El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, denunció el uso de acusaciones infundadas sobre una supuesta “amenaza china” en el Ártico, señalando que Estados Unidos recurre a estos argumentos para proteger intereses propios. Las declaraciones buscan contrarrestar las afirmaciones del gobierno estadounidense tras un reciente anuncio relacionado con Groenlandia y nuevos acuerdos en el Ártico. Según informó la agencia EFE, Pekín recalca que su implicación en la región se limita a fines pacíficos y legales.
Las reacciones del Gobierno chino surgen después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmara el inicio de un acuerdo preliminar con la OTAN sobre Groenlandia durante el Foro Económico Mundial de Davos. El marco propuesto incluiría conversaciones entre Washington, Copenhague y las autoridades de Groenlandia, así como el desarrollo de proyectos vinculados a la seguridad, como la instalación de un sistema antimisiles conocido como la Cúpula Dorada. Trump también mencionó el potencial acceso a los recursos minerales de la región como parte del acuerdo.
De acuerdo con EFE, Trump argumentó que el pacto sería beneficioso tanto para Estados Unidos como para la OTAN. Además, aseguró que Dinamarca estaría incluida en el proceso mediante la representación del secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, con quien mantuvo conversaciones en Davos. Estas afirmaciones se enmarcan en un contexto de competencia internacional creciente por el control y la influencia sobre el Ártico, motivada por los recursos energéticos y minerales existentes, el valor geoestratégico de la zona y la apertura de nuevas rutas marítimas.
Un portavoz de la OTAN citado por la agencia EFE enfatizó que los contactos entre las partes buscan evitar que Rusia y China establezcan una presencia dominante en el Ártico, tanto en el ámbito económico como en otros sectores de relevancia estratégica. Esta inquietud ha estado presente en las agendas de otros países europeos y en la propia administración estadounidense, que recurren al argumento de la amenaza potencial para justificar iniciativas multilaterales en la región.
Las autoridades chinas han reiterado su rechazo a los señalamientos que presentan a China como una amenaza en el Ártico. Guo Jiakun subrayó que su país sostiene la gestión de las relaciones internacionales de acuerdo con los principios de la Carta de las Naciones Unidas, y calificó de infundadas las referencias a una supuesta amenaza china. Según publicó EFE, Guo afirmó que China “siempre ha defendido que las relaciones entre países se gestionen de acuerdo con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. La llamada ‘amenaza china’ carece totalmente de fundamento”.
La cancillería china insistió en que las actividades de China en el Ártico se circunscriben a lo establecido en el derecho internacional y a los marcos multilaterales existentes. Entre esas actividades destacan los proyectos de investigación polar, las inversiones en infraestructuras de la zona y la colaboración en el ámbito energético. Según detalló EFE, la expansión de la presencia económica y científica china en el Ártico en los últimos años ha generado suspicacias tanto en Washington como en diversos países europeos, quienes consideran que estos avances pueden estar relacionados con intereses estratégicos no declarados.
Pekín sostiene que su vinculación con el Ártico responde a su condición de “Estado cercano al Ártico”, un término con el que busca reforzar su derecho a participar en proyectos y decisiones sobre la región. No obstante, varios gobiernos occidentales sostienen que la intensificación de las inversiones chinas y la cooperación en materia de energía y logística pueden derivar en una proyección de poder más allá de los fines declarados.
En el trasfondo de este debate se encuentran los recursos naturales del Ártico. Según distintas estimaciones recogidas por medios internacionales, la región cuenta con amplios depósitos de hidrocarburos y minerales estratégicos. El deshielo progresivo, vinculado al cambio climático, facilita el acceso a estos recursos y acelera la competencia global por el control de rutas marítimas y fuentes energéticas. En este escenario, el anuncio del preacuerdo sobre Groenlandia y la incorporación del tema a la agenda de la OTAN refuerzan el interés de Estados Unidos y sus aliados en aumentar su presencia y limitar la influencia de países considerados rivales estratégicos.
China, por su parte, ha buscado abordar las preocupaciones internacionales defendiendo la transparencia de sus actividades y resaltando los beneficios de la cooperación científica y económica. A través de foros multilaterales y declaraciones oficiales, Pekín expresa su desacuerdo con la utilización de su imagen como argumento para justificar agendas geopolíticas externas o medidas unilaterales en el Ártico.
La tensa relación entre las grandes potencias en la región se ha visto reflejada en diversas iniciativas y acuerdos en los últimos años. Estados Unidos y la OTAN han reforzado su coordinación en el área, mientras China continúa ampliando sus inversiones y programas de investigación. Tanto Washington como Pekín mantienen discursos en los que resaltan su apego al derecho internacional, pero acusan al otro de actuar por intereses propios y de manipular percepciones para obtener ventajas en el escenario ártico.