La fuerza antiterrorista de las juntas militares del Sahel comienza su despliegue con una ceremonia en Malí

El inicio formal de la FU-CEE marca la creación de una estructura militar orientada a recuperar zonas bajo control armado y reducir la influencia extranjera, priorizando la cooperación regional y la gestión autónoma de emergencias, seguridad y servicios básicos

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Durante la ceremonia realizada en Bamako, las banderas y emblemas entregados a la Fuerza Unificada de la Alianza de Estados del Sahel (FU-CEE) marcaron una transición significativa en la manera de abordar la seguridad en esta región. Según informó el medio encargado de la cobertura, este acto simbolizó la consolidación y el inicio formal de la estructura militar regional impulsada por los gobiernos militares de Malí, Burkina Faso y Níger, cuyo principal objetivo radica en recuperar territorios controlados actualmente por grupos armados y reducir la injerencia de actores extranjeros en el manejo de emergencias, servicios y seguridad.

De acuerdo con lo publicado, la creación de la FU-CEE responde a una serie de crisis agravadas en los últimos años, donde la violencia y el desplazamiento interno crecieron junto a un deterioro marcado de las instituciones estatales de los tres países. El medio que cubrió el evento detalló que los gobiernos liderados por Assimi Goita en Malí, Ibrahim Traoré en Burkina Faso y Abdourahamane Tchiani en Níger coincidieron en que los enfoques internacionales previos no lograron controlar la expansión de la violencia ni proteger adecuadamente a la población, lo cual motivó la necesidad de asumir el control directo sobre estrategias defensivas y humanitarias.

En los discursos pronunciados durante el acto, los tres líderes enfatizaron que la dependencia de actores externos había dificultado no solo la restauración de la cohesión social y estatal, sino también la capacidad de reacción ante brotes de inseguridad. Según reportó la fuente, la estructura operativa de la nueva fuerza incluye un sistema conjunto de mando, así como protocolos de comunicación e inteligencia para coordinar despliegues en tiempo real. Estos mecanismos están diseñados para ofrecer una respuesta más rápida y eficiente ante amenazas emergentes, sobre todo en zonas donde las intervenciones internacionales han mostrado límites o insuficiencia frente al avance de grupos armados irregulares y yihadistas.

Las operaciones iniciales de la FU-CEE tienen como prioridades la recuperación de territorios ocupados y la restauración del acceso a servicios estatales básicos, principalmente destinados a quienes se han visto desplazados por los conflictos, consignó el medio. La restauración de la administración pública en áreas afectadas por la ausencia de gobierno y la violencia figura entre las metas explícitas, junto al fortalecimiento de los marcos estatales debilitados.

El alejamiento progresivo de Mali, Burkina Faso y Níger de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) se inserta en el contexto de transformación institucional impulsada por las juntas militares, precisó el medio. Si bien los gobiernos mostraron una preferencia por la autosuficiencia y el control soberano de la seguridad, han dejado abierta la posibilidad de futuras alianzas, pero solo bajo el principio del respeto absoluto a la soberanía y manteniendo el control total sobre las dimensiones político-militares internas. Esto podría incluir colaboraciones con países como Rusia, siempre que no implique cesión de competencias clave.

Tal como destacó la cobertura, la FU-CEE se presenta como una alternativa a anteriores marcos de cooperación internacional, que, según la percepción local, resultaron insuficientes para frenar el avance de los conflictos armados. El énfasis de la nueva fuerza recae en la coordinación autónoma de inteligencia, un manejo propio de los recursos logísticos y la capacidad de diseñar operativos flexibles y adaptables según la evolución de los focos de violencia regionales.

En el ámbito humanitario, los gobiernos han subrayado la urgencia de restituir el acceso a protección y servicios esenciales, sobre todo para los sectores más vulnerables afectados por la violencia y el desplazamiento. Según detalló la fuente, la FU-CEE extiende su mandato a la reconstrucción social y atención directa a la población desplazada, promoviendo la presencia estatal a nivel local y la adaptación de las respuestas a las particularidades de cada territorio y comunidad.

Durante el evento de lanzamiento, las autoridades insistieron en la necesidad de mantener la autonomía en el diseño y ejecución de políticas de seguridad, argumentando que ceder competencias a actores foráneos limita la capacidad de reacción ante nuevas amenazas y debilita los marcos estatales. Voceros de la FU-CEE, citados por el medio, indicaron que la organización prevé ajustar constantemente sus tácticas y estrategias, adaptándose a la naturaleza dinámica del conflicto, y ofreciendo una estructura capaz de responder a los retos contemporáneos de la región del Sahel.

Este nuevo modelo de cooperación surge como reacción directa a la crisis de seguridad, con la meta de consolidar la gestión soberana de los recursos disponibles. El medio informó que la aspiración central es evitar la delegación de competencias principales a organismos internacionales, buscando que la FU-CEE se transforme en referencia para futuras colaboraciones que prioricen la autodeterminación y la estabilidad interna de los Estados miembros.

Las imágenes y testimonios recogidos por el medio durante la ceremonia en Bamako subrayan el momento como un hito en la evolución de la gobernanza subregional. Las autoridades anticipan que este nuevo esquema militar facilitará la formación de alianzas políticas orientadas a fortalecer la presencia estatal en zonas donde la autoridad se ha visto erosionada por el control de actores no estatales.

El medio remarcó que la creación de la FU-CEE representa tanto una respuesta a los límites evidenciados por la cooperación internacional en años recientes como una forma de priorizar la seguridad, la protección y la recuperación de los derechos fundamentales de las comunidades. El modelo plantea el mejoramiento de la capacidad militar y de intervención, junto con la restauración del acceso a servicios básicos e institucionales, en un contexto caracterizado por prolongadas crisis de legitimidad y autoridad estatal.

Por último, la cobertura periodística resaltó la postura de los Estados promotores respecto a la colaboración internacional: aunque permanecen abiertos a acuerdos futuros, cualquier intervención externa estará condicionada al respeto de la autonomía estratégica y el rechazo a la cesión de competencias esenciales. Este planteamiento refuerza un modelo que prioriza tanto la defensa nacional como el control político y la determinación soberana en la gestión de los recursos y operaciones de seguridad en el Sahel.