Bangkok, 9 ene (EFE).- Alrededor de 500.000 filipinos han caminado este viernes en Manila junto a la escultura del Nazareno Negro, el Cristo con el que se identifican millones de personas en el país asiático, al inicio de su procesión anual, que deja hasta ahora decenas de fieles atendidos por afecciones menores debido a la aglomeración.
El carruaje que porta la imagen sagrada arrancó a las cuatro de la madrugada (20:00 GMT del jueves), una hora antes de lo habitual, y de inmediato empezó a ser asediado por decenas de creyentes que saltaron sobre el vehículo con la intención de tocar los vidrios que protegen al Nazareno, al que le piden milagros de variada índole.
Como cada año, la intención es trasladar al Cristo de tez tostada desde la explanada del Grandstand Quirino hasta la iglesia de Quiapo en la capital, un trayecto de seis kilómetros que en ocasiones ha tomado hasta 22 horas para completar, debido a la multitud que se abalanza sobre el carruaje e impide su avance.
Por ello, un grupo de cofrades protege la vitrina y bajan a quienes se cuelgan del crucifijo, mientras a la procesión -transmitida por televisión nacional- se suman cada hora nuevos fieles, haciendo de esta una de las mayores muestras de fe del mundo.
Pasadas las primeras seis horas, las autoridades de Manila estimaron que la multitud era de unos 440.000 personas, casi la mitad de ellas marchando alrededor de la escultura y muchas otras en aglomeraciones en los puntos de salida y llegada de la procesión. Se espera que el número crezca conforme avancen las horas.
Las mismas autoridades advirtieron de la posibilidad de que haya personas afectadas, sin confirmar ningún número hasta ahora, pero medios locales aseguran que la Cruz Roja y otros grupos sanitarios han atendido a unas 100 personas, la mayoría por mareos, heridas menores, esguinces o abrasiones.
El Nazareno Negro data del siglo XVI, el primero de los más de tres siglos de la colonización española del ahora principal país católico de Asia, y la marcha conmemora la fecha en que la figura fue trasladada desde el barrio de Intramuros a su actual morada en el angosto barrio de Quiapo.
Tallada en México, una leyenda cuenta que el galeón procedente de Acapulco se incendió cerca del archipiélago otorgándole su característica tez oscura, una de las razones por las que los filipinos se identifican tanto con la talla. EFE
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