Patricia Martínez Sastre
Jerusalén, 20 ene (EFE).- Este martes se cumplen 30 años desde que el palestino Yaser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), exguerrillero y después diplomático, fuera elegido presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), convirtiéndose en el primer líder democrático de un pueblo al que no logró legar un Estado.
Arafat recibió entonces más del 88 % del voto popular en esas elecciones generales del 20 de enero de 1996; en un momento histórico diametralmente opuesto al actual en el que muchos palestinos aún creían en la posibilidad de un Estado propio y en la retirada de Israel de gran parte de Cisjordania ocupada (según los Acuerdos de Oslo II de 1995).
"A día de hoy, la solución de los dos Estados ya no está sobre la mesa. Y mirad lo que ha hecho la comunidad internacional. Creo que durante estos 30 años (la comunidad internacional) ha ayudado a Israel a ganar tiempo de forma estratégica mientras imponía hechos sobre el terreno", dice a EFE el analista en asuntos palestinos Hamada Jaber.
Isaac Rabin, quien rubricó los Acuerdos de Oslo, decidió congelar la mayor parte de la construcción en los asentamientos, pero tras su asesinato y el ascenso de Benjamín Netanyahu, esta política cambió drásticamente. En 1993 había unos 110.000 colonos en Cisjordania y 140.000 en Jerusalén Oriental. Hoy, son más de 700.000, superándose el medio millón solo en Cisjordania, según datos de Peace Now.
Para Jaber, el arropo internacional hacia la recién creada ANP -establecida en 1993 por los Acuerdos de Oslo como un órgano de autogobierno temporal- no solo debilitó el papel que la OLP de Arafat había ejercido hasta entonces, sino también la relación con el propio pueblo palestino y sus mandatarios.
"Los líderes palestinos, incluido Arafat, no lograron el proyecto que pretendían: un Estado palestino dentro de la llamada 'solución de dos Estados'", recuerda Jaber, que cuestiona la forma en la que la ANP y sus instituciones fueron forjadas "socavando" a la OLP "antes de lograr un Estado independiente".
Tras la muerte de Arafat, en noviembre de 2004, llegó al poder Mahmud Abás, electo solo en 2005 -pese a que hoy continúa siendo el presidente- y repudiado según las encuestas por la mayoría, que lo considera un títere al servicio de Israel y EE.UU. y al frente de una institución que ven como corrupta y estancada.
Menos de un mes después de estas elecciones, en las que ganó su partido (el secular Fatah), Arafat, entonces con 66 años, juró su cargo como primer presidente de la ANP en sus oficinas en Gaza, colocando su mano derecha sobre un Corán y prometiendo lealtad a su patria.
Unos cuatro años más tarde, el fracaso del conocido como memorando de Sharm el Sheij y de la cumbre de Camp David en julio de 2000, en la que Arafat no aceptó -bajo el auspicio del presidente Clinton- la propuesta de quedarse con el 22 % de la Palestina histórica, sin Jerusalén Oriental como capital ni el regreso de los refugiados de 1948, propulsaron un ambiente de tensión y discrepancia que estalló meses después.
Ese septiembre, el entonces líder del partido Likud, Ariel Sharon, visitó la sagrada para los musulmanes Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, en un gesto que los palestinos entendieron como una provocación sin precedentes (más viniendo de quien fuera ministro de Defensa durante la masacre de cientos de refugiados palestinos, en 1982, en los campamentos de Sabra y Shatila en Líbano).
"Este es un proceso peligroso llevado a cabo por Sharon contra los lugares sagrados islámicos", declaró entonces Arafat a la televisión palestina.
Esta imagen, junto al hartazgo de unas negociaciones siempre fallidas, fueron la mecha de la Segunda Intifada, un nuevo levantamiento armado popular, primero, contra la ocupación israelí y la constatación de que el proceso de paz de Oslo no la pondría fin, y después, contra la ANP.
"Así que 30 años después —33 años desde el Acuerdo de Oslo—, pienso que la situación de los palestinos es mucho peor que entonces. Y creo que debemos culpar a todos los actores involucrados en el proceso de paz de Oslo: incluidos los líderes palestinos, y sin duda, el gobierno israelí. Y por supuesto, la comunidad internacional, principalmente Europa", reitera Jaber. EFE
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