
El análisis de los genomas realizado por el equipo de la Universidad de Oxford y la Universidad Queen Mary de Londres reveló que los cerdos pisaron tierras desde Filipinas hasta Hawái acompañando a grupos humanos hace aproximadamente 4.000 años, lo que permitió trazar una línea directa entre las migraciones humanas austronesias y la presencia actual de estos animales en todas las islas del Pacífico. Según detalló Science, estos cerdos no presentan mezcla genética con las especies de cerdos salvajes nativas, a lo largo de la ruta migratoria, evidenciando un prolongado aislamiento genético desde su introducción inicial. El descubrimiento arroja luz sobre la manera en que los animales domésticos acompañaron a los seres humanos durante su expansión por Oceanía.
El estudio, según consignó Science, abordó preguntas históricas y ecológicas de larga data al analizar 117 genomas de cerdos modernos, antiguos e históricos, junto con información morfológica de 401 ejemplares modernos y 313 especímenes arqueológicos. Este método posibilitó reconstruir el origen y la dispersión de las poblaciones porcinas, identificando una firma genética única conocida como ‘Clado del Pacífico’, que distingue a estos cerdos de los salvajes y asilvestrados de otras regiones del sudeste asiático. De acuerdo con el medio, los datos respaldan la hipótesis de que los cerdos domésticos procedentes del sudeste de China y Taiwán se trasladaron hacia el este con los primeros grupos de habla austronesia, estableciéndose en Wallacea, Melanesia, Micronesia y Polinesia sin integrar genes de otros suidos locales.
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La introducción de los cerdos se llevó a cabo, de acuerdo con Science, a través de una cadena de migraciones humanas que, aunque limitada en mezcla con poblaciones locales, generó cambios significativos tanto para las especies animales como para los ecosistemas insulares. El informe puntualizó que, si bien las posteriores poblaciones asilvestradas llegaron a cruzarse con especies endémicas en etapas más avanzadas, durante los primeros milenios estos animales mantuvieron una separación genética marcada respecto a sus congéneres salvajes nativos. Este patrón de aislamiento se reflejó también en la relativa poca mezcla de los humanos que los transportaron con otros grupos ya residentes en las islas durante la expansión austronesia.
Los investigadores subrayaron, según publicó Science, que la exitosa colonización de los cerdos por las islas del Pacífico se vio favorecida por características propias de los animales domésticos, las cuales facilitaron tanto su transporte como su adaptación a distintos entornos insulares. Las rutas migratorias humanas, marcadas por repetidas travesías de isla en isla, influyeron de forma determinante sobre la evolución de los porcinos, operando a través de cuellos de botella genéticos, procesos de selección y episodios de flujo genético. Además de aportar a la comprensión de los movimientos humanos tempranos, estos hallazgos ilustran cómo los comportamientos de los primeros colonizadores han dejado huellas duraderas en la composición genética de las especies introducidas.
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La dispersión de los cerdos por Oceanía, de acuerdo con Science, constituyó un caso ejemplar de cómo la movilidad humana ha alterado la distribución natural de especies animales en regiones insulares. Si bien originalmente los cerdos habitaban áreas al oeste de la Línea de Wallace, la interacción con los humanos permitió su distribución a lo largo de miles de kilómetros y su establecimiento en nuevos hábitats, donde llegaron a representar componentes fundamentales en los entornos culturales y ecológicos de las islas. La evidencia reunida por el equipo sugiere que los animales, en su mayoría, conservaron las características seleccionadas durante generaciones, lo que contribuyó a su supervivencia y a su transmisión cultural entre los diferentes grupos humanos del Pacífico.
El análisis conjunto de la morfología dental y los genomas permitió a los científicos no solo rastrear los orígenes, sino también entender los cambios biológicos acaecidos durante y tras el proceso de migración. Según puntualizó Science, el patrón observado respalda la existencia de un contacto humano-animal sostenido y planificado, en el que la introducción de especies fue estratégica y aparejada a las necesidades de subsistencia y movilidad de las poblaciones humanas migrantes.
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En definitiva, los resultados de la investigación refuerzan la idea de que las expansiones humanas a lo largo del Pacífico occidental se acompañaron de la introductión premeditada de animales domésticos como los cerdos y que estos, una vez asentados, experimentaron procesos de aislamiento genético que reflejan la historia compleja de los movimientos e interacciones humanas en la región. Los patrones observados a lo largo de 2.900 años, desde los datos genéticos hasta los morfológicos, constituyen una evidencia de las profundas consecuencias que los desplazamientos humanos antiguos han producido en la configuración biológica y ecológica de Oceanía, según los datos reunidos y publicados por Science.
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