antes podamos realizar un test genético y disponer de determinaciones moleculares que son diana de tratamiento, mejor podremos secuenciar las distintas opciones terapéuticas disponibles”.

El medio SOGUG detalló que la especialización en oncología de precisión se ha robustecido en la última década, tiempo en el que el cáncer de próstata pasó de contar con limitadas opciones, a beneficiarse de mejorías notables en diagnóstico y un abanico terapéutico más completo. Esta transformación incide tanto en el aumento de tasas de curación en fases localizadas de la enfermedad, como en el incremento observado en la supervivencia de casos avanzados.

Entre los ejes de este avance destacan las mejoras técnicas en los métodos de imagen, como la resonancia magnética multiparamétrica y los estudios PET con diversos radiotrazadores incorporados a la rutina clínica. A esto se suman la llegada de terapias dirigidas, fármacos innovadores, y radiofármacos específicamente orientados a blancos moleculares particulares, reportó el SOGUG.

González del Alba sostuvo que la incorporación de estas innovaciones diagnósticas permite detectar lesiones invisibles con métodos tradicionales y adaptar el tratamiento con mayor precisión. La especialista explicó que “estas nuevas herramientas diagnósticas nos permiten detectar la enfermedad que antes pasaba desapercibida y ajustar mejor las decisiones terapéuticas”.

Uno de los desarrollos subrayados durante la jornada fue la consolidación de la teragnosis, que unifica el diagnóstico y el tratamiento a través de tecnologías como el ‘Lutecio-PSMA’. Esta molécula, cuyo uso cuenta con financiación recientemente aprobada, emplea radiotrazadores para identificar células tumorales con expresión de PSMA – presente en ocho de cada diez casos metastásicos –, y posteriormente administra un radiofármaco dirigido a esas células. “Utilizamos un PET con un radiotrazador diagnóstico para identificar las células que expresan PSMA, presentes en más del 80 por ciento de los casos de enfermedad metastásica, y posteriormente un radiofármaco dirigido contra esas mismas células”, detalló González, añadiendo que este abordaje ha tenido impacto favorable sobre la supervivencia y el control de síntomas como el dolor en personas que agotaron otras alternativas terapéuticas.

En el contexto de estos progresos, la calidad de vida de los pacientes adquiere un perfil prioritario, según informaron los especialistas durante la sesión organizada por SOGUG. González puntualizó los desafíos relacionados con los efectos adversos de los tratamientos, que incluyen osteoporosis, trastornos metabólicos y elevación del riesgo cardiovascular. Estos factores obligan a reconsiderar las estrategias terapéuticas en ciertos casos, explorando alternativas de reducción de toxicidad. “La osteoporosis, los trastornos metabólicos y el aumento del riesgo cardiovascular son efectos adversos relevantes que obligan a plantear estrategias de desescalada en determinados pacientes”, manifestó la presidente de SOGUG.

La sociedad científica enfatizó que cualquier cambio en los protocolos busca preservar la supervivencia global, al mismo tiempo que optimiza el bienestar y limita el impacto negativo de los fármacos empleados. González subrayó la necesidad de abordar la reducción de toxicidad “sin comprometer la supervivencia global, con el objetivo de reducir la toxicidad y mejorar el bienestar”.

Durante la misma jornada, el foro brindó espacio a la visión y las experiencias de quienes viven la enfermedad, a través de la participación de organizaciones de pacientes como la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), ANCAP y GEPAC. En palabras de González, recogidas por el SOGUG, “Nada de lo que hacemos tiene sentido si no incorporamos la perspectiva del paciente en cada avance y en cada decisión terapéutica”. El abordaje multidisciplinar se reconoció como un elemento esencial para el progreso de la atención clínica y la adaptación de futuros desarrollos científicos a las necesidades reales de los afectados.