
El primer ministro británico, Keir Starmer, ha lanzado este lunes una nueva estrategia política para intentar lograr una "significativa" reducción de las cifras de inmigración, dentro de una estrategia con la que el Gobierno busca que Reino Unido tenga "más control" de unos flujos que ya había prometido contener la anterior administración, controlada por los conservadores.
El Ejecutivo habla abiertamente del "fin del fallido experimento británico de fronteras abiertas", con vistas a contener una inmigración que consideran "descontrolada". Entre las nuevas medidas se incluye el aumento de cinco a diez años del tiempo mínimo de residencia legal que requiere un extranjero para solicitar la nacionalidad británica y el endurecimiento en los requisitos de conocimientos de inglés.
Starmer ha recriminado a los 'tories' que durante su etapa en el poder el dato de migración neta se cuadruplicase al tiempo que prometían contención. "No es control, es caos", ha sentenciado el actual inquilino de Downing Street, que considera "justa" la nueva estrategia y apela a la necesidad de normas claras y firmes: "Sin ellas, corremos el riesgo de convertirnos en una isla de extranjeros, no una nación que avanza junta".
Así, aunque el dirigente laborista ha señalado que "la migración forma parte de la historia nacional británica", también ha sugerido que quienes lleguen deben cumplir ciertos requisitos de integración y favorecer "el interés nacional", ya que por ejemplo ha reconocido la necesidad de reclutar a personas cualificadas que puedan sumar en el mercado laboral.
El Gobierno, que resume esta nueva estrategia en el Libro Blanco sobre Inmigración, ha destacado también que "más de 24.000 personas sin derecho a estar aquí han sido devueltas desde las elecciones --la tasa más alta en ocho años--, incluyendo un aumento del 16 por ciento en las expulsiones de delincuentes extranjeros".
La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, se ha preguntado en redes sociales si alguien puede "creer" ahora a Starmer, quien "una vez dijo que todas las leyes migratorias son racistas". "Cuando propuse terminar con la vía automática para obtener la ciudadanía británica y aplicar un cupo legalmente vinculante, el Gobierno se rio", ha señalado en redes sociales.
Ahora, y después de "votar contra cualquier intento serio" de contener la inmigración, Starmer "quiere que pienses que le importa" el tema, según Badenoch. En su opinión, "el laborismo no cree en las fronteras seguras" y "no se puede confiar en ellos" para "proteger" las de Reino Unido.
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