Moscú, 19 ene (EFE).- Rusia ha reestrenado cien años después la película 'El acorazado Potemkin' de Serguéi Eisenstein, una de las cumbres del arte cinematográfico, que sigue cautivando a los espectadores pese a ser una película muda y en blanco y negro.
"Ésta es una de las películas que lograron que el cine fuera reconocido como un arte y no sólo como mero entretenimiento para las masas", comentó a EFE Naum Kleiman, historiador de cine y el mayor especialista en Eisenstein.
Paradójicamente, las autoridades soviéticas encargaron a Eisenstein una película propagandística con ocasión del 20 aniversario de la Revolución de 1905, cuando tuvo lugar el motín en el buque que da nombre al largometraje.
Eisenstein vuelve a los cines
La película fue estrenada en enero de 1926 en el Goskinoteatr -hoy conocido como Cine del Arte- y ha sido reestrenada en ese mismo lugar, uno de los cines más antiguos del mundo, ya que fue inaugurado en 1909.
Kleiman destaca que son pocos los que esperaban que 'El acorazado Potemkin' fuera a ser un éxito de taquilla, cuando rompía con los cánones, ya que no había ni un héroe, ni aventuras, ni una historia de amor.
Aunque el protagonista no era el legendario Douglas Fairbanks, cuya película fue estrenada en esas mismas fechas, la gente hizo grandes colas para ver la película.
"La gente estaba dispuesta a creer que el héroe no era el líder (Lenin o Stalin) ni una persona concreta, sino el propio pueblo, que es el motor de la historia, algo en lo que creía firmemente Eisenstein", señaló.
Un siglo después, cientos de moscovitas acudieron de nuevo a la cita en la plaza de Arbat pese a las bajas temperaturas. "Es una película muy innovadora y, al mismo tiempo, técnicamente muy precisa", explica Kleiman al término de la sesión.
"Aunque la película se consideraba vanguardista, esto no significa alejarse del espectador", explica.
Una diatriba contra la guerra
A sus 88 años, él es el mayor especialista mundial en Eisenstein, del que destaca no sólo "su increíble fantasía, sino el hecho de que fuera un artista universal, no un creador provinciano". Y recuerda que era un enamorado de la pintura española, especialmente Velázquez y El Greco.
Con todo, la vigencia de la película la vincula no con su maestría técnica, sino con su argumento. "Es muy importante que todos estos problemas siguen siendo actuales para la humanidad. Seguimos matándonos unos a otros. Y aunque todos conocemos la palabra hermanos, raramente la utilizamos", señala.
"Mientras las personas no entiendan que matarse unos a otros es el mayor pecado que existe sobre la Tierra, esta película será actual. Debemos escuchar su mensaje", dijo.
La película es, en su opinión, una diatriba contra la guerra, ya que, al final de la película "no triunfa la violencia", sino "la hermandad" entre los dos bandos.
De hecho, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, Eisenstein escribió "la guerra es lo más inhumano que existe sobre la Tierra" y que "la palabra hermanos que suena en Acorazado Potemkin sigue estando vigente".
"Yo creo que ustedes han venido hoy precisamente por ese motivo y no sólo a ver buen cine", concluyó Kleiman, en una inconfundible referencia a la actual guerra en Ucrania.
Como ocurriera hace un siglo, la escena que volvió a acaparar toda la atención de los espectadores fue la legendaria secuencia de la escalera de Odesa. Sin olvidar que la versión restaurada en 1976 cuenta con música de Dmitri Shostakóvich.
Son casi diez minutos trepidantes, donde es imposible no solidarizarse con las víctimas de los disparos de la guardia zarista, que desciende sin rostro por las escaleras arramplando con todo lo que se le pone por delante.
En particular, el corazón de los asistentes se detuvo al ver cómo la cuna con el niño se deslizaba irremediablemente por los escalones, escena revisitada por directores como Hitchkock, Woody Allen, Kurosawa, David Lean, Coppola, De Palma y, más recientemente, Tarantino y Del Toro.
Si el diario Pravda destacaba que hace un siglo los espectadores soviéticos salieron obnubilados de los cines, los rusos de 2026 no salieron menos impresionados, aunque se sabe que dicho episodio histórico nunca tuvo lugar.
'El acorazado Potemkin' revolucionó el lenguaje cinematográfico, según Kleiman. Como ejemplo, Eisenstein y su director de fotografía, Eduard Tisse, diseñaron un carro para la cámara y el operador, que rodaba por rieles de madera, con lo que prácticamente inventaron el 'travelling'.
Y contrataron a un acróbata de circo, que portaba una cámara a su cintura, para que saltara por la escalera, lo que agravó la sensación de caos y pánico de la escena.
La película, que no se rodó en el buque original, ya que había sido desguazado, vivió toda clase de vicisitudes, ya que fue censurada tanto en la URSS -la frase inicial de Trotski fue sustituida por una de Lenin- como en Occidente.
Además, para que cumpliera con su fin propagandístico original, la bandera soviética -era una cinta en blanco y negro- fue coloreada en la sala de edición.EFE
(foto)(vídeo)
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